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“La soledad que uno busca, no se llama soledad; soledad es el vacío, que a uno le hacen los demás"

“La soledad que uno busca / no se llama soledad; / soledad es el vacío / que a uno le hacen los demás». Este es el epitafio que aparece en la tumba del poeta español exiliado a México, Pedro Garfias.


Esta es la sociedad que hemos creado por este modelo capitalista neoliberal, y en la que, de  momento, no se vislumbra cambio alguno. Yo soy yo y mis intereses. La vieja fraternidad fue suprimida por el cálculo

La soledad es hoy una enfermedad masiva, una auténtica pandemia. Tanto los que la buscan, como los que no la desean. De los primeros, cada vez más abundantes, sobre todo en las grandes ciudades, ponen por delante su proyecto personal y descartan vivir en pareja. Es una novedad ya que el vivir y compartir con otros seres humanos es o ha sido algo inherente a la humanidad. Tal hecho nos lo describe la escritora argentina Mori Ponsowi en Los que eligen estar solos. En New York, Buenos Aires y en Tokio para muchos el vivir en pareja ya no es una preocupación preferente. La soltería, antes considerada un fracaso personal, especialmente para las mujeres, es hoy una opción elegida por muchos. Testimonios de Tokio pueden servir de ejemplo. «Enamorarse está muy bien y te da mucha energía», según Nana, una documentalista de veinticinco años. «Pero prefiero estar sin pareja. Eso me tomaría mucho tiempo y de todas maneras después la pasión se pierde. Para mí, el tiempo es algo muy importante». Naoki, un hombre de treinta que trabaja en una compañía exportadora, justificó su decisión de estar solo haciendo énfasis en el aspecto económico: «Si me enamoro no podría gastar en lo que quiero ni ahorrar para mí. Estar en pareja supondría tener que ir a conciertos y comer fuera. Significaría un gasto muy alto». Para Ayumi, una diseñadora de modas de veintisiete años: «Prefiero estar sola porque ya sé lo que pasaría después del casamiento. Ocurre lo mismo en todas las parejas. Me dan lástima. Viven y trabajan para ahorrar dinero, para comprar una casa, para comprar un coche, para mantener un hijo...».

También podemos escuchar tales testimonios en las grandes ciudades españolas. Comodidad, individualismo, falta de compromiso son los valores dominantes. Según un estudio realizado en 2016 en Japón por el Instituto Nacional de Población, el 42% de los varones y el 44,2% de las mujeres entre 18 y 34 años son vírgenes. Más aún: el sexo no les interesa. Lo consideran un asunto engorroso. Las relaciones amorosas son cada vez más efímeras. Quizá se deba a la independencia económica de las mujeres que pueden trabajar y realizarse profesionalmente. Ya no están obligadas a aguantar. Hay también otras razones. Bauman habla del «amor líquido»; otros hablan de un individualismo corrosivo. Lo que se esconde detrás de la fugacidad de las relaciones amorosas –o de su ausencia –es el pensar que no vale la pena esforzarse por sostener una relación a lo largo del tiempo. El costo es mayor que todos los beneficios. Los jóvenes no quieren obligaciones. Ya tienen más que suficiente con el mundo virtual. Mas, las redes nunca sustituirán una auténtica relación humana.

Mas hay otra soledad mucho peor y mucho más dramática. A esta me referiré a continuación. Personas que no tienen a nadie, que en caso de necesidad carecen de alguien a quien pedir ayuda. O con quien conversar. Miles, millones de personas que pasan un año sin hablar con otro ser humano. Por eso se habla de «la enfermedad del silencio». Según la Cruz Roja, más de nueve millones de habitantes del Reino Unido se sienten aislados; cada semana diez mil personas llaman a una línea telefónica especializada en oír. La soledad es una auténtica epidemia. «A mayor soledad, menor integración, menor vinculación emocional y menor interrelación con otras personas así se incrementa el riesgo de sufrir más enfermedades, de padecer trastornos del sueño, alteraciones psíquicas, alimenticias y por supuesto más propenso a morir».

En España, un informe de la Fundación Axa y la Fundación ONCE advirtió de que «Los españoles se sienten solos» en 2015. En La soledad en España se señala «la mitad de la población española admite haber sentido, en algún momento, cierta sensación de soledad en el 2014, que uno de cada 10 españoles –más de cuatro millones de personas– se sentía solo con mucha frecuencia, que en torno a un 20% de españoles vive solo y que, de ese porcentaje, un 41% admite que no lo hace porque quiere sino porque no le queda otro remedio».

