miércoles 11.12.2019

¿Por qué se repiten las elecciones?

Hemos oído una vez tras otra, que Sánchez ha ganado las elecciones. ¡Vaya perogrullada! ¿Quién lo niega? Nadie.
Foto: La Moncloa
Foto: La Moncloa

Tengo la impresión de que gran parte de la sociedad española todavía no ha digerido la nueva situación política, surgida tras la crisis y la irrupción del 15-M. La situación política anterior instaurada en el régimen del 78 se basó: Monarquía, la Constitución del 1978, las Cortes  y bipartidismo. Como sabemos la monarquía pasó un momento de crisis, restaurado en parte con el nuevo monarca. La Constitución se ha quedado vieja, ya que fue votada por aquellos  que tienen hoy 59 años o más. Si las fuerzas políticas siguen unos cuantos años reacios a su reforma, podría darse la situación de que la gran mayoría de los que la votaron, tristemente hayamos desaparecido. Es un dato para reflexionar. Y en cuanto a las Cortes, no hace mucho tuvieron que estar protegidas por la policía nacional. Pero me quiero referir al bipartidismo con partidos nacionalistas como muletas para los diferentes gobiernos estatales, y, un PCE o Izquierda Unida con un protagonismo político marginal, injusto por   la Ley Electoral.

Hoy la situación política es completamente distinta, totalmente diferente a la del diseño del régimen del 78: 5 partidos estatales, y en el ámbito de los partidos nacionalistas, una parte de ellos se ha inclinado por la independencia. Un inciso, esta situación es muy semejante a la que propició la repetición de las elecciones del 26-J en el 2016, salvo que en esta fecha no tenía el protagonismo actual VOX.

Parte de la clase política ha tratado de gestionar esta nueva situación multipartidista con el esquema bipartidista de antes, del régimen del 78

Lo más grave es que parte de una clase política ha tratado de gestionar esta nueva situación política, multipartidista con un esquema de antes, bipartidista, del régimen del 78. El uso del término régimen del 78 levanta muchas suspicacias entre aquellos participes en su construcción.  Creo que son infundadas.   Ya que según acaba de señalar Josep M. Vallés, “el término  régimen es lo que algunos aprendimos de Duverger vía Jiménez de Parga en nuestro primer curso universitario. Un régimen político es la forma que una sociedad tiene de gestionar sus problemas colectivos, recurriendo a una determinada combinación de instituciones, normas y actores sociales y políticos”. El régimen del 78 permitió dos largas décadas de estabilidad y prosperidad, probablemente las mejores de nuestra historia contemporánea. Sin embargo, de manera continuada e irreversible desde principios de este siglo, el régimen muestra deficiencias claras para gestionar razonablemente los problemas colectivos,  como la nueva situación política multipartidista. El empecinamiento del PSOE a formar un gobierno de coalición con Unidas Podemos,  es tratar de aplicar esquemas del pasado como sería la pretensión de conservar la hegemonía de los tiempos del bipartidismo del régimen del 78.

Y esta situación política multipartidista nueva, Pedro Sánchez y sus asesores no la han digerido, como tampoco una gran parte de la sociedad española en general, como ya he comentado. Por ello, hemos oído una vez tras otra, que Pedro Sánchez ha ganado las elecciones. ¡Vaya perogrullada! ¿Quién lo niega? Nadie. Pero ha ganado con 123 diputados, sobre un total de 350. ¿Y esto qué significa? Que si quiere ser investido presidente según el artículo 99 de nuestra Constitución deberá conseguir la confianza por mayoría absoluta en primera votación, y de no alcanzarla 48 horas después por mayoría simple. Y es, Pedro Sánchez, el pretendiente a la presidencia de Gobierno, el que tiene que conseguir la confianza de sus diputados, algo que se da por hecho, y de otras fuerzas políticas. Y Pedro Sánchez ha fracasado en su intento, aunque no sé si realmente lo ha intentado. No ha conseguido esa confianza, él sabrá los motivos. Yo los ignoro. Por ello, es él el máximo responsable de la repetición de las elecciones. Entiendo que ha querido siempre la repetición de elecciones, como he explicado en artículos anteriores. ¿Pretende el retorno del bipartidismo?

