Miércoles 19.06.2019

Lo peor que puede ocurrir en una democracia es que los racistas se jacten de no serlo

Hoy el chivo es el inmigrante, culpable del paro, sueldos bajos, peligro de las pensiones, de la crisis del Estado de bienestar, delincuencia, etc

Tal como señala Clara Valverde en su libro No nos los creemos. Una lectura crítica del lenguaje neoliberal,  las élites en el capitalismo, en su versión neoliberal, diseñan un discurso basado en fracturar, dividir y enfrentar sectores de la sociedad. Si la población está enfocada, no en lo que hacen el gobierno y las élites, sino en determinados sectores, como los parados, los jóvenes, los jubilados o los inmigrantes, que se convierten en chivos expiatorios de nuestros problemas, entonces los poderosos tienen más libertad para conseguir sus objetivos. Así no solo nos pasan desapercibidos los verdaderos causantes de nuestros problemas, sino que incluso nos convencen de que trabajan por nosotros. 

Unas veces son los pensionistas, que al ser tantos nos dicen los políticos, ponen en grave peligro la Hacienda Pública. Los medios apuntalan: “Este mes para pagar la paga extra se han sacado 10.000 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social”. Y así va calando en la gran parte de la sociedad la culpabilidad de los jubilados, e incluso, muchos jubilados la asumen. “Claro es que somos muchos”. La ideología neoliberal hace muy bien su trabajo. Para Boaventura de Sousa Santos, la derecha tiene a su disposición a todos los intelectuales orgánicos del capital financiero, de las asociaciones empresariales, de las instituciones multilaterales, de los think tanks y de los grupos de presión, que le proporcionan a diario datos e interpretaciones que no son siempre faltos de rigor y siempre interpretan la realidad llevando el agua a su molino. 

Hoy el chivo es el inmigrante, culpable del paro, sueldos bajos, peligro de las pensiones, de la crisis del Estado de bienestar, delincuencia, etc. Debido a la imposición del discurso racista de las élites económicas, que controlan la política, medios e incluso la educación. Discurso  que va calando en la sociedad y cuyo diseño ha estudiado el profesor de la Universidad Pompeu y Fabra, Teun Van Dijk,  en un artículo Discurso y racismo, al que me remito en las líneas siguientes.

En el ámbito político. Los debates parlamentarios son casi siempre sobre problemas de inmigración "ilegal" y mayores restricciones a la inmigración. En ellos predomina la autorrepresentación positiva, nacionalista (sobre la "larga tradición de hospitalidad hacia los refugiados, etc.), y los recién llegados son presentados negativamente como un problema, una carga financiera, cuando no una amenaza a nuestro Estado del bienestar, al mercado de trabajo, la cultura  y valores occidentales. Tratan muy pocas veces del racismo, a pesar de su larga y devastadora historia y de los campos mortíferos del colonialismo, el Holocausto y las "guerras étnicas" en Bosnia, Kosovo, etc. Y aunque en los países de la UE la inmigración (incluso la ilegal) ha aportado grandes dividendos económicos, es muy raro que estas contribuciones sean reconocidas en debates parlamentarios o discursos de los políticos. Al contrario, ser "blandos" con la inmigración cuesta votos entre una población, a la que durante décadas los discursos políticos y mediáticos le han convencido que la inmigración es una lacra. Así, los programas políticos  en toda Europa están repletos de advertencias alarmantes y duros planes para mantener  a los inmigrantes fuera de nuestra Fortaleza Europa, o para disciplinarles una vez que ya están dentro. De ahí le fuerza de los partidos políticos racistas, cuya agenda el resto de los partidos asumen. Por ello, es posible que un político, como Boris Jhonson,  diga “las mujeres que llevan burka parecen buzones de correo o ladronas de bancos”.

