viernes 19.07.2019

No nos vamos, nos echan, y además, nos hacen la vida imposible para votar

El voto rogado es una modalidad de sufragio en la que el elector potencial se ve obligado a «rogar» que le sea concedido el derecho a voto, que afecta sobre todo a los españoles residentes en el extranjero

Este artículo es largo. Lo he dicho en repetidas ocasiones, me resisto a escribir mensajes tipo Twitter. Un pensamiento político complejo no puede reducirse a un centenar de caracteres, como hace Trump. Ni mucho menos sus posibles soluciones. Mas, el mensaje así elaborado y remitido es simple, poco exigente para su comprensión, rápido de leer y de reenviar. Por el medio se pierden muchos matices y la mayoría de las aristas del problema. Pero lo que es incuestionable y lamentable es que estos mensajes tienen gran éxito y difusión inmediata. Preferimos los mensajes directos y claros dirigidos más a las emociones que a la razón. Y cuanto más usan del insulto más éxito tienen. Hecha está la advertencia.

El artículo trata sobre el voto rogado, una modalidad de sufragio en la que el elector potencial se ve obligado a «rogar» que le sea concedido el derecho a voto, que afecta sobre todo a los españoles residentes en el extranjero. Y si tienen la paciencia de leer las líneas siguientes, podrán observar las grandes dificultades de muchos españoles residentes en el extranjero para poder ejercer un derecho fundamental, cual es derecho al voto en los diferentes procesos electorales. No puedo contenerme. Es vergonzoso. Y hay culpables. En el artículo, aparecen claramente señalados. Vamos al tema.

Observamos a algunos líderes de los partidos políticos cómo apelan a la Constitución. A esos líderes «constitucionalistas» les dedico estas líneas. La Constitución es para cumplirla, no para alardear de ella en campaña electoral o demonizar al contrincante político. Un ejemplo de incumplimiento constitucional es el de su artículo 9.2 «Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social». Obviamente obliga a los poderes públicos. Y sin embargo, estos no solo no facilitan la participación ciudadana en la vida política, es que la entorpecen. Eso sí nuestros políticos duro y dale con la matraca del Art. 2º de nuestra Carta Magna.

El problema del voto rogado continúa

Una breve historia del tema. El pasado 26 de febrero en el Congreso de los Diputados se presentó para su consideración una Proposición de Ley del Grupo Parlamentario Socialista, Orgánica de reforma de la ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, para la regulación del ejercicio de voto por los españoles que viven en el extranjero, y en su defensa el diputado socialista Cámara Villar dijo: Una bien intencionada reforma de 2011 para evitar episodios de fraude electoral introdujo el llamado ruego del voto, pero muy pronto se pudo constatar que esta medida producía graves efectos disuasorios en la participación de los electores inscritos en el censo de españoles residentes ausentes. En las elecciones generales se pasó, aproximadamente, de un 32% en 2008 a algo menos de un 5% en 2011, manteniéndose un porcentaje cercano en las de 2015 y 2016. En las elecciones andaluzas del pasado diciembre, solo unas 7.000 personas de un censo de casi 243.000 emigrantes pudieron ejercer su derecho a voto (2,9% de participación). Más adelante, podrán observar el porcentaje de votos en las pasadas elecciones generales del 28-A.

El 28 de febrero, el Pleno del Congreso de los Diputados excluyó del orden del día la proposición de ley orgánica de reforma mencionada. Han sido incapaces las fuerzas políticas de ponerse de acuerdo. El problema del voto rogado continúa.

Para ello recurro a la Marea Granate cuya dirección es mareagranate.org. Es un movimiento transnacional, apartidista y feminista formado por emigrantes del Estado español y simpatizantes, cuyo objetivo es luchar contra las causas y quienes han provocado la crisis económica y social que nos obliga a emigrar. Nació al calor de otros movimientos sociales aparecidos en España en los últimos años. Son la extensión de estos fuera del país. La marea es granate, como el color de nuestros pasaportes, símbolo de nuestra emigración forzada.

Marea Granate señaló con claridad meridiana que la repentina convocatoria de elecciones generales en el Estado español para el próximo el 28 de abril dio al traste con la propuesta de reforma de la LOREG y con los dos años de trabajos (infructuosos) de la subcomisión de la reforma de la ley electoral. En este contexto que el actual sistema de voto rogado previsto para la ciudadanía exterior volvería a tener como consecuencia una participación electoral ínfima. Además, las dos citas electorales consecutivas del 28 de abril y del 26 de mayo añadirían escollos adicionales al voto exterior. Analizó estas dificultades y exigió medidas urgentes a la Junta Electoral Central y el Ministerio de Exteriores.

