“Somos el cambio, como los republicanos. Somos el espíritu de la II República. Somos el Colegio Madrid de México”

1947. Un grupo de niños del Colegio Madrid en México posa junto a su maestra. (Foto: Colegio Madrid)
1947. Un grupo de niños del Colegio Madrid en México posa junto a su maestra. (Foto: Colegio Madrid)

El proyecto pedagógico del Colegio Madrid se basó en los valores republicanos de justicia, equidad y democracia y tuvo como antecedentes directos las ideas de la Escuela Nueva y la Institución Libre de Enseñanza

Acaba de caer en mis manos el libro de Santos Juliá, titulado Transición. Historia de una política española (1937-2017). Sorprende a primera vista tal periodización. No obstante, en las primeras páginas lo explica. “La Guerra Civil, sin duda alguna, es el acontecimiento histórico más importante de la España contemporánea y quién sabe si el más decisivo de su historia”, escribió Juan Benet al cumplirse los 40 años de su inicio. Es una guerra peculiar, es la auténtica razón de todo un siglo. La Guerra Civil, a diferencia de las del siglo XIX, que a veces acabaron sin un claro vencedor y otras en paces y abrazos, alcanzó de pleno los propósitos de quienes la iniciaron tras un golpe de Estado fallido: un vencedor que exterminó al perdedor, y que no dejó espacio a un tercero, que hubiera negociado una paz o desempeñado el papel de mediador entre las dos partes. La Guerra Civil supuso una quiebra total en la sociedad española, cuya huella sigue vigente. Dice Santos Juliá, que, no obstante, hubo iniciativas y propuestas, de suturar la ruptura postulando un periodo de transición en el que los dos bandos enfrentados pudieran iniciar un camino de reconciliación, que desembocase en paz tras el refrendo de la voluntad de los españoles. Hubo dos proyectos, ya en la misma guerra, cuando los comités por la paz formados en Francia por exiliados españoles comenzaron a hablar de un periodo de transición, y cuando Azaña habló ante el embajador de Francia de la necesidad de un régimen de transición, para construir la paz. El libro, se inicia con esos dos proyectos, los primeros en los que aparece la palabra “transición”  para nombrar el periodo de tránsito de la guerra a la paz. No quiero fijarme en un concepto tan resbaladizo como en el de la Transición, sobre el que los historiadores siguen dando vueltas interminables.

Hoy quiero hablar de una noticia, para mí desconocida, mostrada por Santos Juliá en el capítulo titulado Después de la transición, en el apartado Por una segunda transición, y el subapartado El partido popular no condena el levantamiento militar. Se trata de una visita hecha por diferentes diputados en 1999 a México, donde quedaron extraordinariamente impresionados por las huellas dejadas por el exilio español en aquellas tierras, y los actos organizados allí para conmemorar el final de la Guerra y la llegada de muchos españoles, que fueron extraordinariamente bien acogidos gracias a la iniciativa de su presidente Lázaro Cárdenas. En  su primer desembarco en Veracruz fueron recibidos por una  población volcada en las calles con un júbilo desbordado. Quedan muchos testimonios de este momento, en que los veracruzanos comparten con ellos alegría y esperanza pero también alimentos y techo. Así lo recuerda Juan Rejano en su emotivo libro La esfinge mestiza: Señor, le dijeron en la calle, ¿es usted español?/Sí, le respondo./¿De los que acaban de llegar?/Sí, vuelvo a responder./¿Qué no me haría usted el favor de venir a comer/con nosotros a nuestra casa? Hago un breve inciso. No puedo resistirme a recordar un artículo de 2007 del periodista mejicano Eduardo López Bethencourt, titulado Pobre España, donde nos cuenta profundamente apesadumbrado el mal trato dado por un policía, vestido de paisano, a las afueras de la Maestranza de Sevilla, a una familia mejicana, donde había cuatro niños, ya que les dijo: "lárguense a su país, mugrosos, impresentables, asquerosos".  ¡Qué contraste!           

El impacto de esa visita a México lo refleja Felipe Alcaraz con motivo de la presentación de una Proposición no de Ley  por parte de EAJ-PNV, sobre la condena del alzamiento militar del 18 de julio al Pleno y Diputación Permanente el 13 de febrero de 2001. Ni que decir tiene que fue rechazada por 164 votos, frente a 151 afirmativos. Las palabras de Alcaraz a mí personalmente, como español, me avergonzaron. Ahí van: “Señoras diputadas y señores diputados, de nuevo es menester hablar de 1936 en esta Cámara. Se trata de intentar condenar el golpe fascista de 1936, golpe contra la legalidad republicana, constituida institucionalmente, y que sin duda representaba la voluntad popular. Este debate, señorías, surge, en principio, a raíz de un viaje a México. Distintos representantes de esta Cámara hacemos un viaje a México, un viaje de los corrientes en las relaciones entre grupos de amistad, por lo que tenía un destino fundamentalmente técnico, parlamentario, en todo caso, si se quiere, basado en la llamada diplomacia parlamentaria, pero descubre algo. Recién desembarcados en aquel país, en aquella tierra de histórica acogida, vemos que en 1999, cuando se realiza este viaje, están celebrando, de manera rotunda, directa y con bastantes medios el sesenta aniversario del exilio español en aquellas tierras. Lo descubrimos al llegar allí, en un momento en que habíamos dejado en España la celebración del V centenario del nacimiento de Carlos V y también se había celebrado la conmemoración de Felipe II. No conmemorábamos en España nada del exilio, en absoluto, ni siquiera en razón de agradecer al país de acogida, al pueblo de México, el recibimiento que entonces nos dio”.