La prensa, en simbiosis con la política, sigue su ejemplo. Los temas que preocupan a los políticos en los debates parlamentarios son titulares de prensa. Y viceversa. Además la parcialidad de la inmigración se explica, porque antes de imprimir la noticia, la recopilación de la información da acceso predominante a las élites "blancas" para definir la "situación étnica". Se busca  al político, alcalde, policía u otro "experto" blanco. Las organizaciones de las minorías tienen menor acceso. Y si lo tienen, se les da mucha menos credibilidad. Es normal, ya que las salas de redacción y los altos cargos son  blancos. Los problemas, como la explotación laboral, que sufren los inmigrantes apenas reciben ninguna atención. Cuando una persona ha delinquido solo se dice su nacionalidad si no es española. ¿Cuántas noticias favorables a la inmigración aparecen? Que pocas veces son noticia los trabajos de las inmigrantes en el ámbito de los cuidados a personas mayores. 

Fijémonos en las instituciones del campo de la educación. Los libros de texto reflejan las ideologías dominantes del momento. Siempre ha sido así para la representación del mundo y sus gentes. Tienen tendencias nacionales e incluso nacionalistas, en los que los días de gloria de un país se magnifican, y sus crímenes y delitos se "olvidan". Pocos libros de texto en Europa y en España detallan la esclavitud y el colonialismo. Representan a las minorías no europeas con los típicos prejuicios desde una perspectiva eurocéntrica. La mitad de los libros de texto de ciencias sociales holandeses de los años 80, ni siquiera mencionaban la presencia de cientos de miles de personas de diversas minorías en el país, y lo que es más significativo, ni siquiera dentro del aula. La otra mitad simplemente se repetían unos a otros, enfatizando brevemente las diferencias culturales en lugar de las similitudes entre nosotros (holandeses) y ellos (turcos, marroquíes). 

Si nos fijamos en los libros de texto españoles de Historia no se habla nada o muy poco sobre la población americana, que fue diezmada, tras la llegada de los españoles a América.  Es una concepción eurocéntrica que sigue vigente. La podemos constatar  en el artículo del escritor y periodista español, aunque residente en Alemania, Ricardo Bada, publicado en el diario El Espectador el 5 de abril de 2018, con un título muy sugestivo A 525 años del descubrimiento de Europa.Nos debería servir de reflexión a los españoles.  Ahí va:

“Una vez más se ha ignorado la efeméride del descubrimiento de Europa por los indígenas americanos, un acontecimiento que hubiera debido recordarse el 15 de este mes.

Hagamos memoria: el 15 de marzo de 1493, la carabela en que regresaba Colón de su viaje a las Indias por Occidente arribó de vuelta al puerto de Palos llevando a bordo seis indígenas, de manera que, por obra y gracias de ellos seis, y aunque a la trágala, se produjo el espantable descubrimiento de Europa por los americanos. Este año se han cumplido 525 desde semejante hecho histórico al que según parece nadie le quiere dar pelota. Y me indigna, porque el fatal 15 de marzo de 1493 es una fecha por lo menos tan digna de figurar en las crónicas como el casual 12 de octubre de 1492. O más.

Sigamos haciendo memoria: cuando las “celebraciones” del fementido V Centenario, hubo un pueblo español, Puerto Real, en la provincia de Cádiz, donde se inauguró un monumento de desagravio a las innumerables víctimas de la conquista cristiana y occidental en tierras de las llamadas Indias. Y como por aquel entonces la autoridad municipal máxima de Palos de la Frontera era una mujer, la primera alcaldesa de su larga historia, se me ocurrió escribirle una carta abierta, que se publicó a toda plana en Diario16y donde le decía lo siguiente: “Le pido en nombre de la mujer más calumniada de la historia de México, en nombre, pues, de la Malinche; y en nombre de Domitila Barrios de Chungara, la minera boliviana; y en nombre de esa inquebrantable defensora de los derechos humanos que es la guatemalteca Rigoberta Menchú; y en nombre de las heroicas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en la Argentina; en nombre de todas ellas como representantes de tanta dignidad pisoteada, le pido que se recuerde en Palos, el día 15 de marzo de 1993, el V Centenario del Descubrimiento de Europa por los indígenas de América”.