Los plazos, seguía señalando, eran aún más exiguos. Es conocida la insuficiencia de los plazos de envío de documentación electoral a la diáspora descritos en la ley electoral. Si es así en circunstancias normales, dichos plazos se reducirían mucho más para la convocatoria del 28 de abril, debido a que coincidiría con la Semana Santa. El correo postal, tanto en España como en otros lugares, se vería reducido su servicio entre el 13 y el 22 de abril, lo que hacía prever que la documentación electoral no llegaría a la mayoría del electorado español en el extranjero o sería materialmente imposible para las elecciones del 28 de abril.

Además advertía que la habitual prórroga del voto en urna consular hasta el mismo día de las elecciones, sin duda necesaria, sería insuficiente como solución a la brevedad de los plazos: el desplazamiento al consulado es una gran barrera para los residentes en el extranjero, ya que muchos viven a cientos o miles de kilómetros de distancia; entre quienes sí conseguían acceder al consulado para votar, era poco probable que sus papeletas llegasen a España a tiempo para el recuento general, ya que este se celebraría apenas tres días después de las elecciones.

A las complicaciones del registro, envío de documentación y papeletas, etc., se sumarían circunstancias que hacían prever igualmente unos índices de participación exterior cercanos a la nulidad para las municipales y europeas del 26 de mayo. Los trámites a realizar para estos segundos comicios, se solaparían con los de la convocatoria del 28 de abril. Esto provocaría confusión u olvidos entre el electorado. Además, si las dificultades de la primera convocatoria no habían sido resueltas y los electores no habían podido votar, era previsible una desmotivación generalizada para la segunda. Lo que afecta a dos millones de electores en el exterior.

De nada sirvió lo descrito por Marea Granate antes de las elecciones generales del 28-A. Por eso, en su página web con fecha 7 de mayo de 2019  aparece un artículo con un título muy explícito Misión imposible: el voto rogado. Además el título va acompañado con una urna, en la que se introduce una papeleta, con el siguiente texto URNA-TRITURADORA DEL VOTO EMIGRANTE. Reflejaré este artículo. No quiero quitar nada, hay que leerlo con detenimiento. Ustedes podrán sacar sus propias conclusiones, nada positivas a la hora de valorar nuestra democracia. Tiene diferentes apartados con sus correspondientes subtítulos.

Urna_avatar-300x2111º) Las irregularidades, desinformación y opacidad del sistema del voto rogado vuelven a hacer prácticamente imposible la participación electoral desde el exterior.

Al filo de la medianoche del 28 de abril, una representante de la Junta Electoral Central leyó los resultados, casi definitivos, de las elecciones generales, con un escrutinio del voto, aparentemente, al 99%. Sin embargo, no todos los votos fueron contados, no todos los electores lograron votar y el escrutinio no se cerró ese día, sino el miércoles siguiente, con el recuento de votos CERA (Residentes ausentes), entre opacidad y desinformación. Como viene sucediendo desde la instauración del voto rogado en 2011, votar desde el extranjero es una misión imposible. Toda la responsabilidad del ruego recae en la población residente en el extranjero pero, por muchos que sean nuestros esfuerzos, el sistema sigue fallando, por lo que la participación electoral exterior queda diezmada. Esto se muestra con claridad con las cifras de participación exterior en las elecciones generales del 28 de abril que dio el Ministerio de Asuntos Exteriores. Aun entendiendo que no son datos definitivos ni completamente transparentes, los damos para mostrar el debacle de la participación electoral exterior. Según estos datos, en el mejor de los casos, en las pasadas elecciones generales no llegó a participar ni el 6% de los residentes en el extranjero. De los más de dos millones de residentes ausentes (votantes CERA) que hay inscritos, solo lograron rogar el voto 182.545 personas, lo que no significa que todas ellas hayan conseguido votar. El Ministerio de Asuntos Exteriores declaró que tan solo 129.271 residentes ausentes lograron depositar su voto en urna consular, por eso sabemos que hay al menos 53.274 residentes CERA que rogaron el voto y no consiguieron superar el resto de trabas burocráticas necesarias para que su voto fuera efectivo. Y nos consta que muchos más votos se han quedado por el camino, ya que no podemos saber cuántos de esos 129.271 votos emitidos llegaron al Estado Español y fueron contabilizados en el escrutinio CERA del 1 de mayo. Por su parte, y de nuevo según las cifras provisionales y poco confiables que dan las instituciones, tan solo 18.124 de los residentes temporales (votantes ERTA) lograron rogar su voto. No podemos saber ni cuántos residentes temporales hay registrados, ni cuántos de esos votos llegaron a tiempo y fueron contabilizados.

