jueves 17.10.2019

Sobre la unidad, tan necesaria como difícil

Hay que volver a construir el partido de las clases trabajadoras y populares que aspire al socialismo y al reparto de la riqueza

Nadie va a negar la necesidad de unidad política de las izquierdas. Claro que antes hay que ponerse de acuerdo en qué se considera la izquierda y sus objetivos. En los años treinta del siglo XX, la izquierda eran los laicos y republicanos, era muy amplia. Por eso los partidos obreros, eran eso, pues había una izquierda burguesa y no solo en España. El hacer llamamientos a la unidad la mayor parte de las veces se traduce en llamar a un “prietas las filas” en torno a un partido que se piensa que está mejor posicionado o apoyado por los medios privados, un líder carismático, que se cree más bien valorado, o tal vez una suposición más o menos acertada acerca de las posibilidades de triunfo electoral. Todo ello adobado de cruces de acusaciones entre las diversas familias de izquierdas, todas ellas sistémicas. En cualquier caso, nada puede partir en el vacío sin tratar de alcanzar un programa común. Si bien ahora el debate se reduce a seguir al menos malo, -que piensa ser estupendo- o al que debido a mayores apoyos mediáticos cree tener la razón o simplemente a quienes el sistema decida que son las izquierdas asumibles.

Los y las liberadas y cargos públicos respectivos ya se encargarán de demonizar al que no ose seguir al abanderado. Nada será revisado ni cambiado, a pesar de las ilusiones despertadas y dilapidadas, ni la gran cantidad de decepciones generadas, ni… Nada. Ya se encargarán las y los profesionales de acusarnos de locas o de postureo, en lugar de hacer examen de conciencia política. Mientras tanto, los poderosos se frotan las manos.

Hablemos de historia, hay un ejemplo paradigmático de unidad y es el Frente Popular de 1936 que se utiliza en muchas conversaciones. Muchos ignoran que en el Frente Popular había desde partidos liberales a los socialistas y también el pequeño entonces PCE, por supuesto los nacionalistas de ERC y otros, pero lo que todo el mundo olvida es que teníamos una República. Ya estaba la República y la República era el cemento necesario, la defensa de algo tan grande como la República. Pero, ¿qué cemento tenemos ahora? Lograr el advenimiento de la república y por tanto la democracia, ¿o eso nos separa?, pregunto. La defensa de la Constitución del 78 hoy, ¿une a la izquierda acaso? Una constitución coronada secuestrada por el PP, Cs y VOX así como por una cúpula judicial derechista, que hacen una interpretación de la misma muy estrecha y de paso se la han apropiado, ¿nos puede unir?

Es difícil construir un programa común habiendo nula voluntad en cambiar realmente nada en el Estado.

Es cierto que la lucha contra los recortes sociales, la pobreza y desigualdad nos puede unir, pero, ¿respetando el techo de gasto que impone la UE? ¿Respetando las directivas y reglamentos reaccionarios y neoliberales de la Unión Europea?

Es difícil. Al menos nos une frenar a la derecha extrema, reaccionaria, clerical y chula que nos amenaza, pero eso da para hilar acuerdos de gobierno o de legislatura que impidan el acceso a la presidencia en ayuntamientos, comunidades y el gobierno central de los derechistas, pero no da para un programa común.

Las izquierdas sistémicas no hablan ya de socialismo, no hablan de república. Sin sueños de cambio el socialismo prostituido por toda una plaga de socioliberales o simplemente liberales convirtiéndolo en una mera gestión del capitalismo -tal vez más suave- no provoca ilusión en algo nuevo y claro eso da para lo que da. Y lo siento, pero lo que me importa es la recuperación del socialismo de Pablo Iglesias Posse o caballerista o de Llopis, pues no es la política post-moderna y espectáculo lo que nos hará superar al neoliberalismo… Es terrible escuchar que personas que defienden reglamentos y directivas neoliberales se llamen socialistas. Meros gestores de los intereses de la banca y los grandes negocios hablando como socialistas. Vergüenza. Bien pues ya solo con eso tenemos el conflicto creado.

Hay ya pocos partidos en Europa que se planteen medidas simplemente reformistas. El gran Partido Socialista Francés ha desaparecido traicionado y hundido por tipos como Manuel Valls al que tanto apoyaron desde el grupo PRISA y los socioliberales. Tan solo fracciones de izquierda del socialismo tratan de mantener la llama o el caso paradigmático del Laborismo no solo actual, aunque con Corbyn muchos socialistas hemos vuelto a pensar que algo ha cambiado y puede cambiar.

El asunto es que hay que volver a construir el partido de las clases trabajadoras y populares que aspire al socialismo y al reparto de la riqueza. Que se enfrente a la derecha y el retroceso  y por tanto sea feminista y por la igualdad. Hay que superar la abstención y los cientos de miles de votos de la desilusión, que una vez tras otra se deben conformar con votar a los menos malos. Hay derecho y obligación a construir el partido de la clase trabajadora que ahora en mi opinión no existe, al menos conocido para los medios y el común.

Mientras tanto podemos buscar la unidad tratando de lograr que no haya gobiernos de la extrema derecha, reconociendo el derecho a decidir, también el derecho a decidir monarquía o república. Derogar las reformas laborales, acabar con el precariado. Hacer una verdadera reforma fiscal, defender la banca pública y crearla, acabar con la mafia eléctrica y nacionalizar la producción y distribución. Luchar por la igualdad y acabar con la violencia de género, abolir la prostitución y acabar con la mercantilización del cuerpo de la mujer. Ser un estado laico, defender la soberanía. Defender el planeta y acabar con el cambio climático… Hay cosas en las que ponerse de acuerdo. Pero para mantener lo que ya sufrimos, no es necesario llamar a la unidad. Para sufrir la corona y no acabar de una vez con la corrupción a todos, todos, los niveles, no es necesario ningún acuerdo. Por eso unidad por la democracia y la igualdad sí. Pero eso exige mayores compromisos y realidades de las que percibimos en el horizonte.

Sobre la unidad, tan necesaria como difícil