viernes 19.07.2019

Segregación escolar: un grave problema en nuestro sistema educativo

¿De verdad interesa la educación en España a nuestra clase política? Lo dudo

Ahora que estamos en campaña electoral por fin los partidos políticos hablan de educación. Ya era hora. Pero es puro trámite. ¿De verdad interesa la educación en España a nuestra clase política? Lo dudo. Si de verdad le interesará ya hubiera llegado a un Pacto de Estado sobre Educación. Este desinterés tampoco es una novedad. Miremos hacia atrás en nuestra historia.

Me parecen oportunos algunos datos extraídos del libro Modernidad, Republicanismo y Democracia. Una historia de la educación en España (1898-2008), de Manuel de Puelles. En uno de sus capítulos aparece el debate presupuestario de 1901, con algunas intervenciones muy significativas sobre la cuestión educativa. Es un presupuesto que alcanza la cifra de 1.000 millones de pesetas y establece por primera vez el rango de ley el pago a los maestros por el Estado. El diputado republicano Melquíades Álvarez señala que de los 43 millones asignados a instrucción pública, 25 son sufragados por los municipios, 12 son ingresos que tiene el Estado por matrículas, derechos de exámenes y grados: de esta forma, concluye que el Estado dedica a la tarea más grande, más necesaria en la sociedad, la ridícula cifra de 6 millones. En contraposición, en la Casa Real se gastan 11 millones; para el culto y clero, 42, y la Compañía Transatlántica recibe una subvención de 8 millones. En el mismo año se hizo un empréstito de cerca de 150 millones para atenciones de Guerra y Marina. Unos años después al debatirse el presupuesto de 1912, se queja amargamente el diputado Luís de Zulueta de que los maestros se quedarán tras este presupuesto con una asignación inferior a la que tiene el Ministerio de Guerra destinada para el pago del pienso de un caballo. La conclusión de Melquíades Álvarez es contundente: los Estados Unidos tienen a principios del XX un 10% de analfabetos; España un 70%; más de 2 millones de niños no asisten a la escuela (de un total de 4 millones) ; el maestro es “el tipo famélico por antonomasia, ridículo a ratos, digno de lástima siempre; los locales de las escuelas, reducidos muchos de ellos todavía a los atrios de las iglesias, a cuadras destartaladas, a viviendas miserables, malsanas, húmedas, sin aíre, sin luz..” Obviamente los momentos actuales son muy diferentes. Mas el dato indiscutible es que nuestro gasto público en educación en 2006 era del 4,3% del PIB, muy por detrás de la mayoría de los países europeos, ya que los de UE-15(5,2%), o Suecia el 7,4%. Situación que no ha mejorado con la crisis. España con datos del 2015 ocupa el quinto puesto por la cola en el gasto público que los países de la UE destinan a educación, con un 4,1% del PIB, y está sólo por delante de Rumanía (3,1%), Irlanda (3,7%) y Bulgaria e Italia (4,0%), según los datos hechos públicos por Eurostat. España es el 23º de los 28 países de la UE en cuanto al porcentaje de dinero público destinado a educación (4,1% del PIB). La clasificación en términos relativos está encabezada por Dinamarca (7,0%), seguida de Suecia (6,5%), Bélgica (6,4%), Finlandia (6,2%), Estonia (6,1%) y Letonia y Portugal (6,0%).

Hay muchas tareas pendientes en nuestro sistema escolar. Por supuesto un Pacto de Estado por la Educación, elevar el porcentaje del PIB del gasto educativo a nivel del resto de los países de la UE, elaborar una nueva Ley de Educación; un nuevo Estatuto sobre la Función Docente así como un sistema moderno de acceso a la profesión, que no sea un refugio para aquellos que huyen de otras, sino para quienes tengan vocación; mejora de las condiciones laborales y un replanteamiento de la formación permanente. La creación de escuelas infantiles de 0 a 3 años, con el objetivo de la conciliación laboral; políticas decididas contra el abandono y el fracaso escolar para que nuestros jóvenes alcancen alguna titulación en educación secundaria obligatoria o postobligatoria; modernización de la formación profesional y la formación a lo largo de toda la vida, facilitando la acreditación de la experiencia adquirida en los centros de trabajo para alcanzar titulaciones de FP.

