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lunes. 27.06.2022

La (des) Unión Europea

Las elecciones al Parlamento europeo han tenido un denominador común: la elevada abstención. Este es un hecho que debería preocupar...

Las elecciones al Parlamento europeo han tenido un denominador común: la elevada abstención. Este es un hecho que debería preocupar, aunque en términos globales haya aumentado la participación sobre las elecciones anteriores, no obstante, se mantiene por debajo del 50%. A partir de ahí los resultados han sido muy dispares según los países, lo que represente una fractura más de las ya existentes. Los partidos de izquierda han ganado en Rumania, Portugal, Grecia, Eslovaquia y Suecia. Los partidos conservadores son los que más votos han conseguido, pero sin mayoría absoluta. Lo más preocupante es el ascenso de partidos de ultraderecha, racistas y xenófobos. La victoria del Frente Nacional en Francia, uno de los pilares junto con Alemania de la construcción de la integración, ha sido un verdadero latigazo para la democracia, los derechos de ciudadanía, y la Unión Europea (UE). 

El euroescepticismo crece, lo que es un reflejo de la deriva que ha tomado en los últimos tiempos la UE, y lo malo es que este rechazo a la UE y al euro, está siendo capitaneado por los partidos nacionalistas y de extrema derecha, sin que la izquierda sea capaz de ofrecer o de hacer llegar a los ciudadanos un proyecto capaz de neutralizar estas fuerzas. Los partidos ultra mantienen una posición beligerante contra la emigración, lo que resulta enormemente peligroso. Estos fenómenos no hay que minimizarlos y deben ser atajados a tiempo con los instrumentos que la democracia tiene en su mano. De lo contrario son monstruos que crecerán con el paso del tiempo y las lamentaciones llegarán cuando sea ya demasiado tarde. No hay que olvidar a este respecto las enseñanzas que proporciona la obra de Bertolt Brecht La resistible ascensión de Arturo UI.

A propósito de esto no cabe duda que hay que intensificar la pedagogía sobre los peligros del crecimiento de los partidos ultranacionalistas con los mensajes que transmiten a la sociedad, que son claramente totalitarios, y en los se busca un chivo expiatorio, personificado en los emigrantes y refugiados, a los males que se padecen. La pedagogía corresponde a toda la comunidad, familias, escuela, universidad, medios de comunicación, arte e Internet. No hay que olvidar la historia reciente de Europa y las tremendas experiencias sufridas, las cuales no deben caer en saco roto para las nuevas generaciones. En todo este conjunto, la educación desempeña un papel fundamental, aunque no único ni mucho menos.

La importancia de la educación conduce necesariamente a hacer una reflexión en profundidad sobre el sistema de enseñanza: ¿Qué es lo que realmente está pasando para que esto suceda en países desarrollados y con buenos logros en educación? El sistema francés de primaria y bachillerato siempre ha tenido fama, más allá de los resultados del Informe Pisa, de ser excelente en cuanto exigencia, rigor, buena transmisión de conocimientos, y sobre todo una adecuada formación humanista. Esto no se corresponde con el sentido de la votación efectuada, que era en todo caso una crónica anunciada.

Un caso singular es el de Finlandia, país con buenos resultados en el Informe Pisa, en algunos años consigue el primer puesto, y que ha votado con un porcentaje nada desdeñable (13.1%) al partido ultranacionalista. Sin duda recoge el descontento que produce la política de austeridad, a lo que se añade el que se deriva de los rescates financieros de los países en crisis. Algo está fallando en un sistema educativo que es competente en generar conocimientos pero no lo parece tanto en cuánto ser capaz de educar para la ciudadanía. Lo que resulta una paradoja si tenemos en cuenta que según el libro Aprender de Finlandia,cuyos editores son Jakku-Shivonen y Niemi, los profesores, además de competencia profesional, son representantes de una profesión ética y tiene un importante papel en el cumplimento de la promesa de la democracia, justicia social y derechos humanos. Un sistema educativo que actualmente, según el mismo libro, el 73% de las personas entre 25 y 64 años tiene, al menos, una titulación de educación secundaria superior, y el 33%(el mayor porcentaje de la UE) ha conseguido una titulación universitaria o similar.

El declive que vive la UE, que queda reflejado en estas elecciones al parlamento europeo, tiene otras motivaciones que superan al ámbito educativo, como las que aquí se han venido manifestando reiteradamente: las tendencias de la economía mundial, las políticas de austeridad, el papel del Banco Central Europeo, la no existencia de una coordinación en la política económica, y la falta de una verdadera democracia en las instituciones europeas.

Los líderes europeos, a toro pasado, hablan de hacer una reflexión sobre lo sucedido, como si no se hubiera puesto de manifiesto con anterioridad por diferentes analistas. Hollande parece que se cae del guindo cuando manifiesta: “Europa se ha vuelto incomprensible, distante”. ¿Ahora se da cuenta? Los costes de las políticas de austeridad son muy elevados no solamente en términos económicos, sino sociales y políticos. No creo que ante esta evidencia se reaccione como se debe hacer y los tiempos oscuros lo necesitan.

La (des) Unión Europea