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sábado. 02.07.2022

El conservadurismo de la mayoría de los economistas españoles

No tienen en cuenta la dinámica del sistema, lo que les imposibilita entender los procesos cíclicos de la economía...

No me parece adecuado la batería de ataques que se han efectuado sin razonar y argumentar. Los economistas que están lanzando estas andanadas, en su mayor parte, no han hecho propuestas diferentes a las que se están llevando a cabo para salir de la crisis

Dos antiguos colaboradores de Sistema Digital, Vicenç Navarro y Juan Torres, han sido encargados por Podemos para elaborar unas líneas económicas que sirvan para debatir en la organización el programa económico con el que se presentarán a las elecciones generales el próximo año. Una parte significativa de economistas, que tiene presencia en los medios de comunicación, se han lanzado a criticar este avance de programa, incluso antes de darse a conocer. La mayor parte de las críticas se están realizando con descalificaciones, no solo a las líneas programáticas presentadas sino a las propias personas, y se hacen afirmaciones del tipo que la economía empeorará si se aplican estas medidas propuestas. No se está haciendo una crítica argumentada y desde luego no se está abriendo un debate necesario entre economistas. 

No es mi intención defender este esbozo de programa de Podemos, con el que no solamente discrepo en varios puntos, sino que me parece insuficiente en varias cuestiones. Pero lo que no me parece adecuado es la batería de ataques que se han efectuado sin razonar y argumentar. Los economistas que están lanzando estas andanadas, en su mayor parte, no han hecho propuestas diferentes a las que se están llevando a cabo para salir de la crisis. No hay, por lo general, proposiciones sugerentes y distintas, una vez que se está comprobando el escaso resultado que están dando las recetas puestas en marcha por la troika y la desigualdad que está suponiendo la carga de los costes de una situación económica como la que se está viviendo.

Uno de los hechos más relevantes que se está manifestando en la Gran Recesión que se sufre desde hace varios años es la falta de debate que está habiendo entre los diferentes teóricos de la economía, lo que contrasta con lo que sucedió en la década de los treinta. Sí que hay discrepancias frente a las políticas de austeridad que se están llevando a cabo en la eurozona y de hecho se pueden encontrar bastantes economistas que cuestionan con solvencia científica y académica la política económica realizada, pero, a pesar de esto, lo que está teniendo lugar es  un diálogo de sordos, pues cada uno expone sus criterios y proposiciones, sin que tenga una confrontación, escrita u oral, en los términos en los que se produjo en los años treinta del pasado siglo. 

Lo peor de lo que está sucediendo es que los responsables en la toma de decisiones apoyan las posiciones de los fundamentalistas de mercado que son los que han contribuido a provocar con sus ideas la crisis y ahora son los que pregonan cómo salir de ella, sin que nada cambie. La mayoría de los economistas españoles a los que se les da una cancha importante en los principales medios de comunicación se caracterizan por su conservadurismo, estos es, el rechazo a cualquier propuesta que altere el orden establecido. Algunos de ellos se consideran progresistas y se mueven en la órbita del PSOE y, sin embargo, reaccionan con crudeza ante cualquier cambio por mínimo que sea y que pueda alterar el equilibrio existente. Hay que ver la reacción tan airada que muestran a propuestas como la de crear una banca pública, o la reestructuración de la deuda.

La posibilidad de abordar la cuestión de la deuda lo ven absolutamente inviable y anuncian el apocalipsis, por las maldiciones que mandarán los mercados financieros, si algo así se le ocurre a alguien siquiera el plantearlo. La historia está llena de reestructuraciones de la deuda, no solamente de renegociaciones, sino de quitas de parte de la misma. A veces afirmaciones tan contundentes suponen una ignorancia de la historia e incluso del presente, pues ya se está planteando qué hacer frente a tanto endeudamiento, imposible de pagar, por personas influyentes en los medios financieros y algún que otro medio de comunicación conservador y especializado en economía.

Se utilizan con frecuencia lemas como "nada es gratis" o "esto quien lo paga" para preconizar el inmovilismo. Desde luego que no hay que ser economistas para decir cosas tan obvias, pero a la hora de pagar lo que es un escándalo es la existencia de sistemas fiscales regresivos, y que por si fuera poco el pago de impuestos es evadido por las grandes corporaciones y personas ricas, o que se han enriquecido ilícitamente, debido a la existencia de paraísos fiscales, secreto bancario, opacidad del sistema financiero y falta de transparencia de las grandes empresas multinacionales. Sobre estos hechos los economistas que imparten doctrina sobre lo que está bien o está mal, no dicen nada. No es que no haya dinero y medios para afrontar la financiación de los déficits, sino que se escapa de los flujos reglamentados y se encuentra a buen recaudo.

El conservadurismo de los economistas incapaces de hacer proposiciones sugerentes y novedosas, responde a posiciones políticas, pero también se encuentran atrapados por el análisis económico que utilizan en sus ensayos, estudios, enseñanza e investigaciones. Este análisis se sustenta en modelos de equilibrio y de estática comparativa. No tienen en cuenta la dinámica del sistema, lo que les imposibilita entender los procesos cíclicos de la economía y las causas que generan las fluctuaciones.

Por eso no viene mal recordar al economista polaco Kalecki en su libro Teoría de la dinámica económica, publicado en 1954: "Nuestro análisis demuestra, como hemos indicado antes, que el desarrollo a largo plazo no es inherente a la economía capitalista. Para sostener un movimiento en ascenso a largo plazo se requieren "factores del desarrollo" específicos. Entre éstos hemos señalado que las innovaciones en el sentido más general son el promotor más importante del desarrollo. En cambio, otro de los factores de largo plazo que hemos considerado, el ahorro de los rentistas, resulta ser más bien un obstáculo que un estímulo al desarrollo". Ahora, se vive en una época en la que el ahorro de los rentistas crece, el patrimonio aumenta, y la desigualdad se convierte en un escándalo. Estos son frenos para el desarrollo y si no se combaten estos males, no se saldrá de dónde se está.

El conservadurismo de la mayoría de los economistas españoles