sábado 22.02.2020

Inés del alma mía

Inés Arrimadas, que previsiblemente liderará Ciudadanos, tiene la misma misión, el mismo reto por delante, que tendría el presidente o CEO de una empresa, cuando ésta cambia la dirección de la misma, por errores, malas decisiones o una gestión ruinosa.

Imagine usted que el presidente del BBVA se va agobiado por haber contratado al Comisario Villarejo (presuntamente) para sus trabajos sucios y por ello dimite y se va a su casa. Llega un nuevo presidente y ¿usted cree que volvería a contratar al mismo Comisario?

Para no caer en malos ejemplos. Imagine usted, en esta ocasión, que las cifras de su empresa -el Banco Popular- no van todo lo bien que usted quisiera y finalmente, en un momento terrible de indecisiones, falta de liquidez y pésima gestión (presuntamente) se vende la entidad a otra para salvar los muebles. Quien adquiere la entidad, coge la que estaba a punto de morir…y -nuevamente le pregunto a usted- ¿continúa con la misma gestión que hasta ahora…o cambia la misma?

En el primer ejemplo, lo que parece que está ocurriendo es que a nadie se le pasa por la cabeza volver a cometer la misma estupidez; y si miramos al segundo ejemplo, parece que la gestión que se ha seguido es no cometer los mismos errores que la vez anterior.

Si Ciudadanos no hace un giro brusco nadie habrá entendido que su anterior director se hubiera ido dado que el resultado, en todo caso, será el mismo

No sé si queda claro; pero por si las moscas. Cuando alguien se ha de hacer cargo de una empresa, que va pasando por malos momentos, lo primero que debe hacer, es generar una estrategia de cambio. El cambio, suele ser lo que le piden los operadores, que ya no confían en la misma dirección. Si la nueva dirección, sigue el mismo camino…simplemente la empresa pierde la confianza y termina en suspensión de pagos.

Por si alguien aún no había notado lo que quiero decir, ahora lo aclaro…efectivamente me dirijo a ti, estimada Inés. Cualquier político o política de este país estaría encantado de tener la oportunidad de cambiar, que ha dejado abierta el anterior director de esa casa (Ciudadanos). Y cualquier analista con dos dedos de frente -imagino que en esa casa habrá unos cuantos- estaría preparando todo el proceso de cambio que has de generar para recuperar la confianza de “tus” operadores.

Si Ciudadanos no gestiona el cambio, si sigue haciendo lo mismo -como parece que seguirá haciendo por lo que dice públicamente- será comprado y/o absorbido por otros (hay algunos anuncios ya en marcha…) o terminará en suspensión de pagos (sin diputados ni representación alguna). En definitiva, si Ciudadanos no hace un giro brusco (sí, brusco) nadie habrá entendido que su anterior director se hubiera ido dado que el resultado, en todo caso, será el mismo.

Desde mi humilde opinión, el cambio brusco de Ciudadanos es volver a ser un partido bisagra (en lo estratégico) y liberal (en lo ideológico). En lo estratégico, supondría que sería llave aquí pero no allí. Eso de ejercer poder sin tenerlo - que se lo pregunten a ERC- es importante.

En lo ideológico, volvería a tener sentido intentar coger un espacio que actualmente está mucho más cercano a mi partido -al PSOE- que a Ciudadanos, que nació como socialdemócrata y está terminando como ultraliberal.

Imaginemos la siguiente ecuación: Inés Arrimadas se hace con el poder y su primera decisión comporta cambiar un gobierno (decide ser bisagra por fin, y ocupar el espacio liberal del centro); en este sentido, apoya a Gabilondo en la Comunidad de Madrid (como todos sabemos, un rojo peligroso y radical); lo que supondría, por lo demás, conforme han indicado públicamente tanto PSOE como Más Madrid, hacer Alcaldesa a Begoña Villacis -primera plaza y espacio de poder de su partido-. La segunda decisión de Arrimadas sería confirmar al PP, como aliado en Andalucía (¿VOX dejaría de apoyar ese gobierno? Y perder el primer espacio de poder de su corta vida política?)

Imaginemos que alguien de Ciudadanos le sopla al oído a Arrimadas que quien está dispuesto a dar este paso es un tal Igea (actualmente vicepresidente de Castilla y León); que producto de este cambio en la dirección del partido -que toma él y con eso se presenta para cambiar las cosas- además,  se hace con la Presidencia de Castilla y León -sería la segunda plaza de poder de Ciudadanos- en un abrir y cerrar de ojos, de ser el partido que pierde todo, a ser el partido que decide con quién y en dónde. De la irrelevancia, de ser la comparsa del PP, a tener camino propio.

Siempre habrá alguien que siga diciendo que la política no tiene nada que ver con las empresas -y es verdad- pero no entender que aquí hablamos de Poder -que eso sí es lo mismo en la política que en las empresas- es no querer entender nada. Tanto en la empresa como en la política, la capacidad del buen gestor es elegir bien a sus colaboradores y no elegir a los que te dicen que todo lo haces bien.

Saque usted, querido lector, sus propias conclusiones.

Inés del alma mía