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miércoles. 17.08.2022

Nuestras políticas salen ya lloradas de casa

La encuesta “Barómetro de confianza institucional” de Metroscopia, con datos recogidos entre el 15 de junio y el 15 de julio de 2013, sobre España...

La encuesta “Barómetro de confianza institucional” de Metroscopia, con datos recogidos entre el 15 de junio y el 15 de julio de 2013, sobre España, Francia, Italia y los Estados Unidos, muestra unos datos que por previstos no dejan de ser interesantes y aleccionadores, y que  me propician algunas reflexiones, no exentas de una lógica indignación. Si hace unos meses podía sentirme profundamente cabreado, nuevas e injustas acciones políticas de nuestra clase dirigente realizadas desde el verano hasta hoy incrementan mi malestar.

En la citada encuesta, en cuanto a las instituciones políticas, la desconfianza ciudadana es muy grande. La Jefatura del Estado en España es valorada positivamente por el 50%, mientras que es inferior  en Italia, Estados Unidos y Francia, respectivamente el 45%, 36% y 31%. En nuestro caso sorprende con los últimos acontecimientos de la Monarquía, que todavía la mitad la valoren positivamente, aunque explicable por el blindaje político y mediático con el que está protegida.

El Parlamento, el Gobierno y los partidos políticos españoles están muy desprestigiados, ya que los valoran positivamente el 28%, el 26% y el 12% respectivamente. Las cifras son muy parecidas al resto de los países. Datos plenos de lógica y sensatez, ya que la ciudadanía es consciente de que las instituciones políticas obedecen exclusivamente a los dictados de los poderes económicos. Por ello, el Parlamento tiene que estar protegido de la ciudadanía con la policía y empalizadas; el Gobierno ha convertido en virtud la mentira, al incumplir todo su programa electoral; y los partidos emponzoñados con la mugre de la corrupción, sin que les preocupe excesivamente, salvo para tapar la propia y magnificar la ajena.

A nivel de instituciones económicas, en España las Pymes reciben una valoración positiva para el 90%, las grandes empresas el 46% y los bancos el 15%. Las tendencias son semejantes en los otros países. Las opiniones de los españoles están plenamente justificadas. Valoran a las Pymes como creadoras de empleo, frente a la competencia desleal de las grandes empresas, más protegidas por las administraciones públicas, más corruptas y evasoras de impuestos. De los bancos sobran los comentarios.

En cuanto a otras instituciones en España de mayor a menor evaluación positiva los resultados son los siguientes: la escuela pública, el 85%; la policía, el 83%; las asociaciones voluntarias, el 75%; el sistema de salud, el 73%; las fuerzas armadas, el 72%; la Administración Pública, el 70%; los jueces, el 50%; la iglesia católica, el 41%; y los sindicatos, el 28%. Estos datos son semejantes a los de Francia; en Italia y Estados Unidos el sector público está muy desprestigiado, salvo policía y fuerzas armadas.