Según el Informe del Instituto Aragonés de Estadística sobre «Datos Básicos de Aragón 2017» 83.000 aragoneses mayores de 65 años viven solos. En los últimos diez años ha crecido en un 41% el número de hogares con un solo miembro. El 70% corresponde a mujeres viudas y una buena parte de ellas residen en ciudades. Por ello, las muertes de muchos ancianos pasan desapercibidas para sus vecinos hasta que llega un mal olor en la escalera. El pasado día 14 de agosto en Zaragoza hallaron en un domicilio del barrio de La Romareda el cuerpo sin vida de un hombre de 57 años, que habría muerto solo en su casa "hace, posiblemente, un par de semanas". Con este son ya 8 las personas halladas muertas en lo que llevamos del mes de agosto. La séptima fue la de un exprofesor de filosofía del Instituto Goya de 73 años.  Como ha sucedido en la mayorías de los casos anteriores, fueron una vez más los vecinos quienes dieron la voz de alarma al notar un extraño olor. Era tan fuerte que la comunidad puso carteles en el edificio señalando que no podían sacarse las basuras hasta cierta hora de la tarde. Lo que no imaginaban es que uno de los inquilinos de la octava planta había fallecido días atrás  era el causante de ese mal olor. Lo triste es que estas noticias ya no son noticia. No obstante, conviene mencionar algunas causas de esta situación. Mientras estoy redactando esta noticia, acabo de enterarme de una nueva persona hallada muerta sola en Zaragoza. Es un hombre de 62 años, que vivía solo en el paseo Fernando el Católico.

Para José Manuel Arredondo, forense del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), el aumento de estas muertes en soledad  va íntimamente ligado a cambios sociales como la incorporación de la mujer al trabajo (antes muchas mujeres de mediana edad eran amas de casa y cuidaban a los mayores) o las economías familiares (pisos más pequeños, salarios más ajustados, etc.).  En el caso concreto de Aragón inciden también: el envejecimiento de la población y el clima extremo: pasamos del frío a temperaturas muy elevadas en poco tiempo. Arredondo señala que "las muertes en soledad son solo el punto final a años de abandono, la punta del iceberg" y explica que este desamparo se advierte en la alimentación. "En muchos casos, al acudir a la casa de la persona hallada muerta, te das cuenta de que se ha alimentado mal porque apenas tiene comida en el frigorífico y observas que las ropas y la casa están descuidadas. A veces no tienes claro ni dónde dormía esa persona". En alguna ocasión desde el  IMLA, tras la autopsia, se ha llamado a un familiar de un anciano muerto para que se haga cargo del cuerpo y han encontrado una negativa por respuesta.

Esta realidad dramática, la vienen advirtiendo los sociólogos hace tiempo: una parte de la sociedad se ha olvidado de sus mayores. Carmen Gallego, profesora titular de Antropología Social y Cultural en la Universidad de Zaragoza decía poco ha que los ancianos han quedado desplazados de la unidad familiar y su soledad es mayor en las ciudades, ya que en el mundo rural hay mayor solidaridad entre sus habitantes. Por ello, la antropóloga abogaba por crear proyectos comunitarios en los barrios de las ciudades que funcionen a modo de ‘redes de convivencia’, dinamizadas por los propios vecinos y con recursos de la administración.

En definitiva esta es la sociedad que hemos creado por este modelo capitalista neoliberal, y en la que, de  momento, no se vislumbra cambio alguno. Yo soy yo y mis intereses. La vieja fraternidad fue suprimida por el cálculo. Hoy es el sálvese quien pueda, la ley de la selva que despacha a los débiles. Pero nadie debe mirar hacia otro lado. ¿Quién tiene la seguridad absoluta de no acabar algún día en la soledad, y por ello  ser hallado muerto un día de agosto como los 9 zaragozanos comentados?

Por lo expuesto, la soledad es un asunto político de gran importancia. Lo deberían tener en cuenta nuestros políticos. Parece que lo ha tenido en cuenta la primera ministra del Reino Unido, Theresa May,  al nombrar a una secretaria de Estado y asignar un presupuesto. «Quiero tomar medidas contra la soledad que sufren los ancianos y los que han perdido a seres queridos, los que no tienen a nadie con quien hablar».