A continuación, y a modo de denuncia, Marea Granate detalla algunas de las principales dificultades con las que se encontraron los emigrantes españoles a la hora de votar desde el extranjero.

2) Plazos imposibles, falta de información y horas de espera en los consulados.

Las elecciones generales del 28 de abril se convocaron el 5 de marzo de 2019, sin embargo, el censo electoral se cerró el 30 de diciembre de 2018. Esto significa que cualquier persona que cambiara de país de residencia tras el 1 de enero ya estaba, automáticamente, fuera del censo exterior. Para solventar esto, se habilita una única semana de subsanación de datos censales, en la que hay que personarse en los consulados para inscribirse como residente temporal (quien viva menos de un año en ese país) o residente ausente (quien vaya a vivir más de un año). Esa semana, que fue del 11 al 18 de marzo, se caracterizó por el caos informativo y las largas filas de espera en consulados como los de Bruselas (Bélgica), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) o Ámsterdam (Holanda), entre otros. Un caso extremo fue el del Consulado español en Londres, donde solo se atendía para inscripción consular con cita previa, pero se daba cita previa para abril, es decir, fuera del plazo habilitado para subsanar errores. Tras distintas demandas de la ciudadanía exterior y de Marea Granate, en Londres se tuvo que habilitar la Embajada para realizar ese trámite; pero las dificultades continúan.

Una vez hecha la inscripción consular, hay que rogar el voto, con procedimientos distintos para residentes temporales y ausentes. Los residentes temporales (ERTA) lo tienen que hacer personalmente, con la dificultad añadida de que los horarios de apertura de los consulados suelen ser incompatibles con los horarios laborales. Los consulados pueden estar a miles de kilómetros de distancia de nuestros lugares de residencia, por ejemplo, quienes residen en Edmonton (Canadá) deben desplazarse 2.500 kilómetros para ir a Toronto, el Consulado que les corresponde. Además del tiempo y los gastos que suponen estos viajes, en algunos casos ni siquiera es dentro del mismo territorio ni del mismo país. Los residentes temporales en las Azores (Portugal) deben desplazarse por mar o aire a Lisboa para rogar su voto; mientras que en Islandia no hay Consulado español, por lo que la ciudadanía española que reside allí debe ir a Noruega para rogar. Muchos de estos casos se podrían haber evitado con la activación de consulados honorarios. Este era un mecanismo permitido en anteriores convocatorias que facilita el trámite de inscripción para quienes no vivan cerca de ciudades donde hay consulados; sin embargo, en esta convocatoria electoral (y en la siguiente) este mecanismo ha sido expresamente impedido por indicación de los Consulados Generales.

Por su parte, los electores CERA pueden rogar su voto por carta postal (sin que haya seguridad de que llegue), por vía telemática con el certificado electrónico (que hay que recibir previamente, y en este caso, la página web donde se hace este trámite estuvo inactiva la mayor parte del tiempo) o por fax (con dificultades obvias como la de dónde encontrar un lugar donde aún exista esta máquina, además del colapso de los faxes de las juntas electorales). Desde Marea Granate denunciamos que este sistema de ruego es ineficaz, por los plazos tan limitados y por los medios tan obsoletos, además de la falta de información constante con las que nos hemos encontrado en consulados y embajadas. Por ejemplo, en Estocolmo se obligó a muchos estudiantes Erasmus que solo iban a residir unos meses en el país a inscribirse como electores residentes ausentes (CERA), al contrario de lo que se establece en la legislación, y en São Paulo, a numerosos residentes ERTA se les entregó el formulario del ruego de voto de los residentes CERA, indicando que ellos mismos debían enviar directamente la documentación a las Juntas Electorales Provinciales, cuando este no es el procedimiento requerido para los votantes ERTA, por lo que estos votos hubieran sido nulos. Marea Granate denunció este caso y el propio Consulado tuvo que rectificar y contactar a estos votantes para subsanar su error.

