domingo 23.02.2020

Ilustres amortizados del pasado

El rencor de los personajes amortizados es posiblemente uno de los peores filibusterismos políticos conocidos

A diferencia de su más conocida acepción financiera, las amortizaciones en política no de penden solo del tiempo. Hay proyectos amortizados políticamente como quien dice nada más nacer y otros más personales se resisten a las amortizaciones por el paso de los años que da gusto verles. Así que empecemos por las amortizaciones temporales dejando para otra tribuna las más modernas y emergentes contemporáneas que tiene su específico aquel. Un país que jubila a sus dirigentes (no pocas veces de forma abrupta por conflictos partidarios ó en forma de querellas judiciales de propios o extraños), en la edad en que en el resto del  mundo acceden a los principales cargos de poder, produce una avalancha de este tipo de fenómenos. Nadie que considere su defenestración como injusta o indebida se resiste a la tentación de retornar a la arena de las luchas por obtener un cargo institucional, o tornar a otros caladeros que les acojan, o impartir doctrina desde el limbo frustrante en que se encuentra forzosamente exiliado. 

La afortunada metáfora de un ex-presidente del gobierno sobre la colocación de jarrones chinos no parece en su caso serle de aplicación con efectos bastante negativos en parte de su antigua parroquia. Comprobaremos también muy pronto las consecuencias de las incursiones de otro en la derecha española desde su atalaya económica con think tank de secano incluido. Es posible que después del día 28 constituya casi un deporte el identificar quien le ha robado al PP el mes de abril, porque algo tendrán que ver en eso sus ilustres amortizados. Como no poco tuvieron que ver los del PSOE en sus debacles electorales que endosaron groseramente al actual presidente Sánchez.

Todo ese fenómeno de las amortizaciones políticas supuestamente indebidas da un juego enorme a la prensa y a otros cenáculos de los otros poderes políticos, económicos y sociales por el que muchos de estos personajes vagan y divagan para delicia del respetable que aplaude y se regocija de sus despiadadas críticas a las antiguas instituciones que dirigieron o a sus correligionarios. Y esto que relato no es una opinión, como asevera el candidato Casado en otras tribunas. 

Sin duda el rencor de los personajes amortizados es posiblemente uno de los peores filibusterismos políticos conocidos. Una trama abominable e imperfecta con mucho más de seis actores en busca de autor (actor político) que los ampare, por parafrasear, tal vez inadecuadamente, a Pirandello. Antes se les llamaba tránsfugas, ahora el líder del partido naranja en su disparada carrera de fichajes lo califica de incorporar excelencia. Podemos ponerle nombres de actualidad que pululan estos días mendigando u ocupando espacios en listas varias paro sería poco elegante y, más que nada, inútil. Todos (menos tal vez ellos o ellas) lo saben. 

A pocos de los amortizados se les ha ocurrido por ejemplo volcar su enorme experiencia de poder o gestión pública en proyectos para la sociedad a la que algo, sino todo, debían. Imagínense si la enorme cantidad de hombres y mujeres que han sido Concejales, Alcaldes, Diputados, Altos Cargos, Secretarios de Estado, Ministros, Presidentes de Comunidades Autónomas y, porque no, más de un ex-presidente del gobierno, que han parido 40 años de democracia, se hubiesen dedicado después a la excelente tarea de gestionar, dirigir o fomentar proyectos para reconstruir el deteriorado tejido de la sociedad civil española. O que desde su acreditada experiencia colaborasen en regenerar sus propias organizaciones o instituciones volviendo (sería un buen ejemplo ético y pedagógico) a la casilla de salida. No parece que en su inmensa mayoría este haya sido el camino. 

Que no lloren pues y menos todavía se justifiquen de sus insuficientes principios ideológicos o morales a los que tanto acudieron en su día para justificar la idoneidad de sus nombramientos. Que no den más la lata ahora que están en boga unas imperfectas elecciones primarias para que les otorguemos segundas opciones de más de lo mismo. Que no nos aburran con sus defensas de los símbolos y esencias que no contribuyeron demasiado a dignificar cuando les tocaba hacerlo de verdad. Que no pontifiquen sobre la estabilidad del sistema los que en sus días locos de juventud la cuestionaban para acceder al poder. Que sean felices en sus supuestos adorados retiros y como bien dice un antiguo Alcalde de Madrid y dignísimo ejemplo de escaso bien amortizado -Juan Barranco- que, por favor, no molesten. Porque si hacen caso a estas admoniciones tan simples y fáciles de cumplir lo mismo ayudan. Dudo mucho de que se consiga pero reclamarlo no cuesta y lo mismo algunas personas se conmueven. Con uno que retorne a la viña del señor… Ya se sabe. Todo un paraíso.

Ilustres amortizados del pasado