domingo 26/9/21

Y Pablo cogió su fusil

grito

En el año 1971 el guionista director y escritor Dalton Trumbo llevó a las pantallas una de los mejores films dramáticos de todos los tiempos. Se titulaba Johnny cogió su fusil y es unos de los alegatos más profundos e impactantes contra la guerra. Aplicable como metáfora a cualquier tipo de conflicto. En el drama filmado Joe, un joven combatiente de la Primera Guerra Mundial, queda terriblemente mutilado, pierde todas sus extremidades y sentidos despertándose, totalmente confuso, en un hospital. Al principio no es consciente de lo que le ha sucedido y en qué condiciones está, pero poco a poco comienza a darse cuenta. Reducido a un torso viviente, y aislado casi completamente de la realidad se ve incapaz de distinguirla de la fantasía. Dalton Trumbo, uno de los mejores guionistas de la historia del cine, fue víctima del Comité de Actividades Anti norteamericanas, sufrió presidio durante once meses y mucho tiempo más de exilio interior, hurtándole incluso dos Oscar que solo años más tarde le fueron reconocidos, uno de ellos ya fallecido. Fue la consecuencia de uno de los periodos de polarización extrema en USA cuya víctima fue él particularmente y también la democracia y las libertades americanas en general.

La polarización extrema de la vida política española tiene episodios recientes mucho más decisivos que el envío anónimo de unas balas de fusil de asalto. Los proyectiles, en forma de palabras agresivas, que se han venido vertiendo desde hace casi dos años en las sedes de las instituciones democráticas, en los ¿debates? de los medios audiovisuales convencionales y en las ponzoñas en que se han convertido las redes sociales son, en mi opinión, mucho más graves y trascendentes que este último episodio tan magnificado en los medios. No minimizo en absoluto la importancia de estas amenazas, que solo tienen el camino de la investigación criminal y la justicia penal, ¿pero qué se puede esperar si en un parlamento se le nomina como traidor a la patria y responsable de la muerte de miles de ciudadanos a un presidente del gobierno? Y esto no se hace anónimamente sino directa y públicamente por el líder de la oposición. Lo siento, pero pienso que eso es muchísimo más grave y trascendente que los anónimos balísticos que tanto escandalizan hoy. Esas sí que son líneas rojas inaceptables. Y pasaron, como si nada pasase.

A ningún analista, político profesional o simple ciudadano interesado en la política con algo de experiencia acumulada, se le puede escapar la intencionalidad de esos envíos amenazantes. Ante una situación de virtual empate entre los dos bloques que compiten aparentemente por el gobierno de la comunidad autónoma, pero con gran trascendencia política nacional, ¿a quién interesa la acción perturbadora de la normalidad democrática? En otros momentos de la vida madrileña, en circunstancias similares y con una victoria del bloque de izquierda en el bolsillo, bastó con una amenaza menos sangrienta comprando a unos diputados electos del mismo. La repetición electoral subyacente dio el resultado conocido y una líder populista de derechas dominó la escena política madrileña y nacional durante décadas, con gran sufrimiento por cierto para el líder del PP Don Mariano Rajoy. Aquella acción provocadora dio sus resultados cuyos evocos llegan hasta nuestros días.

Pero en estos momentos una acción tan pueril se ventila en territorios más murcianos. Hacía falta una acción de provocación de más calibre para impedir el posible desempate a valor de la izquierda en sus tres versiones, esta vez no enfrentadas, aunque sí confrontadas en las urnas. El CIS señalaba no hace más de dos semanas incluso la posible victoria de ellas dándole opciones de gobernar y la reacción no se ha hecho esperar. Pretender que los envíos fusileros son un desatino circunstancial obra de esquizofrénicos o meros reductos del fascismo español, es un insulto a la inteligencia. Como lo fue la “explicación” de la autoría nunca investigada ni conocida de la compra corrupta del diputado Tamayo por unos “empresarios” outsiders. Esta vez se ha tirado de otros sobres y otras balas para provocar, parece que también con éxito, una reacción acorde a la importancia del momento.

Nadie duda de que la condena a estas acciones sea imprescindible. Pero se espera de los líderes algo más que eso. No se deben recibir unos cartuchos de bala y como respuesta introducirlos en el cargador del fusil mediático para producir el auto suicidio político. Siento profundamente decir esto, pero recibir amenazas de cualquier calibre va en el sueldo de los líderes demócratas y su exhibición electoral es tan políticamente correcta como errónea su reacción desmedida a ello. Sobre todo, si se priva de elementos básicos para que los electores armen sus conciencias. A los progresistas nos queda la palabra, dejaron dicho los poetas, junto a la definición de que es nuestra autentica arma de futuro. En la palabra y en el conocimiento de ella están las esperanzas de activar nuestros votos democráticos. A la acción violenta no cabe como respuesta depositarla en un fusil que silencia nuestras posibles esperanzas. Siento, como otros muchos, la orfandad de los debates. Y siento que haberlos suspendido es un error que se pude pagar en las urnas. Quiero decirlo ahora. La responsabilidad de la agresión es solo de quien la inicia y ejecuta, pero la responsabilidad de los líderes de la izquierda es no aceptar las líneas rojas de esa provocación, porque el beneficio no es de la extrema derecha sino, como se puede comprobar, de quien se beneficia de ella. Una vez más. Porque no es progresista y menos aún revolucionario quedar “reducido a un torso político viviente, y aislado casi completamente de la realidad que se ve incapaz de distinguirla de la fantasía”. Como el Johnny de Dalton Trumbo.

Y Pablo cogió su fusil