3) Nos quedamos esperando a que llegaran las papeletas…

Una vez rogado el voto, hay que esperar a que lleguen las papeletas a nuestros hogares en el extranjero y, de nuevo, el sistema falló y nos quedamos con las ganas de votar. Tan solo unos ejemplos: a Canadá la gran mayoría de las papeletas no llegaron a tiempo. En un país de más de 8.000 km de ancho es imposible garantizar cualquier entrega postal dentro de los plazos establecidos por ley. En Francia, muchos de los envíos postales fueron devueltos al Estado Español por el sistema de correos, al igual que sucedió en Ecuador, donde gran parte de la documentación electoral se perdió, nunca llegó o fue devuelta a España sin motivo. En Alemania, algunas papeletas llegaron rotas o incompletas y, en general, muchos envíos llegaron demasiado tarde. Tan tarde que la Junta Electoral Central tuvo que ampliar, a última hora y con poca información, el plazo de envío de los votos hasta el viernes 27 de abril. Esta ampliación se aplicó tanto al envío del voto por correo dentro del Estado Español (donde también hubo demoras, colapsos de oficinas de correos y largas horas de espera); como al voto CERA depositado en los consulados. Por el contrario, este plazo no se amplió para los votantes ERTA y contemplamos impotentes cómo las papeletas llegaban a Lituania y a Rusia el jueves 25 por la tarde o el mismo viernes 26, sin que ya hubiera posibilidad de remitirlas.

Desde Marea Granate consideramos que este hecho supone una discriminación para los votantes ERTA y exigimos que haya los mismos plazos para todos los votantes. Además, no nos convence la excusa que solemos recibir desde la Junta Electoral Central: los fallos en los envíos no se deben a que los servicios de correos en otros países no funcionen bien; sino a una Ley Electoral que no es realista, pone plazos imposibles, y cuya inflexibilidad hace que cualquier circunstancia extraordinaria sea insorteable. Este hecho se pone de manifiesto en la incapacidad de la Junta Electoral Central para paliar las dificultades de la última convocatoria electoral, que fueron especialmente complicadas, ya que coincidió con vacaciones de pascua y con el cierre de muchas administraciones, lo que dificultó aún más que las personas residentes en el exterior pudiéramos ejercer nuestro derecho al voto.

4) La opacidad del escrutinio del voto exterior

La siguiente traba para el voto exterior surge en el momento del escrutinio: si son remitidos a tiempo (lo que ya es mucho esperar viendo los plazos tan restringidos y las dificultades ya mencionadas) los votos ERTA llegan por correo postal a cada colegio electoral y se cuentan el mismo domingo de las elecciones, junto al voto por correo dentro del Estado Español. Si no llegan a tiempo, van directamente a la basura y todos los esfuerzos anteriores fueron vanos. Por su parte, los votos CERA llegan, en primer lugar, a cada consulado donde se custodian en urna consular durante la semana de las elecciones. Posteriormente, se envían a la Junta Electoral Central y desde allí son remitidos a las juntas electorales provinciales correspondientes, donde se cuentan en un acto público y abierto, que tiene lugar el miércoles siguiente a la celebración de los comicios, según el artículo 103.2 de la LOREG. Y aquí vuelve a aparecer una diferencia discriminatoria entre las dos modalidades de votantes: los electores ERTA pueden comprobar si su voto llegó y fue contabilizado si consiguen que alguien vaya a la mesa electoral correspondiente y lo consulte; pero en el caso de los electores CERA todo es mucho más opaco y complicado, porque los envíos fallan y la información sobre los actos de escrutinios del miércoles no es clara ni transparente.

Por ejemplo, en la Junta Electoral de Toledo observamos incrédulas como uno de los envíos procedentes de Francia nunca llegó, por lo que muchos de los votantes CERA de Toledo residentes en Francia, no lograron ejercer su derecho al voto, por mucho que se hubieran inscrito, rogado y votado en el Consulado. En el caso de la Junta Electoral de la Comunidad de Madrid hubo desinformación y caos constante: en la línea de atención telefónica de esa Junta Electoral se nos informó que el escrutinio iba a ser el miércoles 1 de mayo en la sede del INE en calle Trafalgar, llegamos allí y estaba cerrada. Ese día, festivo nacional, no nos atendieron en ninguna línea telefónica. Volvimos a llamar el 2 de mayo y nos dijeron que el escrutinio ya había tenido lugar, el día anterior, 1 de mayo, en la sede satélite de la Casa de Campo, sin que nadie pudiera ir para comprobar el funcionamiento del sistema. Como ya aludimos, según las cifras provisionales del INE, en total han logrado votar en sus consulados 129.271 electores CERA, pero, a día de hoy, no podemos saber cuántos de esos votos llegaron, qué envíos de qué países no llegaron, ni cuántos votos fueron declarados nulos…

Esta falta de transparencia es dañina para la democracia y es terrible ver cómo ni a las élites políticas, ni a las autoridades competentes parece importarle lo más mínimo el voto exterior.

