#TEMP
domingo. 03.07.2022

La crisis de la socialdemocracia

Los partidos socialistas se han dejado llevar por las ideas económicas dominantes y no han sido capaces...

Los partidos socialistas se han dejado llevar por las ideas económicas dominantes y no han sido capaces de dar respuestas a los desafíos de las sociedades avanzadas

La grave crisis por la que atraviesa el PSOE hay que englobarla en un problema más amplio que afecta a la falta de proyecto de la socialdemocracia europea. No obstante, cada país tiene sus propias particularidades, lo que se concreta en que no en todas partes se ha producido el derrumbe electoral que se está dando en España. Es más, en algunos países, como ha sido el caso de las últimas elecciones europeas, los partidos socialistas han ganado. Se han vivido en las últimas décadas derrumbes electorales, como se ha dado en el partido socialista francés, y cuando muchos analistas extendían el certificado de defunción ha revivido de sus cenizas, llegando a ganar elecciones al parlamento y a la presidencia de la República. 

La socialdemocracia resiste, a pesar de todo, por una serie de circunstancias históricas y por el desengaño que parte del electorado se lleva con la derecha cuando gobierna. Pero esto no debe hacernos olvidar que se atraviesa por una crisis de identidad bastante profunda. Un estudio muy interesante es el que realiza Amit Bhaduri en el artículo “la política económica de la socialdemocracia” recogido en su libro Repensar la economía política (Manantial, Buenos Aires, 2011). No se pretende aquí repetir sus argumentos que son bastante convincentes, y a cuya lectura remito al lector interesado, sino dar mis opiniones al respecto en algunos supuestos coincidentes.

El progreso que se ha producido en los países europeos en términos económicos, políticos y sociales, ha sido posible gracias a la acción de las fuerzas de la izquierda políticas y sindicales, que bien desde el gobierno o desde la oposición y lucha sindical han servido de contrapeso al capital. El avance del Estado del bienestar no se explica sin estas fuerzas motrices. El pensamiento de la socialdemocracia ha evolucionado desde posturas más radicales hasta posiciones más moderadas como consecuencia de la mejora económica de las clases trabajadoras y la práctica eliminación de las privaciones sufridas por los asalariados en el pasado.

Las mejoras económicas y sociales, así como la disminución de la desigualdad en rentas y oportunidades desde los años cuarenta hasta la década de los setenta del pasado siglo, contribuyeron al éxito de las determinadas proposiciones de la izquierda pero a su vez socavaban sus propias bases electorales. Los cambios sufridos por la economía mundial y que afectaron a la de cada país también contribuyó a ello. La tradicional clase obrera industrial, base de la socialdemocracia, tiende a disminuir en términos porcentuales sobre el total de la población activa y crecen los asalariados del sector servicios, que es muy heterogéneo.

La socialdemocracia ha sido capaz de defender un programa reformista que ha resultado atractivo para las clases medias. Pero progresivamente va cediendo parte del programa que constituyen sus señas de identidad. La conversión de bastantes socialdemócratas al fundamentalismo de mercado y a la política económica de estabilidad contribuyó a ello. La ortodoxia en la práctica económica se impone y apenas hay matices entre los programas de los conservadores y los socialistas. Este consenso se observa muy bien en las acciones tomadas en la Unión Europea. Apenas hay diferencias entre unos y otros. Las diferencias se encuentran más en el plano de los derechos civiles, que son muy importantes, que en la política económica que se preconiza.

Los partidos socialistas se han dejado llevar por las ideas económicas dominantes y no han sido capaces de dar respuestas a los desafíos de las sociedades avanzadas. El desarrollo económico, junto con las políticas sociales, ha dejado para la historia muchas privaciones que eran denunciadas por la izquierda y los sindicatos. Pero, si bien resulta evidente que los problemas que se padecen hoy en día no son los que se sufrieron en el pasado y padecen gran parte de los países que no han alcanzado los niveles de desarrollo humano de los más avanzados, esto no quiere decir que no surjan otra serie de problemas. Así, la socialdemocracia ha ido a la zaga de movimientos sociales como los ecologistas, feministas, ATTAC, y Diferentes ONGs. La exclusión social no ha desaparecido de las sociedades desarrolladas, como se ha podido apreciar en los conflictos sociales producidos en París, Londres y Estocolmo y que han sido protagonizados por jóvenes de la periferia y los suburbios.

En España, además de esto, no ha tenido capacidad de reacción ante los desahucios. No se han sabido hacer políticas de integración hacia los emigrantes y refugiados. La desigualdad crece y la pobreza también. Los datos sobre los niños malnutridos son escandalosos en un país que se encuentra entre los ricos en las diferentes clasificaciones internacionales. Hace falta un proyecto político que tenga en cuenta tantas carencias como las que se están dando, al mismo tiempo que hay que avanzar en los derechos de ciudadanía.

Hay análisis y propuestas realizadas por pensadores y economistas que pueden servir para elaborar un proyecto político que ponga coto al capitalismo financiero y a la concentración de riqueza, que está resultando realmente escandalosa. Los aspirantes a regir los destinos del PSOE deben leer más, o por lo menos sus asesores. Es bueno que se encuentren al frente dirigentes capaces de transmitir el programa y ejercer una labor de liderazgo, pero sin ideas no se va muy lejos. 

La crisis de la socialdemocracia