Y un problema muy grave sobre el que me quiero detener y que hay corregir es la segregación escolar. Desde los partidos de la derecha defienden la libertad de elección de centro. No lo dicen, pero lo que al final se esconde tras la “libertad de elección de centro”, dejémonos de paños calientes, es muy claro: muchos padres eligen la concertada porque no quieren que sus hijos compartan pupitres con inmigrantes, gitanos o ACNES en los centros públicos. En definitiva, segregación pura y dura. Es así de simple. Ya vale de hipocresías. Los centros concertados escolarizan un porcentaje muy bajo de inmigrantes, de etnia gitana y ACNES. En su gran mayoría son de ideario cristiano. ¡Vaya coherencia! ¿Qué lectura hacen del Evangelio?

Para combatir este hecho merece la pena destacar la tarea del Collectiu d’Escoles contra la Segregació promovido per les AMPA de les escoles Les Deveses (Salt), Gabriel Castellà (Igualada), Gegant del Rec (Salt), Germanes Bartomeu (Mataró), Mossèn Cinto Verdaguer (Barcelona), Pompeu Fabra (Reus), Ponent (Granollers), i Torre Llauder (Mataró), i els instituts Salvador Sunyer (Salt) i Salvat Papasseit (Barcelona). Está pujante asociación está formada por padres y madres, mayoritariamente de clase media y de origen catalán, que han matriculado a sus hijos en alguno de los 240 escuelas denominadas de “alta o máxima complejidad”, un concepto administrativo que se calcula por los estudios, las rentas y el origen de las familias. En general, este tipo de centros concentran entre el 70% y el 80% de alumnado extranjero. Desde la asociación luchan contra la invisibilidad de esta situación. Aquí hablamos de segregación escolar. Dejemos la cuestión del independentismo para otra ocasión, que bastante saturados estamos con ella.

Es cierto que La Generalitat y la comunidad educativa acaban de firmar un pacto contra la segregación escolar impulsado por el Síndic de Greuges en el Parlament de Catalunya. Se trata de 30 actuaciones y 180 medidas que combaten la desigualdad de oportunidades entre el alumnado, entre las que destaca, el compromiso de aprobar un nuevo decreto de admisión del alumnado en el que se repartirá los estudiantes socialmente desfavorecidos entre escuela pública y concertada. El documento impulsado por Rafael Ribó, Síndic de Greuges, ha contado con la participación de la Conselleria d’Educació, la mayoría de agentes de la comunidad educativa, ayuntamientos de más de 10.000 habitantes, y con gran parte de los representantes del arco político catalán como JxCat, ERC , CatEnComú yPSC. No lo han suscrito Ciudadanos, Partido Popular y la CUP al entender que sus propuestas o sus enfoques no quedan recogidos. Tampoco las familias de la escuela pública (Fapac), el sindicato mayoritario entre los profesores (Ustec-STEs), CGT, y los sindicatos de estudiantes (AEP, SEPC, SE y Front d’Estudiants), que se desmarcan porque, consideran, no se combate de raíz el problema de la desigualdad, al contrario, con el pacto “las administraciones públicas contribuyen a mantener la segregación”.

La ley puede tener su incidencia, pero es fundamental la participación y la responsabilidad de los padres y madres. Como las mostradas ya hace tiempo por los padres y madres del Collectiu d’Escoles contra la Segregació, que llevan sus hijos a esos centros públicos de alta complejidad con un porcentaje muy grande de población inmigrante. Es todo un ejemplo de coherencia. En cambio, no lo es el que muchos padres y madres que alardean de ser de izquierdas llevan sus hijos e hijas a centros concertados, y luego dicen defender los servicios públicos. Voy a exponer algunas actuaciones de estos padres y madres del Collectiu d’Escoles contra la Segregació, repito el nombre a conciencia, extraídas de un reportaje de La Vanguardia de título muy explícito ¿Por qué mi hijo no iba a estudiar con niños inmigrantes? Actuaciones que a mí, como docente, me han servido de motivo para una profunda reflexión Espero que algunos padres o madres reflexionen igualmente.