Le pedía además que fuésemos todos juntos hasta Fuentepiña, a la tumba de Platero, para que también recordáramos quién fue quien más nos unió a uno y otro lado del Atlántico, en aquellos años feroces cuya divisa era “Por el Imperio hacia Dios y viva Franco”. No fue el caballo de los conquistadores quien se desempeñó como nuestro animal totémico, sino el burro del poeta.

Jamás contestó a mi carta, ni en público ni en privado, la señora alcaldesa. Algo que encajaba de manera congruente con toda la burda tramoya del V Centenario, a la que también entonces bauticé como “quinto centén ario”. El centén, por si no lo saben, era una moneda española de oro (del oro de las Indias) que valía 100 reales. Y ahora, en honor a la rúbrica de mi columna, hago como el picaflor: llego, canto y me voy”.

A la hora de conformar nuestra historia han tenido un gran protagonismo los judíos y los moriscos. Y siendo así, en nuestros currículos escolares se les da muy poco protagonismo, y cuando se habla de ellos es con muchos prejuicios de origen religioso, que todavía perduran. De ambos judíos y moriscos, quiero hablar a continuación.

Hace unos días en Híjar (Teruel) pude observar a 2 chicas musulmanas transitando por una de las calles del antiguo barrio musulmán de La Parroquia. De repente, como un fogonazo me vino a la memoria que por esas mismas calles sus ascendientes de raza y religión transitaban hace exactamente 408 años, ya que fueron expulsados en 1610. Igualmente recordé que Híjar en la Edad Media estuvo formada por tres barrios, el cristiano, el musulmán (morisco) y el judío.

Según José Ramón Villanueva, la judería de Híjar hacia 1481, contaba con una población de unas 32 familias, esto es, entre 125 y 150 personas que practicaban la ley mosaica. Había una sinagoga espectacular, que luego se convirtió tras su expulsión en 1492 en la Iglesia-Ermita de San Antón. Es la mejor sinagoga judía conservada hoy en Aragón y, en opinión de muchos expertos, como Vivian B. Mann, responsable del Jewish Museum de Nueva York, una de las cinco mejores de las que todavía perduran en España, en la antigua Sefarad judía. Pero la judería de Híjar no sólo es importante por su sinagoga. Si la comunidad hebrea hijarana es conocida mundialmente es gracias a la pujanza cultural de su comunidad, a la existencia en la misma, a finales del s. XV, de un grupo de artesanos vinculados a la industria de la piel como era el caso de los pergamineros y encuadernadores en torno a los cuales surgió la célebre imprenta judía de Híjar, una de las primeras de la península, la cual tuvo su apogeo entre los años 1485-1490, esto es, en los años previos a la expulsión de 1492. De este modo, bajo el mecenazgo del duque Juan Fernández de Híjar y Cabrera, trabajó el impresor judío Eliezer ben Alantansi, el cual publicó una magnífica edición del Pentateuco entre los años 1487-1488, además de otras obras como un comentario de Rashi, un Tárgum (traducción de la Torah al arameo), o el Tur Yoré De’ah (“Tratado de enseñar a saber”) de Jacob ben Aser. Todas estas obras son de una excepcional calidad, pues se trata de ediciones impresas con gran pulcritud y esmero, realizadas con bellos caracteres hebraicos, cuadrados y rabínicos, tal y como señala Miguel Ángel Motis Dolader, el mejor especialista en judaísmo medieval aragonés. De hecho, los ejemplares procedentes de la imprenta judía de Híjar tuvieron una gran difusión y en la actualidad se hallan dispersos por las mejores bibliotecas del mundo, como es el caso de The Library of the Jewish Theological Seminary de Nueva York o la Biblioteca Nacional de Madrid, en donde el único incunable hispanohebreo de sus fondos es precisamente una edición del Pentateuco impreso en Híjar en 1487 por el citado Eliezer ben Alantansí. Todo esto fue realizado en Aragón y por aragoneses, es decir, españoles. Los descendientes de los judíos, los sefardíes, pueden solicitar la nacionalidad española de acuerdo con La ley de nacionalidad española para los sefardíesaprobada por el Congreso de los Diputados del 11 de junio de 2015, durante el mandato de Mariano Rajoy. Pero los judíos (sefardíes) no son españoles en el sentir del conjunto de la sociedad española.

