lunes. 04.03.2024

¿Hacia un nuevo bipartidismo?

Todo se concita para que el "viejo" bipartidismo imperfecto, hijo de la crisis económica social y política de los 70, viva un nuevo “remake”...

"Caracteriza a nuestra época la perfección de medios y la confusión de fines"

Albert Einstein,  allá por los años cuarenta del siglo XX

Hace unas semanas Mariano Rajoy se lamentaba en público de los “inexplicables apoyos” de los emergentes partidos en la vida política española. Y lo enfatizó. ¿Se refería en exclusiva al fenómeno PODEMOS? Sí pero no. Porque la queja sonaba más profunda que un recurso dialéctico. Sin duda que muchos justifican el origen exclusivamente mediático de la proyección exitosa de ese partido. Otros esgrimen, no sin razón, que la búsqueda y potenciación de un “enemigo menor” por los estrategas del PP, que debilitasen las opciones del PSOE como alternativa clásica a la gobernabilidad del estado, y que por su radicalidad fuese después electoralmente controlable, ha sido un error enorme de frenada y aceleración. Porque ya se sabe lo que pasa cuando le haces eso a un automóvil…

Sea como sea, estas no pueden ser las únicas explicaciones al desasosiego de un presidente de gobierno que, al margen de la sátira política interesada, idiota no es. Y cuando se queja de los “inexplicables apoyos” no solo puede referirse a la concatenación de errores propios con méritos ajenos y ayuda exterior. Para empezar un presidente de gobierno goza de una enorme maquinaria de información y unos recursos de comunicación con grupos de intereses que les son ajenos a los demás mortales. Una cuestión esencial en política es saber cuándo un actor de ella deja de ser la solución y se convierte en problema. Y viceversa. El dicho Lampedusiano tan manido “que todo cambie para que todo siga igual” es el paradigma de ese tipo de procesos. Es posible que algo de ello esté también en el horizonte de lo "inexplicable" para Rajoy.

Adolfo Suarez, ese santo de la transición ahora canonizado, clamaba en su época: “Hubiese dado todo por 100 días de autentico poder”. Y lo decía ¡un presidente de gobierno! que pilotaba la nave del centro derecha para “mil años” según las previsiones de un congreso Partidario de UCD condenado al fracaso y al olvido. Las lecciones de ese periodo que ahora unos desprecian y otros quieren olvidar ilustran bien el panorama del bipartidismo naciente en los albores de la democracia española. Lo cierto es que a los poderes fácticos no les pareció nada bien ni el personaje ni el modelo de partido para la defensa de sus intereses, y a pesar de que entre 1977 y 1979 ganó dos procesos electorales seguidos al PSOE decidieron defenestrarlo. ¿Por qué? Si se supone que el bipartidismo como alternancia de poder ya existía desde el 78 en función de un acuerdo de élites, aquello también sería bastante “inexplicable” .

Y Lo hicieron en una operación que alcanzó a la propia monarquía y que en su pasada de frenada y aceleraciónón derrapó en el 23F de 1981 con el Presidente Suarez dimitido y la UCD por los suelos. La salida a aquel desastre de conducción fue, contra todo lo previsto y buscado por los estrategas de la derecha, una abrumadora hegemonía socialista que se mantuvo más de un decenio. A partir de ahí todo es historia conocida pero parece que poco escarmentada. Aquel “modelo” de incipiente bipartidismo no fue el objetivo deseado por aquellos poderes, pero sí su consecuencia y, una vez probada la eficacia estabilizadora de la fórmula ha perdurado en el tiempo y con un balance que no vamos a exponer aquí.

¿Y a qué viene todo lo anterior? Primero, para utilizar la historia reciente y no el marketing político como herramienta de interpretación. Segundo, para recordar que en todo ese periodo los diversos poderes fácticos de la derecha española cambiaron a líderes y utilizaron para ello y sin tasa medios de comunicación, periódicos y periodistas a su alcance (que pregunten a un tal Pedro J. Ramírez lo que hizo al respecto desde Diario 16);  también desestabilizaron partidos e instituciones; conspiraron en suma; y algunos de ellos, los más extremos, comprometieron a “su” monarquía en una aventura golpista.  Y, Tercero, porque ese proceso crítico, que les salió fatal, les llevó a aceptar sin desearlo unas nuevas caras, otros partidos y nuevas maneras de asumir la realidad social de España que había cambiado mucho más de lo que esos poderes habían pensado y previsto. Y aquel bipartidismo imperfecto de mayoría absoluta socialista, con una oposición de derecha descuartizada por sus progenitores, fue en gran parte la criatura de sus errores... 

