sábado 25/9/21

Plan de Reconversión frente a los palos de ciego de la desescalada hostelera

Se incrementan en estos días todo tipo de sugerencias, ocurrencias y planes sectoriales de “desescalada” hostelera o de consumo colectivo, elaborados probablemente con toda la buena voluntad el mundo, en su inmensa mayoría, además de algunas ofertas empresariales más interesadas en salvar su cuenta de resultados que nuestras vidas a través del metacrilato o en “donar” cerveza que almacenada 3 o 6 meses en sus barriles simplemente hay que tirarla. Vamos a ser serios con un tema tan grave.

Pero lo más sorprendente es el cúmulo de ellos que están proliferando por comunidades autónomas, condados y villas de los  reinos de taifas tan apegados a nuestra tradición de desorden institucional. Como si el abrir determinados locales fuese de una prioridad mayor que la salud pública de los ciudadanos. Como si su mera apertura significase la activación de un sector de consumo y no precisamente, como un boomerang, se pudiese originar un perjuicio mayor. Apresurarse en activar negocios no adaptados a las nuevas circunstancias de la demanda (la inmensa mayoría) significa, entre otras cosas, asumir costes de explotación sin el menor estudio previo de lo que es posible asimilar y sin planes de negocio creíbles.

Son previsibles el cierre de  miles de establecimientos en la Comunidad de Madrid y otras grandes concentraciones urbanas a corto/medio plazo

Es posible que algunas mentes privilegiadas, otrora tan liberales, estén pensando que estos periodos de latencia van a ser subvencionados si o si por los presupuestos públicos en base a su antigua importancia en el PIB.

Con unas previsiónes del FMI, Banco Mundial y UE de una pérdida del PIB entre el 10 al 14 %, el antiguo porcentaje de la hostelería alrededor del 6,2% en nuestro país, en un sector tan debilitado por esta pandemia es simplemente una quimera. Y en una crisis humanitaria y económica como esta, habrá prioridades presupuestarias a las de mantener locales subvencionados abiertos a la espera de clientes que se sienten a comer con o sin mamparas. Sí, es la economía, por favor. Y no se trata de llamar estúpido a nadie… pero cuesta.

Insistir en los que nos están diciendo, día sí y día no, los científicos y los responsables de la salud pública parece caer en saco roto de algunos interlocutores que, sorprendentemente, deben de calentarse en exceso en reuniones telemáticas tan plasmáticamente frías. Los minutos de gloria de los representantes sectoriales ante políticos responsables de la cosa común debe de emplearse con más rigor, y ellos no deben caer en su tradicional complacencia de prometer lo imposible. No está la cosa para esos juegos de pelota. No se sabe exactamente aún la evolución de la pandemia, ni sus tratamientos aplicables con garantías de eficacia generalizada, ni sus posibles regresiones.

Como no es previsible a corto plazo una vacunación de la población que garantice  su minoración y menos su erradicación. Lo único seguro hasta la fechas son los confinamientos que controlan su expansión exponencial y dan tiempo a la ciencia para obtener esos recursos. Nos lo han dicho de todas las maneras. Y será los responsables de la salud quienes marquen los ritmos de las aperturas y cierres de las actividades. Pero será aún más importante la desactivación progresiva del miedo en una población aterrorizada psicológicamente por el riesgo que los espacios públicos entrañan para su vida. Y eso no se consigue por la apertura de una puerta sino por la confianza social de que puede traspasarla sin riesgo de ningún tipo.

Son previsibles el cierre de  miles de establecimientos en la Comunidad de Madrid y otras grandes concentraciones urbanas a corto/medio plazo. En consecuencia, un porcentaje muy alto de la actual oferta desaparecerá. El Secretario General de Hostelería de la patronal calcula a capón un 15% del total nacional (sin saber, como todos, en que estudios se basa) El proceso de recuperación será muy lento y solo el establecimiento que sepa adaptar y renovar su oferta ajustándola a las nuevas formas de consumo de la demanda tendrá alguna posibilidad de subsistir. El modelo convencional tal y como lo hemos conocido está quebrado.

