domingo 23.02.2020

Por un puñado de votos

Que Iglesias asegurase a su electorado, previamente dividido entre dos opciones, que una de ellas se daba por segura y resuelta para favorecer la otra de pronóstico inviable, conlleva provocar desmovilización adicional y una grave irresponsabilidad por su implicación directa en la derrota

Como era de prever desembarca ahora el batallón de analistas zapadores además de los cronistas espontáneos de la Villa y Corte que, parafraseando a Don Manuel Azaña, crecen como las acacias especialmente tras los resultados electorales. También surgen como los hongos en este particular ecosistema de predicciones del pasado auténticas figuras del rejoneo político especializadas en el acoso y derribo de la res contraria y también de la propia. Cuando de enfermedades dolorosas se trata siempre nos acompañan para confortarnos los que padecen otras. Y nos las cuentan. Tremendo.

De manera que destripando el voto alcanzan a explicarnos quien o quienes son los responsables de que hayamos votado en forma inadecuada, conforme a su particular criterio. Ahora, por ejemplo, cunde en ciertos medios la idea de que la ciudadanía madrileña es políticamente de derechas y por ello son baldíos y condenados al fracaso los intentos de la izquierda de exorcizarla de ese pecado original. Concluyendo, que por un quita o súmame dos concejales, podemos perfectamente ser una cosa o la contraria conforme a la verdad publicada se le antoje que sea nuestra realidad.

Pero la realidad puede ser otra. La derecha, especializada como está en convertir mediáticamente derrotas aplastantes en victorias gloriosas, da por vencedores a los tres partidos que la conforman siendo perdedores cada uno de ellos por razones y circunstancias diversas. Les unifica por supuesto la ambición de poder, a corto plazo solo eso, pero su propio ejercicio, y las contradicciones que genera, abren un camino de perdición para al menos dos formaciones del tripartito derechista que se anuncia. Y no es cosa de esperar cuatro años.

Una coalición de esas características no permite ser demasiado optimistas con la “refundación” del centro derecha que Pablo Casado apunta como si fuese un fácil proceso de fusión por absorción. Será más bien al contrario y será a corto. La cortina de humo que ha empezado ya a tejerse sobre los acuerdos con VOX, para presentarlos como un apoyo periférico o residual, y las pretensiones de dos de los contendientes de la posible coalición para obtener la alcaldía y el reparto de responsabilidades, no han hecho más que iniciar ese camino hacia la autodestrucción hostil de algunas de las formaciones que configuren las alianzas de las tres derechas.

Por otra parte, la izquierda madrileña, vencedora real y de forma muy significativa de estos comicios, sumida está sin embargo en la depresión frustrante de haber perdido un poder y no haber alcanzado el otro previsible. Pero esa es también una realidad falsificada por la pérdida de ese puñado de votos, que como la última canasta favorable o negativa lo cambia todo.

Para empezar, si los encuestadores demoscópicos son capaces de desentrañar nuestras intenciones de voto, bueno será conocer porqué ciertos sectores del electorado vinculados territorialmente a esas influencias no acuden a las urnas un mes después de haber concurrido a ellas. Cuántos, además de los 43.000 votos activos perdidos, han podido incidir en la pasividad de otros miles y en qué medida nos darían el alcance real de la desafección y el fracaso en la obtención de una mayoría de poder.

Porque es fácil referenciar esos votos arrojados del pie al subsuelo de la inoperancia política absoluta, como causa inmediata y contable de la pérdida de un concejal favorable para la causa de la izquierda municipal. Pero no es suficiente. Lo complejo sería el conocer cuántos de ellos han desactivado otros miles, provocando un incremento de la abstención de gentes de izquierda que abominan de los debates cainitas y se autoexcluyen por ello del ejercicio del voto. La sociedad política funciona así.

Otro factor que convendría conocer es la auténtica naturaleza e intenciones de las declaraciones de Pablo Iglesias previas al día de reflexión. Afirmó rotundamente que el voto a Manuela Carmena estaba garantizado, cuando los tracking de que disponían todos los partidos, sin excepción, daban resultados probables ajustadísimos. Asegurar a su electorado, previamente dividido por el mismo entre dos opciones, que una de ellas se daba por segura y resuelta (siendo esto manifiestamente falso) para favorecer la otra de pronóstico inviable, conlleva provocar desmovilización adicional y una grave irresponsabilidad por su implicación directa en la derrota.

Esos factores, de por si sólidos, están sustanciados en procesos más profundos y antiguos de las crisis de PODEMOS y Ahora Madrid. No puede ser casualidad que la desafección al voto se haya producido, precisamente, donde más relación orgánica existe entre representación institucional, militancias y electorados territoriales de esas organizaciones. Ese proceso ha durado meses y años, destilando una lluvia fina de críticas no veladas a la desatención de la alcaldesa Carmena a determinados barrios y su entrega espúrea a intereses económicos e inmobiliarios. Todo ello con el epílogo, final, acusando de alta traición por la formación de un nuevo partido con Íñigo Errejón. Y todo eso se ha canalizado en redes sociales, plataformas digitales, medios de comunicación propios y ajenos de forma constante y reiterada. ¿Alguien puede sorprenderse de la abstención conseguida? Que se descubra ahora que la división de la izquierda no suma es poco menos que tratarnos de imbéciles.

En otras fronteras del espacio de la izquierda, se llego a especular sobre la incidencia negativa de haber retrasado la suspensión de los diputados independentistas en el electorado más moderado de la izquierda. Todo es posible, pero entonces son difíciles de comprender las mayorías absolutas o los excelentes resultados del PSOE en territorios muy sensibles a esas preocupaciones como Castilla La Mancha, Castilla León, La Rioja, Extremadura y otras. Ergo, no parece que por ahí resople. El otro elemento que se debe analizar inexcusablemente es el gripaje del electorado socialista en el municipio de Madrid. Ello exige otra tribuna y la habrá.

De manera que soy de los que piensan que esos miles de votos y su influencia colateral desactivadora sí ha sido decisivo para no conseguir los resultados esperados que siempre se preveían ajustadísimos. Se ha jugado irresponsablemente con las cosas de comer y lo lamentable es que, lejos de practicar la tan exigida autocrítica a terceros y su consecuencias coherentes, (por muchísimo menos trascendentes que los desastrosos resultados cosechados por Pablo Iglesias dimitieron dos Secretarios Generales del PSOE como Joaquín Almunia y Alfredo Pérez Rubalcaba) lo que se manifiestan son lamentos impostados, soberbias contenidas, lágrimas de cocodrilo y soluciones administrativas. Todo por un puñado de votos. Cada vez más exiguo, en cada ocasión más inútil.

Por un puñado de votos