miércoles 18.09.2019

Efecto sensatez

Boris Johnson se las prometía felices tramando con los anti europeístas de su partido, con los partidos de extrema derecha y con los populistas sacar a Theresa May, sustituirla y –dado que las encuestas le favorecían- buscar una nueva cita electoral en el Reino Unido. Sin embargo, hecha la primera parte y teniendo el viento a favor apareció el “efecto sensatez”, que existe en la ciudadanía, y comenzó a fallar el plan de Johnson; veremos en qué y cómo acaba.

Matteo Salvini, otro gran estratega de la nueva época (fakenews y twitter), buscó su oportunidad en la crisis migratoria que todos los años padece la UE en verano. Apostó por una moción de censura para quitar a Giuseppe Conte como Primer Ministro, cargarse de paso a Luigi Di Maio del movimiento cinco estrellas –su ex socio- y ponerse él como primer ministro o, en su defecto, convocar elecciones ya que las encuestas le favorecían. Inició el proceso y todo se le fue al garete, pues nuevamente surgió el “efecto sensatez”, esta vez en la ciudadanía italiana, y ya tenemos un nuevo gobierno –inimaginable hasta hace un mes- del PD y Cinco Estrellas.

Trabajo es la palabra que se utiliza mal, pues trabajar no es enviar correos o hablar por intermediación de la prensa; es sentarse y currar…hasta que se termine aunque sea por cansancio

En España –a diferencia de Italia y Reino Unido- la izquierda obtuvo un éxito rotundo en las pasadas elecciones de abril. El PSOE ganó las elecciones de forma clara y el mandato de la ciudadanía (que nos votó) era sacar adelante un acuerdo (Con Rivera…no) y que el progresismo se pusiera a trabajar para ordenar y gestionar cuatro años complejos, pero sin más recortes y volviendo a mirar a la ciudadanía y nuestros derechos.

El “efecto sensatez”, en nuestro caso, es intentar llegar a un acuerdo por todos los medios, pues es lo que prácticamente el 90% de las personas con las que me he cruzado este verano me han hecho saber por activa y por pasiva. Pero al margen de lo que mucha gente dice y opina abiertamente, es que después del “con Rivera…no” de la noche electoral, parece ser lo lógico, o si se quiere, lo sensato.

Negociar por sms, e-mail, por intermediación de la prensa o a tan sólo tres días antes de la investidura es un error comparable al del los asesores de Matteo Salvini –que deben estar en busca y captura-. Negociar quiere decir eso, negociar. Hay que sentarse, empezar a las 08:00 de la mañana y no levantarse de esa mesa (con acuerdo o sin él) después de haber buscado todas las formas posibles de solución a lo que la ciudadanía nos mandata.

Desde aquí, quisiera hacer llegar a nuestros equipos negociadores el sentimiento –que es bastante amplio, por no decir mayoritario en el PSOE M- de que ir a otras elecciones es la peor de las salidas posibles

Es evidente que Unidas Podemos está en caída libre y que en Madrid los resultados casi les dejan fuera de la Asamblea.Pero el resultado es el que es y hay que contar con los actores que se tienen para hacer el trabajo.

Trabajo es la palabra que se utiliza mal, pues trabajar no es enviar correos o hablar por intermediación de la prensa; es sentarse y currar…hasta que se termine aunque sea por cansancio.

Con los ejemplos cercanos de Reino Unido e Italia debería ser más que suficiente para repensarnos muy bien la “estrategia”.

Desde aquí, quisiera hacer llegar a nuestros equipos negociadores el sentimiento –que es bastante amplio, por no decir mayoritario en el PSOE M- de que ir a otras elecciones es la peor de las salidas posibles.

Con el Brexit en ciernes, una ralentización de la economía y la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China que tiene una gran repercusión en el comercio internacional –en el que algo tenemos que decir-; con unos presupuestos prorrogados –que son del señor Montoro- y con la extrema derecha por primera vez en las instituciones de España por obra y gracia de Ciudadanos y PP… ¿Me quieren decir que no hay forma de ponerse de acuerdo?.

Carlos Morales Sánchez | Secretario Ejecutivo de Análisis y Prospectiva PSOE-Madrid

Efecto sensatez