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viernes. 03.02.2023

Por una salida democrática

Oliver_Cromwell_by_Samuel_Cooperbb
Oliver Cromwell

La mejor forma de condenar el golpe de estado de Julio de 1936 es tener visión de futuro, necesidad de impulsar un cambio democrático, acabar con la corrupción y por tanto finiquitar la “Monarquía del 18 de Julio” que es como la prensa comprada del franquismo denominó al advenimiento de la monarquía de Juan Carlos I; además de trabajar por el fin de impunidad que el régimen vigente impuso. Juan Carlos se le encajó al pueblo español como garante de la sumisión del ejército de Franco a la Constitución en calidad de jefe de los ejércitos heredada del “caudillo” con el título de rey.

Ya desde su origen el régimen del 78 estuvo cargado de obligaciones, amnistías y olvidos a torturadores, jueces, jefes policiales y de la Guardia Civil, pero también a empresarios enriquecidos a la sombra del franquismo, familias con grandes fortunas obtenidas gracias a prebendas y encomiendas del estado, así como altos cuerpos del estado y altos cuerpos funcionariales colaboracionistas. En el franquismo una poderosa tela de araña de corrupción tejida en torno a las élites del régimen a la que se unieron los advenedizos falangistas de la fiscalía de tasas, el servicio nacional del trigo o la obra sindical del hogar…

Si las élites del poder no fueron tocadas, sus usos y costumbres fueron heredadas por sectores del régimen. Un régimen que pagaba malos sueldos a sus servidores pero que les permitía negocios sucios, pluriempleos hoy ilegales o corrupción pura y dura y en ese ambiente se crió el futuro rey de España, criado por servidores del dictador y preceptores de confianza del jefe nacional del Movimiento. Una maraña impune y multitud de personas inviolables que hacían del estado su finca privada.

Cuando Juan Carlos accede a la jefatura del estado la prensa escrita alaba su escasa remuneración y lo barata que le sale la monarquía al pueblo español. Lo que nunca se dice es que el monarca desde sus inicios, está también supuestamente en “otras cosas”. Ya en los inicios de los ochenta del pasado siglo, se habla de operaciones e incluso estallan escándalos en el que se comen los marrones aristócratas de su entorno y/o amigos de juventud. El caso más conocido es el de Prado y Colón de Carvajal que incluso llega a ser juzgado y encarcelado, él. Cuando el caso Prado y Colón de Carvajal numerosas personas y medios bien informados sospechan que detrás está el rey, pero todo el mundo calla, tapa y censura. Sobre la corona y la familia real se teje una autentica censura, la falta de transparencia es total y los cómplices necesariamente han debido estar en todos los gobiernos de la “democracia” pues el jefe del estado, no puede gestionar viajes ni contactos ni entrevistas con otros jefes de estado o de gobierno –y los sátrapas del Golfo o Marruecos, sus amigos, lo son- si el gobierno no lo autoriza o prepara previamente. Ni siquiera los contactos con altos empresarios españoles o extranjeros, pueden ser contactados libremente por el monarca, ni entonces ni ahora. Por tanto las andanzas del emérito además de no ser legítimas, necesariamente debían ser conocidas. En muchos casos de personas, medios y partidos o segmentos de la sociedad civil o periodística se sabía que el rey era un comisionista. En estos últimos años se ha escrito incluso acerca de los negocios de la familia a pesar de la censura. Si una jefatura de estado necesita censura es que no hay democracia y si un jefe de estado es intocable, no hablamos jefes de estado como Chirac, Sarkozy, Trump todos ellos con derrotas judiciales siendo más poderosos u otros, hablamos más de Corea del Norte o similares. Hasta Pinochet acabó en los tribunales.

Cuando hablamos de personas inviolables estamos hablando de la edad media y si se nos dice que los monarcas británicos son inviolables podemos responder que no para todo y exigir la verdad, cuando Carlos II el rey de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, en el siglo XVII, se enfrenta al Parlamento este arma un ejército a las órdenes del diputado Oliver Cromwell, derrota al rey y este es condenado y decapitado. Por tanto si los británicos le cortaron el cuello a un rey, -no solo los franceses- e imponen unas claras reglas de juego de supremacía parlamentaria en el caso de España si el rey no está sometido al parlamento, no hay una real democracia ni soberanía popular consistente.

Por tanto ante una más que evidente crisis de estado, se impone una salida democrática y esta pasa por la soberanía popular, la supremacía de las Cortes y una cámara constituyente con plenos poderes democráticos que enmiende la situación y restituya los derechos ciudadanos y de ciudadanía y nos devuelva la democracia. El gobierno que encabeza Sánchez no puede poner en manos del heredero a todos los efectos de Juan Carlos I la decisión de qué hacer con el emérito, porque es jefe del estado. Es como si los tribunales le dijeran a Jordi Pujol que se auto imponga su condena por corrupción o se declare inocente. Es una brutal humillación contra los pueblos de España.

La cuestión republicana no puede ser ni una reivindicación folclórica, ni mucho menos un objetivo partidista, ni algo que solo atañe a la cúpula del estado y sobre lo que el respetable no tiene nada que opinar. Porque el respetable es en este caso el soberano y eso se ha de notar. Porque la crisis del estado no solo es la evidente crisis de la Corona, sino la mala solución a un problema nacional y de naciones. Además sí que afecta y mucho a los pueblos del reino a nivel social e igualitario. El reino de España es uno de los estados más desiguales y con más pobreza de Europa. Las oligarquías siguen teniendo un gran poder y esto por ejemplo impide acabar con muchas injusticias como la reforma laboral, derogar de una vez la ley mordaza y que los gobiernos cumplan su programa se éste es de progreso y laico y tiene por objeto la redistribución de la riqueza. Las llamadas a la unidad del monarca reinante no lo son al reparto de la riqueza, sino a mantener el status, es decir la injusticia y las desigualdades al objeto de no disgustar a los poderosos, pues esa es la clave de bóveda de su reinado, su férrea alianza con los poderes económicos nacionales o extranjeros.

   

Por una salida democrática