Naturalmente a Pablo Iglesias se le puede acusar de que ha impedido el gobierno de Sánchez. ¡Vaya perogrullada también! Y también lo han impedido el PP, Cs y Vox. Sin embargo, Iglesias lo ha dicho por activa, pasiva y perifrástica que el bipartidismo ha desaparecido. Y que la dirección política del país tiene que ser diferente a la de un solo partido. Y de ahí, la exigencia de un gobierno de coalición, como en la mayoría de las democracias maduras europeas. La nuestra no lo es, como consecuencia de los 40 años de dictadura, de ahí el rechazo de los gobiernos de coalición con argumentos ridículos. En un artículo anterior Consideraciones sobre la esencia, el funcionamiento y génesis de los Gobiernos de Coalición he hecho reflexiones sobre los gobiernos de coalición, que no viene mal recordar. Se ha señalado repetidamente que gobernar en coalición permite expresar mejor los principales valores de la democracia. Compartir responsabilidades de gobierno con otras formaciones es una apuesta decidida por el pluralismo político, ampliando así la base social del gobierno. Como efectos de estas dinámicas coaliciones del poder compartido, la sociedad obtiene mayores explicaciones sobre la acción de su gobierno, se percibe una mayor sensibilidad gubernamental hacia sus reivindicaciones, los ciudadanos se interesan más por la política y la sociedad, en su conjunto, gozará de mayor salud democrática. Los factores que condicionan la formación de GC se encuentran muy vinculados con el fortalecimiento del sistema democrático. Por un lado, la necesidad de crear mayorías parlamentarias sitúa al Parlamento en el centro de la actividad política y otorga una importancia central al diálogo político, lo que da paso al coprotagonismo de las fuerzas políticas minoritarias. E influyen en la consolidación de una opinión pública favorable al respeto por la diversidad, la tolerancia, la solidaridad, el consenso, la integración, la confianza y el gobierno compartido. Es cierto que gobernar en coalición exige más pericia política, un mayor dominio del arte de la política y, sobre todo, el establecimiento de pautas de comportamiento interno, en el seno de la coalición.

Gobernar en coalición exige más pericia política, un mayor dominio del arte de la política y, sobre todo, el establecimiento de pautas de comportamiento interno, en el seno de la coalición

Como también me resulta difícil de entender que en una auténtica democracia, si es una democracia de verdad, se culpabilice a PP y Cs de la no investidura de Sánchez. La oposición es oposición. Alguien es investido presidente para poner en marcha un programa, su programa. Y si ese programa va en contra del de la oposición, esta debe oponerse. Es lo democrático. Además, todas las fuerzas políticas, salvo las del PSOE, todas sin excepción culpabilizan a Sánchez. Todas, salvo los militantes del PSOE, afortunadamente no todos, culpabilizan a Sánchez. Es como para reflexionar.

Considero que la repetición de unas nuevas elecciones es algo que entra dentro de la más estricta normalidad democrática. Incluso es mucho más democrática una repetición de elecciones, que una fuerza política permita la investidura de alguien, sabiendo que este nuevo presidente va poner en marcha unas políticas contrarias a las de su programa con el que se presentó en las elecciones. Un ejemplo. ¿El PP puede permitir la investidura de Sánchez sabiendo que este va eliminar en gran parte su reforma laboral? Otro ejemplo. ¿Fue muy democrática la abstención del PSOE en el 2016 para la investidura de Rajoy, sabiendo que este iba a poner en práctica o mantener políticas contrarias a las del programa socialista?

Hechas estas reflexiones, prosigo. Si hemos sido nosotros los que hemos decidido con nuestros votos romper con el caduco sistema bipartidista, que explica en gran parte muchos de nuestros males actuales, y dar protagonismo a otros partidos políticos, lo que significa una nueva y compleja situación política, no resulta descabellado que seamos nosotros también quienes tomemos de nuevo la palabra para tratar de resolverla. Y precisamente para esta situación el régimen del 78, en nuestra sacrosanta Constitución se redactó el artículo 99.5:   

“Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso”.

¿Por qué se repiten las elecciones?