5) Exigencias y demandas de Marea Granate

Como venimos denunciando desde las pasadas elecciones europeas de 2014, el sistema del voto exterior falla constantemente y nos arrebata a muchas personas un derecho fundamental, como es el de la participación electoral, lo que es inadmisible. En esta nueva legislatura volvemos a exigir la derogación inmediata del sistema de voto rogado.

Consideramos asimismo imprescindible que los trámites de inscripción consular y subsanación de errores puedan realizarse en los consulados honorarios o a distancia, por correo electrónico o correo ordinario. Para la recepción y el envío de las papeletas, exigimos la ampliación de todos los plazos. También queremos una circunscripción electoral única que represente a los más de dos millones de votantes que residimos el exterior. Además, el recuento electoral posterior de votos CERA debe ser realmente público y transparente, no el teatro a puerta cerrada que hacen ahora, y los votos ERTA que no lleguen a tiempo también se tendrían que contabilizar ahí. Todos estos cambios deben estar acompañados de mayor financiación para oficinas del censo y consulados; así como de una mejor formación del personal administrativo y la habilitación de canales de información que funcionen realmente, las 24 horas del día. En caso contrario, la población española residente en el extranjero seguirá sin poder participar en los comicios, lo que no deja de ser una muestra más de la inmadurez y debilidad de nuestra democracia.

No nos vamos, nos echan, y además, nos hacen la vida imposible para votar y, por si fuera poco, este año aún nos quedan otras elecciones, autonómicas y municipales, sin que nada haya cambiado, por lo que nuestro derecho a votar sigue estando vulnerado y limitado…

Quiero terminar con un artículo de Albert Royo Mariné, que apareció en La Vanguardia del 8 de mayo de 2019, titulado Avancemos hacia el voto digital. Un artículo que refleja la problemática ya comentada  y que recomienda posibles soluciones. En general, los medios han hablado poco de este tema, cuando me parece de extraordinaria gravedad para un sistema democrático.

Las recientes elecciones generales han vuelto a poner de manifiesto las insuficiencias del sistema de voto rogado para los ciudadanos no residentes… Como ejemplo, de las casi 2.000 personas que quisieron votar en el consulado en Moscú, sólo una pudo hacerlo.

Choca que sigamos votando como lo hacíamos hace un siglo: con urnas y papeletas. Existen hoy día tecnologías suficientemente maduras para ofrecer un sistema de voto digital seguro

Choca que sigamos votando como lo hacíamos hace un siglo: con urnas y papeletas. Existen hoy día tecnologías suficientemente maduras para ofrecer un sistema de voto digital seguro. En Estonia hace años que se usa el voto electrónico y Suiza lo ha ido introduciendo gradualmente hasta llegar a ofrecerlo a todos sus cantones en las próximas elecciones federales de octubre…. Por su lado, Francia usará el voto digital para elegir a sus consejeros consulares y se está planteando su introducción para facilitar el voto a los no residentes. Debemos tomar notas de estas tendencias entre los países más avanzados de nuestro entorno.

Aún existen temores más o menos fundamentados sobre el uso del voto por internet, sobre todo a raíz de las denuncias de ciertos gobiernos de intentos de interferencia electoral por parte de agentes externos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, aunque usemos urnas y papeletas, nuestro proceso electoral ya cuenta hoy en día con muchas fases totalmente digitalizadas que han demostrado su fiabilidad, seguridad y eficiencia a lo largo de los años, entre ellas algunas de las más relevantes, como la agregación de datos y el censo.

No se trata de eliminar el sistema tradicional de voto, necesario en una sociedad donde aún hay dificultades de acceso a los co­nocimientos digitales, sino de ofrecer un canal complementario ­para ejercer el voto, que permita garantizar los derechos ­políticos de todos los ciudadanos y aumentar la participación, ­sobre todo entre determinados colectivos tradicionalmente abstencionistas, como son los no residentes, los jóvenes o las personas con minusvalías.

No nos vamos, nos echan, y además, nos hacen la vida imposible para votar