Si a los diputados les impactó, y supongo que también les abochornó el homenaje dispensado a los exiliados españoles en México, mientras que en esta España nuestra nos preocupaban otros homenajes; a mí me impactó no menos un hecho, que trato de explicar. La llegada de los españoles a México suponía el tener que abordar diferentes necesidades: manutención, techo, sanidad, educación, etc. Por ello, se crearon determinadas instituciones educativas patrocinadas por diferentes organismos del gobierno de la República en el exilio, entre ellas el Colegio Madrid, el nombre se debe a la resistencia de la capital, en Ciudad de México fundado en 1941, que todavía persiste. Merece la pena entrar en su página web. El proyecto pedagógico del Colegio Madrid se basó en los valores republicanos de justicia, equidad y democracia-que con las consiguientes adaptaciones a los tiempos actuales siguen vigentes- y tuvo como antecedentes directos las ideas de la Escuela Nueva, así como la Institución Libre de Enseñanza y el Instituto Escuela, centros educativos emblemáticos de finales del siglo XIX y principios del XX en España. Estos antecedentes resaltaban la importancia de una educación centrada en el alumno y su formación, de carácter liberal en sus dimensiones política y social, estrictamente laica y hacia una comprensión científica y humanista del mundo. En el apartado del Museo Pedagógico conservan  en su repertorio musical canciones como: Cocherito Leré, Donde están las llaves, Eres alta y delgada, Vamos a contar mentiras, Los cuatro muleros, Ya se van los pastores… En el  apartado Objetos de la Memoria conservan: la bandera republicana de la batalla del Ebro; un busto del general Lázaro Cárdenas, en homenaje por su ayuda a los exiliados españoles; un lugar titulado  Fusión, donde se funden el madroño de Madrid, símbolo de la lucha contra el fascismo, y el caracol de México, que significa la solidaridad, fundidos como muestra de humanismo; un mapa de la Mancha y de las salidas de D. Quijote; un mosaico “En un lugar de La Mancha”, que reproduce azulejos ubicados en la Glorieta de D. Quijote  del Parque de María Luisa en Sevilla; el rincón de Federico García Lorca; y el más espectacular es el mural “Identidad y Futuro” realizado por el pintor canadiense Arnold Belkin, donde de una manera alegórica se representa el drama, la injusticia, la muerte, el exilio, así como el ansia del conocimiento.

Y ya donde la emotividad explota es en todos los actos realizados el 14 de abril de 2016 en el Colegio para conmemorar el 75 aniversario de su inauguración. Me han impresionado las redacciones de los alumnas de Primaria, Lorena Delgado; de Secundaria, María Elisa Ornelas; y de Bachillerato, Daniela Mondragón.  De María Elisa su redacción acaba así: “No, recuerden esto: estamos educados para pensar y si algo no nos parece a pelear por lo que sí nos parece. Algo que viene de lo que celebramos hoy. Algo que nos dieron los republicanos, somos el fruto de la esperanza de los exiliados. La representación y viva imagen de que con un dedo no se puede tapar el sol. Nosotros somos gente que piensa y reflexiona. Que no dejamos pasar todo sin hablar. Somos el cambio, como los republicanos. Somos el espíritu de la Segunda República. Somos el Colegio Madrid. Y en ti y en mi viven los valores republicanos, los que necesitamos y con los que daremos el cambio. Aquí nos han enseñado a pensar, nunca dejes que te quiten tus pensamientos ni que te roben la voz, resiste porque así fue la República. Y así nos enseñaron a ser.”

Y al acto más importante de tal día, insisto, 14 de abril de 2016, fue el homenaje lleno de pompa y boato en el patio con todos los alumnos, profesores y familias, a la bandera republicana y el cántico por el Coro del Colegio del Himno a Riego. Tras oírlo no encontré palabras adecuadas para expresar tales sentimientos.

Ni que decir tiene que este año, 2018, también van a recordar la II República Española, con un acto el día 13 a las 9 horas en la explanada de secundaria, donde se inaugurará el mural “Viva la República” , realizado por el taller de artes, como parte del proyecto “Muros contra el Olvido”.

Quiero terminar con un profundo lamento. Juan Carlos Monedero en La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española señala que entonces la izquierda tuvo que hacer muchas concesiones y asumir que la democracia se inició en España con la Constitución de 1978, y no con  la II República. La izquierda española ha tenido dificultades para respetarse a sí misma y ha carecido de autoestima. La derecha no ha tenido complejo en construir su relato remontándose a tiempos inmemoriales de nuestra historia: Viriato, Pelayo, los Reyes Católicos, Pavía, Lepanto, la Guerra de la Independencia, Cánovas del Castillo, Franco y Juan Carlos I. En cambio, la izquierda miedosa, acomplejada, carente de autoestima, como si fuera desconocedora de nuestra propia historia, no ha sabido o querido construirlo, cuando no escasean sus aportaciones: la revolución de 1808-1814, el Sexenio Democrático (1868-1874) y la II República en 1931, momento en que la izquierda burguesa y los socialistas guiados por los principios de justicia, libertad e igualdad, trataron de solucionar viejos problemas enquistados en España para modernizarla y democratizarla. Entre estos problemas: el agrario, con millones de jornaleros agrícolas sin tierras; el militar, con un ejército golpista; el religioso,  con un asfixiante control de la Iglesia sobre la sociedad; el regional, al negar el legítimo autogobierno a algunos territorios; el social, con millones de españoles en una pobreza absoluta;  el educativo, con un 32% de analfabetos. Problemas que no los trajo la II República, según Azaña en La Velada de Benicarló: “En su corta vida, la República no ha inventado ni suscitado las fuerzas que la destrozan. Durante años, ingentes realidades españolas estaban como sofocadas o retenidas. En todo caso, se aparentaba desconocerlas. La República, al romper una ficción, las ha sacado a la luz...