Desde entonces España ha cambiado y mucho. Y también los poderes y grupos de intereses económicos y sociales con ella.  Pero haberlos, haylos… Y ahora ¿Qué piensan? ¿Qué hacen? ¿Qué deciden? ¿Cómo intervienen? Porque algunos de esos nuevos poderes de referencia en la vida española operan activamente, a no ser que algún cándido e inocente ciudadano crea que no existen por obra y gracia de la larga democracia representativa, del 15-M o de las mareas ciudadanas. Entre otras hipótesis sugerentes: ¿Qué ha cambiado en ciertos sectores de influyente poder económico y social para que desde hace dos años cadenas privadas de enorme alcance incorporen a sus formatos informativos a los durante decenios marginados y parias de la tierra con discursos vindicativos del siglo XX como si fuesen de hoy o de mañana? Todo dentro de un brutal ejercicio de "adanismo" como el domingo nos ilustraba en "El País" Don Javier Marías. No sé so eso tiene mucha "explicación" que diría Mariano Rajoy pero yo me barrunto que alguna tiene.

Sea como sea el pasado, es bien interesante que durante decenios ha sido casi unánime el considerar al bipartidismo y a las mayorías absolutas como el principal problema que ha paralizado la maquinaria política y de representación popular, desvinculando las instituciones democráticas del pueblo español con los consiguientes fenómenos de desapego político y de enorme abstención hasta la eclosión del "no nos representan". Se ha llegado a calificar como "anomalía democrática" o democracia "de baja calidad" ese modelo basado en un sistema electoral "ad hoc" para producirlo. 

Aunque es más cierto que la crisis económica es la causa profunda y origen de los actuales problemas españoles, no lo es menos que la crisis de estado que ha generado no se resuelve con un mero mejoramiento económico, ya que se han detonado todo tipo de fenómenos de desagregación social y política de enorme calado (el auge nacionalista entre otros). Ante tantos sufrimientos y conflictos sobrevenidos parecía que una salida más plural y participativa iba a ser el elemento nutriente de una nueva estabilidad democrática con la muerte del lobo feroz bipartidista, causa aparente de todos los males. También el desgaste de gobernabilidad en la alternancia bipartidista parecía aconsejar la necesidad de nuevos contendientes con la novedad y energía renovada necesaria para implantar esas nuevas normas de convivencia democrática. Para que no todo, inexplicablemente, siguiese igual.

Pero resulta que en cosa de pocas semanas, al ritmo vertiginoso que cambia la táctica de los nuevos partidos emergentes, hemos pasado de clamar por las representaciones de la minorías; por los cambios de modelo electoral para acceder al máximo de proporcionalidad; por exigir demandas de nuevas formas de representación política y no sé cuantos etcéteras más, para quedar fascinados por el debate bipolar de acceso al poder del estado . Ese "Ya tan solo luchamos por el poder" que decía en Cien años de soledad el inefable Coronel Aureliano Buendía, con el que nos bendijo Gabriel García Márquez.

En un plis plas ha pasado de golpe a mejor vida, sin explicación suficiente y sin solución de continuidad, la crítica despiadada al monstruo de dos cabezas parido por la Ley Electoral de la denostada transición;  y los auto titulados "nuevos actores políticos" se afanan casi histéricamente en obtener con ese instrumento supuestamente perverso las mayorías absolutas para gobernar “en nombre del pueblo” (como si las anteriores no lo hubiese representado). Y lo hacen reclamando un modelo de debate a dos -nosotros o ellos y viceversa- que consolidaría de nuevo un eterno dilema español que tan malos resultados ha dado en nuestra historia y cuyo orillamiento fue uno de los logros de la transición.

Uno tiene la extraña sensación de que todo se concita para que el "viejo" bipartidismo imperfecto de mayorías absolutas, hijo de la crisis económica social y política de los 70, viva un nuevo “remake”… Y “se transforme… para que nada cambie, para que todo siga igual” como sistema de representación política del "tiempo nuevo" en el que se supone andamos inmersos. No hay novedad. “Hay que ver Anacleto las vueltas que da el Mundo para estarse quieto” dice (tal vez la mayoría no lo sabe) el himno de la Comunidad de Madrid creado por el inefable Agustín García Calvo en un homenaje póstumo a la verdad. Pues si así fuese..., sería de llorar.

¿Hacia un nuevo bipartidismo?