martes 24/11/20

Ciudadano Trump y la escopeta nacional

Hace unos días Marta Alberca del digital El Plural nos recordaba la prodigiosa escena del film de Orson Wells estrenado en 1941 bajo el nombre de “Ciudadano Kane” de extraordinario valor para lo que acontece estos días. El film se basa en la vida real de William Randolph Hearst, magnate empresarial que, deseoso de consagrarse en el campo político, fue miembro de la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, para el periodo 1903-1907, pero que en 1906 fracasó en su aspiración a ser gobernador del Estado de Nueva York.

Es ese el momento en que el film de Wells recoge, cuando el director de un periódico propiedad del magnate tenía preparadas dos portadas conforme al resultado de las elecciones. La primera rezaba en gran tipografía “KANE ELEGIDO” la segunda en el caso de derrota decía “FRAUDE EN LAS URNAS”. Cuando la derrota era ya inevitable publicaron la segunda. ¿Les suena todo esto?

"La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira” nos dejó escrito en 1988 el filósofo Jean-François Revel en su obra El conocimiento inútil. (Frase sorprendentemente glosada por Federico Jiménez Los Santos). Hearst aplicó esta máxima con toda su capacidad e intensidad usando para ello los veintiocho periódicos de circulación nacional que poseía, además de otras empresas editoriales, compañías y emisoras de radio, así como revistas de gran circulación como auténticos instrumentos políticos. ¿Tampoco les suena a nada?

Hearst fue también el más afamado propulsor de la prensa amarilla y se valió de generar escándalos y de la manipulación mediática, para lograr que sus intereses comerciales y políticos se viesen beneficiados. Una de sus máximas más conocidas era «I make news» («Hago noticias»), que compite históricamente con los delirios manipuladores de las cien mentiras para cambiar la realidad que nos legó el dirigente nazi Herman Goebels del que fue contemporáneo. El populismo trumpista universal que padecemos estos días ha tenido sin duda buenos maestros y aplicados alumnos. También en España.

Está pendiente el film sobre el ciudadano Trump (todo llegará), pero lo que es seguro es que su historia no ha terminado en la política estadounidense. Más de setenta millones de votos necesitan reconducirse hacia una oposición firme y destructiva de la previsible política de Biden-Harris. Sorprende por ello que analistas españoles de postín no recojan en sus comentarios las razones profundas de la resistencia de Trump en su inevitable abandono de la Casa Blanca. Una cosa es dejar el gobierno y otra es condicionar como gobierne el ganador de tan reñida y equilibrada disputa. Un país dividido deja poco margen para la ejecución del poder por mucho que habite en Washington o en Madrid, en la Casa Blanca o en la Moncloa. Y los que no entienden porqué el partido republicano sigue la estela de Trump es que no entienden nada ni de la política americana ni la de otros lados del planeta.

Dada la pandemia de desmemoria que parece aquejar hoy a una buena parte de los líderes de la realidad publicada, lo que incluye a algunos editorialistas, dirigentes y ex dirigentes políticos especialmente activos en “moverse en la foto” mediática cuando creen que el gobierno mete la pata. Está en el ADN del populismo de derecha sea en USA, en el Brexit, en la pandemia del COVID 19, en la gestión de gobierno o en la actividad parlamentaria el deslegitimar a sus adversarios desde la raíz. Aquí y en todo el planeta.

Negar la condición de español a los opositores fue carta de naturaleza de la dictadura durante 40 años. Negar la condición de constitucionalistas a los que lucharon por su implantación es el actual empeño de la derecha. Repartir ahora credenciales sobre quién puede participar o no en el juego político parece cosa privativa de unos sumos sacerdotes y no de la representación surgida de las urnas. De ahí a la democracia censitaria hay solo un pequeño paso.

Hay pruebas más que evidentes que desde 1977 se han negociado y pactado por todos los gobiernos españoles con sus opositores, e incluso con enemigos con las pistolas aún humeantes. Se le ha salvado el trasero de la acción de la justicia a "honorables" personajes corruptos por una investidura, un puñado de votos o unos presupuestos generales en base a la razón de estado. Se han fraguado acuerdos en la “intimidad” con resultado de transferir la educación cuya centralidad hoy se reclama o la seguridad pública a una comunidad autónoma, o se ha magnificado la lucha de soberanismo vasco para el mismo fin por los compañeros de partido de Miguel Ángel Blanco. Podrían ponerse infinitos ejemplos pero sería ocioso. Todos los que deberían saberlo lo saben, incluidos los hipócritas que se calzan hoy guantes de seda y blancas túnicas de fariseos profesionales.

Pero sería un error político del gobierno acudir a estos argumentos que nos sitúan en el “tú más” como si de pecados compartidos se tratase. El eje del debate en mi opinión es poner en valor la democracia como representación soberana del pueblo español. Y esa condición la tiene quien está legitimado por su representación en el parlamento español. Los que dejaron las armas del terrorismo y los que las dejaron tras una guerra civil fratricida. Puestos a exigir las peticiones de arrepentimiento y perdón, éste tendría que ser absolutamente transversal por todos los excesos de nuestra historia y no veo a la derecha muy dispuesta a ello cuando, por poner un solo ejemplo, se atreve a destrozar las lápidas de Indalecio Prieto y Largo Caballero. Nuestra escopeta nacional es de las de perdigones a mansalva y si hay que cerrar página hora es de enterrarla. Con sinceridad no partidista. Entre tanto dejemos los vómitos interesados y las manipulaciones partidarias de los profesionales del poder para mejores empeños.

Ciudadano Trump y la escopeta nacional