El 85% de la oferta hostelera tiene un empleo inferior a 5 empleados. Son, por tanto, pymes y autónomos en su inmensa mayoría. Sus recursos propios, patrimonio y capitalización son los más bajos de nuestra economía conforme a la Central de Balances del Banco de España. Sus posibilidades de provisionamiento de pérdidas en sus balances son, por tanto, pura entelequia contable.

Un sector tan dinámico con el 6,2 % de nuestro PIB y presumiendo durante años el ser uno de los grandes motores de nuestra competitividad muestra una cara B de la mas extraordinaria fragilidad estructural. Los 85.millones de turistas con los que contaba se pueden dar por desaparecidos en un periodo bianual como poco. Nuestra oferta de Sol, Playas y Rock and Roll social hay que darla por aparcada. Con este panorama solo podrá sobrevivir quien se reinvente con una estrategia realista y adaptada al único mercado posible: El local, como único previsible a corto y medio plazo

Pero también el mercado de consumo local va a sufrir al menos durante dos años. La pandemia nos sitúa en escenarios de posguerra (Léase economía de guerra versus posguerra). Pretender que la “alegría social innata” a los españoles y sus tendencias callejeras ofrecerán un entusiasmo de recuperación del consumo de ocio a corto plazo sería, sencillamente, una quimera. Las familias (sea cual sea sus rentas disponibles) ahorrarán y limitarán enormemente sus gastos de consumo suntuario. Eso los que puedan. También protegerán, insisto, prioritariamente su salud y la vida de los suyos, lo que implica minimizar riesgos en contactos innecesarios. Se relacionarán en consecuencia con las mayores garantías posibles y el menor coste. El instinto gregario de los seres humanos no desaparecerá, pero cambiará y se transformará con seguridad absoluta. En términos objetivos eso supone varias cosas

1.-Reducción de la cuentas de ingresos previsibles en un 70/80 % durante 2020 y un mínimo del 40% durante 2021.

2.-Recomposición de toda la oferta a mercado local o de proximidad. Ajustar costes y precios a la realidad de esa demanda potencial. La estructura de costes de proveedores está tan afectada como la distribución y los planes de ajuste les corresponden en igual manera. Tendrán que producir, vender y distribuir más barato. Como todos.

3.-Modificación del modelo de servicio evitando inversiones extemporáneas  en las ocurrencias de emergencia que proliferan en estos momentos (que no tienen el menor criterio sanitario solvente ni es previsible que sean operativos).

4.-Negociación prioritaria con las administraciones públicas de un periodo de latencia prolongado para garantizar el máximo de empleo posible y la capacidad productiva de un sector sujeto a reconversión.

Al igual que se hizo en los años 80/90 del siglo pasado en las reconversiones industriales de la siderurgia, serán necesarias las inversiones en financiamiento de nuevos sistemas productivos, serán imprescindibles subvenciones al mantenimiento del empleo viable, la necesaria prolongación de los ERTE y la aplicación de la renta mínima también en sectores de actividad de mucho empleo excedentario por esta pandemia como el hostelero. Se necesita pues un Plan de Reconversión del sector, no de desescalamiento sectorial, sin un solo estudio previo que garantice datos fiables y solvencia. Hay que dejar de hablar tanto en plasmas y analizar más. Es otro tipo de trabajo mucho más imprescindible y urgente.

De manera que no se trata de abrir negocios para dar una apariencia de una normalidad ficticia e innormalizable. Antes de abrir un negocio hay que echar cuentas (cosa a veces poco frecuente en la hostelería). Porque nada más deprimente y desincentivador que un local de consumo vacío. Nada más insoportable que los costes de un mantenimiento artificial sin ingresos por ventas. Pan para hoy y hambre para mañana,  que en las cosas del comer son más de aplicación. Habrá que  ir despacito y con seguridad extrema como los buenos alpinistas. Porque las desescaladas con palos de ciego nos puede despeñar. Y eso no es ningún plan.

Plan de Reconversión frente a los palos de ciego de la desescalada hostelera