jueves 22/10/20

El confinamiento no es igual para todas las personas y refleja la desigualdad social

El confinamiento también tiene clase. No es lo mismo estar en un chalet con jardín y piscina que en un piso de 50 0 60 metros con dos o tres niños, o 75 metros, interior, con vistas a un deslunado, húmedo y dos niños y una madre anciana.

Tampoco estar en una casa vieja con goteras, personas mayores que no se pueden valer y viven gracias al apoyo de algún vecino o vecina. Tampoco es lo mismo haber huido con total sinvergüencería a un apartamento o adosado de playa con terraza y vistas al mar y de paso extendiendo al virús, que estar en una infravivienda en medio del campo sin agua corriente y sin duchas.

O en un piso con tu torturador criminal vigilándote todo el día y follándote cuando le apetezca a él aunque tú le odias. El confinamiento tiene clases, los perros de los barrios bien o de clase trabajadora con mejor estabilidad laboral, pueden pasear, pero los niños de pisos mínimos y sin condiciones, no. Los niños y niñas de los colegios privados tienen ordenador y televisión en su habitación propia, reciben clases virtuales de sus colegios pijos, pero las niñas y los niños de las clases humildes y trabajadoras más precarias no tienen ordenador en casa y no reciben atención alguna educativa.

Hay quienes llaman a los esclavos de las bicicletas de empresas que no pagan impuestos en España a que les traigan pizzas, cervezas, gambas y muslitos de pollo frito a sus casas y otras personas se ven obligadas a racionar, comer pasta sin aliñar o refritos y no pueden llamar a nadie. Hay gentes que viven en pisos mínimos, millones, con varios de familia y la tremenda congoja de saber que cuando esto se acabe no tendrán trabajo y no saben que harán.Personas que no saben desenvolverse en un banco para pedir las ayudas del Gobierno y que no tienen quien les apoye o un móvil en condiciones con los que rastrear las páginas web del Gobierno que están permanente colapsadas y necesitan el dinero para comprar un paquete de arroz y un bote de tomate para que sus niños coman una semana.

El confinamiento tiene clases, pero eso pisos pequeños, los pisos de las "casas sindicales" de los años cincuenta o sesenta nunca les sacan en la televisión, malditos sean. Hay mucha injusticia y se está generando mucha rabia en esos "hogares" sin esperanza.

Ya no hay ministros o ministras obreras, ya no hay partidos obreros y se nota. Antes los partidos obreros facilitaban que personas que habían sufrido la explotación llegarán al poder y lo hicieron bien, muy bien, solo hay que ver la historia del movimiento obrero y sus historias personales. Por eso quienes sufrimos nos hemos de organizar y no quedarnos encerrados. Los corruptos que nos roban deben pagar y dejar de llevar una corona. El confinamiento tiene clases, por eso existe la lucha de clases aunque no lo sepamos. Por eso necesitamos lo público y el reparto. Por eso hemos de recuperar el orgullo de clase, la solidaridad de clase, la organización de clase.

Por eso quienes comenzaron a destruir la sanidad pública tienen que pagarlo muy caro. Quienes se creen que todo el mundo puede ir a un banco a gestionar ayudas sin saber, sufriendo además el “chuleo” del banco no viven en este mundo, viven en el de los amos.

Sanidad pública, banca pública, escuela pública de mucha más calidad, vivienda pública… Reparto. Mientras tanto se hace necesario que los que sufren, trabajan con sus manos o su cerebro, no tienen altas oposiciones a altos cuerpos de la administración, o saben lo que es vivir el paro, manden.

El confinamiento no es igual para todas las personas y refleja la desigualdad social