Los datos son claros y contundentes. El sector público español está muy bien valorado por la sociedad, a pesar de la campaña orquestada contra él por parte del gobierno popular y de  los poderes económicos y mediáticos. Hoy un dirigente del PP con aspiraciones políticas, debe atacar y denigrar al sector público, personalizándolo en los empleados públicos. Cuanto más daño le produzca más méritos para su “cursus honorum”.  Como los comentarios del ínclito Beteta a los funcionarios; o de  la deslenguada y adalid de la anticorrupción en la casa ajena no en la propia, la lideresa calificando a los docentes de vagos. Otros aducen que son muchos, lo que no es cierto. Nada más hay que comparar con otros países de la UE. De ningún dirigente político del PP es posible un comentario positivo sobre los empleados públicos, salvo en el caso de las FFAA. Recientemente el ínclito Montoro alardeaba de haber reducido las plantillas de las Administraciones en más de 300.000 empleados públicos. Hace falta ser cruel.  Tampoco nos producen extrañeza tales comportamientos. Son lógicos y coherentes. Al no creer en lo público, ensalzan lo privado, como paradigma incuestionable del buen funcionamiento. De acuerdo con esa ideología, han puesto en marcha unos ataques brutales para destrozar al sector público, especialmente en educación, sanidad y servicios sociales. Y están consiguiendo sus objetivos. Resulta cruel e inhumano, solo producto de desalmados (según  diccionario de la RAE: faltos de conciencia) el dinamitar unos servicios básicos fundamentales, que atañen a nuestro Estado social y democrático de Derecho, y muy bien valorados por la ciudadanía. Es difícil de entender para una persona normal el joder precisamente aquello que funciona bien y muy valorado. Mas de delincuentes (quien quebranta la Ley, como la Constitución) se puede esperar cualquier cosa, ya que lo único que les mueve es el beneficio puro y duro. ¿Cómo calificar a una ministra que se cargue el Programa de Teleasistencia para mayores, que suponía una cantidad de 24 millones de euros? ¿Cómo calificar a una presidenta de una comunidad autónoma que deje sin servicios sanitarios de urgencia nocturna a pequeños pueblos habitados por personas mayores? ¿Cómo calificar el cierre de centros de atención drogodependientes o a mujeres maltratadas? ¿Cómo calificar el reducir becas de comedor para chavales pertenecientes a familias sin recursos? Hay más ejemplos. ¿El congelar el sueldo a los empleados públicos por cuarto año consecutivo haciendo caso omiso de la negociación colectiva? ¿El privatizar servicios públicos como educación o sanidad, muy valorados por la ciudadanía? Todas estas acciones, amparadas en la prepotencia del poder, son un paradigma de sadismo y ensañamiento. Como también lo son dos decisiones políticas de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez. Pocos dirigentes políticos en nuestra historia han causado tanto daño, a tantas personas y en menos tiempo. Es la responsable de una Reforma Laboral brutal, que coloca a los trabajadores españoles de rodillas ante el capital, al serles arrancados un conjunto de derechos socio-laborales, que ingenuamente pensábamos eran intocables. Dudo mucho que el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente, se hubiera atrevido a tanto. Dice bien Josep Fontana "El modelo construido en Europa como fruto de siglo y medio de luchas sociales ha sido destruido. Ni siquiera el fascismo logró lo que ha conseguido el capitalismo". Insto a los españoles a que se la lean, especialmente a los que no secundaron la huelga del 29-M y a los todavía acérrimos defensores del gobierno del PP; y que, tras su lectura, reflexionen sobre las condiciones socio-laborales impuestas a sus hijos y nietos. ¿Ese es el futuro que quieren para ellos? Pero no piensen que la ínclita ministra siente remordimiento alguno por una ley tan cruel, muy al contrario, alardea de ella, ya que primero nos dijo que serviría para crear empleo; luego para evitar la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo. Mientras escribo estas líneas me sobrecoge esta nueva noticia El número de personas apuntadas a los servicios públicos de empleo aumentó en 87.028 desocupados en octubre con respecto al mes anterior, según los datos que ha publicado este martes el Ministerio de Empleo. Muy bien Fátima, esto va de puta madre. Y mientras tanto apareces siempre con una cara sonriente. ¿De qué te ríes? Tener un trabajo que es un derecho que debería tener cualquier ciudadano, se ha convertido en un lujo. Mas todo tiene una explicación. Ya en 1944 el economista Kalecki en el artículo Aspectos políticos del pleno empleo lo dijo "En verdad, bajo un régimen de pleno empleo permanente, el despido dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. La posición social del jefe se minaría y la seguridad en sí misma y la conciencia de clase de la clase trabajadora aumentaría. Las huelgas por aumentos de salarios y mejores condiciones de trabajo crearían tensión política. Es cierto que las ganancias serían mayores bajo un régimen de pleno empleo, pero los dirigentes empresariales aprecian más la disciplina en las fábricas que los beneficios". El desempleo viene muy bien para que quede claro quien manda. Conclusión, a muchos empresarios los nuevos 87.000 parados, no les sobrecoge, muy al contrario.

La segunda, no menos sádica, de la que también es responsable Fátima Báñez, es la Reforma de las Pensiones, que condenará a los 8,3 millones de pensionistas actuales y los futuros a una pérdida irreparable de su nivel de vida. Tampoco siente remordimiento alguno, muy al contrario, saca pecho de ella, ya que según sus palabras en sede parlamentaria "Este Gobierno ha estado más cerca de los que lo están pasando peor, de los más débiles: de los pensionistas y de los parados. En consecuencia, con este modelo ganamos todos: ganan los pensionistas que hoy están cobrando la pensión y van a ganar los pensionistas del futuro, porque van a tener una pensión justa y equitativa, como la que tienen hoy, y además las pensiones irán creciendo siempre año a año. Cualquier ciudadano medianamente informado sabe que en el 2014 y en los años sucesivos por la marcha de nuestra economía, la subida será del 0,25%, muy por debajo del IPC. La desfachatez de esta señora es ilimitada. Como muy bien le replicó el diputado de Amaiur, Sabino Cuadra "Yo creo que esto ya trasciende el terreno de la burla y de la mentira y pasa ya a otros terrenos bastante más serios: es ya puro sadismo lo que está usted haciendo... si usted dice esto sola delante de un espejo, hasta usted se ríe, fíjese, y el espejo se parte, porque esto es de un cinismo inconmensurable... le recomendaría, por séptima vez, que se diera usted una vuelta por cualquier club de jubilados y les cantara la milonga esta que nos está cantando usted a todos nosotros".

 De todas estas políticas el máximo responsable es el mentiroso Rajoy, mas quiero terminar con unas reflexiones dirigidas a algunas de nuestras ministras. Si las Cospedal, Mato, Báñez, han tomado estas decisiones implacables, cabe pensar que tendrán "motivos" poderosos para hacerlo. Por ello, aunque solo fuera por esa responsabilidad, que asumen ante la historia, deberían ser muy cautas antes de tomarlas. Sin embargo, por la frialdad, contundencia e insensibilidad que muestran cuando estampan sus firmas en los decretos que ponen en marcha tales decisiones, tengo la impresión de que no son conscientes de lo que están haciendo. Si lo fueran, cuando menos, de alguna de ellas en sus comparecencias públicas, cabría esperar que mostraran algún tipo de pesadumbre --algo previsible y digno en un ser humano--, como hizo Elsa Fornero, ministra de Trabajo del Gobierno de Monti, que se puso a llorar al dar conocer los recortes en las pensiones, sanidad y educación públicas italianas. Mas nuestras políticas salen ya lloradas de casa. Y además alardean de patriotas.

Nuestras políticas salen ya lloradas de casa