Pero lamentablemente no sería la última expulsión por motivos religiosos. Uno de los acontecimientos más importantes en la Historia de Aragón fue “La Expulsión de los Moriscos”, (los mudéjares bautizados reciben el nombre de moriscos) ocurrido en el año 1610.

Los aragoneses somos pocos. Hay muchas otras razones para explicar este déficit demográfico en Aragón, pero es muy importante  que a partir de septiembre de 1610 en torno a 60.818 moriscos salieron de nuestra tierra. Lo que supuso entre un 15% y un 20% de la población aragonesa. En algunas zonas fue un auténtico cataclismo demográfico. El pueblo de Vinaceite en la Comarca del Bajo Martín quedó totalmente deshabitado. Estos aragoneses expulsados fueron los que nos dejaron el patrimonio histórico-artístico más valorado por las instituciones expertas de la materia a nivel internacional. No en vano la UNESCO ha declarado Patrimonio Mundial al Arte Mudéjar de Aragón, corroborando el valor universal y excepcional de este arte, lo que significa que este estilo sea el más genuino de nuestro pasado artístico. Toda esa población morisca expulsada, a pesar de haber estado durante VIII siglos en nuestra tierra y habiendo hecho grandes aportaciones a nuestro patrimonio histórico, sin el cual no seríamos lo que somos, nunca han merecido el nombre de aragoneses, ni por supuesto, de españoles. No deja de ser curioso. 

Lo más grave es que por ese predominio inquisitorial de la religión católica, todavía persisten algunas costumbres en España denigratorias hacia el judío o musulmán, tal como señala Josep M. Colomer en su libro España: historia de una frustración. Hasta la década de los 60, había parroquias que organizaban festejos para “matar judíos” en Semana Santa. En algunos lugares, la gente todavía bebe un cóctel de vino y fruta llamado limonada al grito de las armas “Limonada que trasiego, judío que pulverizó”. Hay muchos prejuicios antijudíos: mentirosos, tacaños, mezquinos y no confiables. De ahí en el Diccionario de la Real Academia el término despectivo de “Judiada”.

Mucho más animadas son las fiestas xenófobas y racistas de “moros y cristianos” que tiene lugar en muchos pueblos del sur y el este peninsular. La tradición fue inventada en el siglo XIX, al mismo tiempo que la palabra y el mito de “reconquista”, en conmemoración de supuestas batallas locales del siglo XIII; se intensificó en la década dictatorial de 1940 y ha aumentado en el siglo XXI. Las batallas no hará falta decir quién las gana. Las mujeres están excluidas. Tradicionalmente, en algunas ciudades la fiesta terminaba con la explosión de un títere llamado “La Mahoma” por petardos desde dentro de la cabeza. Fiestas calificadas como patrimonio cultural español.

Tal discurso diseñado desde distintos ámbitos, el político, el mediático, el escolar y por supuesto desde la religión católica, explica en gran parte que en España prolifere cada vez más el racismo. Mas, muchos españoles, como europeos, no se den cuenta que una sudamericana limpia el portal de su casa; que un rumano le sirve el café en el bar; que un marroquí recoge la fruta, que tomará en el postre; que un sudamericano le lleva el paquete; que una chica joven, sudamericana, rumana o ucraniana cuida, limpia o escucha a nuestros niños o a nuestros mayores, con sueldos miserables, porque nosotros no podemos, o mejor, no queremos. De verdad, esto es puro autismo. 

Quiero terminar con unas palabras de Alexander Sequén-Mónchez de su libro El cálculo egoístaLo peor que puede ocurrir en una democracia, es que los racistas se jacten de no serlo. Sin importar las injurias de que sean capaces, basta con agilizar la retórica y golpearse el pecho para persuadirnos de que sus dicterios llevan buenas intenciones. A casi nadie interesa que inciten al odio, parapetados detrás de una dramatizada libertad de expresión.

Lo peor que puede ocurrir en una democracia es que los racistas se jacten de no serlo