Pedro de Cos, Gestor cultural, padre de Cecilia. Escola Mossèn Jacint Verdaguer de Barcelona. “Descartamos las concertadas y religiosas por mi mala experiencia como alumno y, entre las públicas, los profesores de este centro me gustaron mucho”, explica. En el antiguo y bello edificio Mossèn Jacint Verdaguer, ocho de cada diez niños tiene origen extranjero lo que casi triplica el porcentaje de inmigración en la población del barrio. “Para mí la riqueza cultural es una gran ventaja para mi hija porque el mundo el día de mañana será así”. Lamenta que haya escuelas, financiadas con dinero público, que no tengan ni el 10% de inmigración. Un día, Cecilia llegó a casa con una camiseta nueva. Se la había regalado una compañera de curso porque ahora, después de que su familia se mudara a otro piso por la presión del alquiler, sólo le tocaba una parte de armario y la ropa ya no le cabía. Por eso la repartía. “Cosas así son la pobreza”, indica Cos. “

Bernat Ferrer, periodista, padre de Lluc Genís y Ermengol. Escola Gabriel Castellà, Igualada. La Escola Gabriel Castellà, situada en el barrio de Montserrat, es el único centro de máxima complejidad de Igualada, una ciudad con cinco escuelas públicas y diez concertadas. Los hijos Ferrer se convirtieron en alumnos por el convencimiento de los padres en el proyecto educativo y la confianza en el equipo docente. Sus hijos tienen 9,7 y 5 años. “Hay gente en Igualada que cree que no hay pobreza energética, desahucios... y creen que no existe porque no se mezclan con la población que la padece. No me extraña, están todos en este pequeño centro escolar, concentrados.

María José Morillas, Subinspectora de Salud, madre de Enric y Elia. Escola Ponent, Granollers. Al lado del río Congost se encuentra la Escola Ponent, situada en el barrio obrero de Ponent de Granollers. Es una de las 21 escuelas de la ciudad, entre las 10 escuelas públicas de primaria, y entre las 3 de alta complejidad. “Escogimos el centro por cercanía de la casa de los abuelos y de mi trabajo. Y yo me había escolarizado allí”, explica Morillas. “Mi experiencia fue buena. Si no conoces la población más vulnerable no conoces experiencias que te enriquecen. Y yo quiero que mi hijos sean ciudadanos activos y corresponsables”.

Una decena de AMPAs de centros públicos calificados “de máxima complejidad” han levantado su voz para reclamar que el debate sobre la segregación entre en la agenda política, tanto a nivel de Cataluña como en el resto del Estado. Se expresan con una claridad meridiana: Conocedores de la realidad diaria de las familias en estos centros estigmatizados, vemos con exasperación como los años van pasando, los niños van creciendo en espacios situados al margen de la sociedad y el conjunto del país parece ignorarlo. Quizá es que, de hecho, la situación actual va muy bien a mucha gente en este país, evitando así que los propios hijos tengan que mezclar con el "otro" (el pobre, el inmigrante, el gitano ...) Como si la diversidad fuera un mal a evitar y no una fuente de riqueza. Cada familia, buscando su propia comodidad y eligiendo su propia escuela "de iguales", puede no estar contribuyendo al bienestar común de las generaciones futuras. Y todo ello, financiado con dinero público. Es tarea del conjunto de la sociedad ser conscientes y, si se llega a la conclusión de que este modelo conlleva demasiados riesgos, poner remedio a través de las instituciones. El modelo actual aplicado en el entorno comunitario, que prácticamente reserva unas determinadas escuelas a determinados colectivos, vemos que está teniendo un recorrido social bastante crítico. Mientras el discurso oficial dice "queremos acoger", echamos de menos acciones que lo demuestren.

Porque es en nuestros centros donde se está debatiendo qué país tendremos en el futuro: un país con ciudadanos de pleno derecho que habrán tenido un contacto prácticamente nulo con el conjunto de la sociedad, o bien un país con ciudadanos socializados en igualdad de oportunidades que de pequeños tendrán conocido, habrán jugado, peleado y habrán hecho deporte conjuntamente. Unos ciudadanos con una memoria colectiva conjunta o unos ciudadanos educados en burbujitas aisladas unas de otras.

Segregación escolar: un grave problema en nuestro sistema educativo