lunes 01.06.2020

No por ocultar un problema político, este desaparece

Uno de los problemas no resueltos en esta España nuestra es el de la articulación territorial. Está ahí y lleno de aristas su resolución, en el caso de que esta sea posible. No por ocultar un problema desaparece. De esta actitud del más puro autismo político tenemos muchos ejemplos. Como señala Luisa Elena Delgado, profesora de Literatura Española, Teoría Cultural y Literaria, y Estudios de Género en la Universidad de Illinois en su artículo La nación (in)vertebrada y la crisis de la modernidad democrática, en el discurso pronunciado por Juan Carlos I el 22 de noviembre de 2000 en el Congreso de los Diputados ante las Cortes Generales con motivo de su proclamación como Rey dijo: “En este último cuarto de siglo España se ha enfrentado con ilusión de futuro, con valentía y madurez a la resolución de viejos problemas históricos y los ha superado, particularmente el de su articulación territorial”. Ignoro quién le redactó el discurso, pero quien lo hizo podría servir de ejemplo de puro autismo político, ya que fue pronunciado unas horas después del asesinato en Barcelona por parte de ETA del exministro socialista, catedrático y escritor  Ernest Lluch. Continua Luisa Elena Delgado,  “En verdad, no sólo la “articulación de la nación”, sigue siendo un tema candente en el Estado español, sino que su importancia es tal que no puede haber un acercamiento a los debates políticos culturales españoles que de una manera u otra no lo tenga en consideración… El análisis más somero de la producción ensayística e historiográfica del Estado español no deja muchas dudas sobre la imposibilidad de argüir que se vive un momento “postnacional”. Sea para cuestionarla, negarla, afirmarla, definirla o situarla como telón de fondo de otros conflictos, los intelectuales españoles vuelven una y otra vez su atención crítica a la nación. En efecto la cantidad de títulos publicados en los últimos años que de una manera u otra, tratan sobre la identidad cultural española o la idea de la nación en España es sencillamente abrumadora. Los ensayos que se ocupan de estos temas han recibido amplia atención crítica dentro de España y muchos de ellos han sido premiados con galardones nacionales de gran prestigio cultural y considerable dotación económica, como el Premio Nacional de Ensayo.  De más está decir que el propio hecho de que un número importante de intelectuales de diferentes disciplinas y medios (literatura, historia, ciencias políticas, periodismo) se ocupen del mismo tema desde ángulos tan diversos, indica que “la articulación de España” lejos de ser algo resuelto es, por el contrario, una asignatura pendiente.” La argumentación es de una contundencia apabullante.

Tal problema, evidentemente para una solución razonable requiere  su reconocimiento y políticos de altura, con capacidad de liderazgo. Y que tengan la suficiente imaginación y coraje político para ensayar otras opciones políticas diferentes a las hasta ahora puestas en práctica, como la del Título VIII de nuestra Constitución. De la Organización Territorial del Estado. No hay que olvidar que en Cataluña, más de 2 millones de catalanes como mínimo consideran que Cataluña es una nación, y que por ello, aspiran con toda legitimidad a tener un Estado propio, aunque la legalidad vigente no lo permite. Pero esos más de 2 millones de catalanes  no pueden ser criminalizados ni considerados unos delincuentes.  Como señala Jaume Asens “Decía Roosevelt que “no puede haber leyes que convierta en delincuente a una parte de la sociedad”. Si sitúas fuera de la ley a dos millones de personas, hay un problema con la ley. Hay un nexo que se rompe entre democracia y ley. El Juzgado número 7 de Barcelona dice que ir a votar no es ilegal.” ¿Tal cifra se reducirá con la aplicación del artículo 155? ¿O con la rabiosa ovación que Mariano Rajoy recibió de sus correligionarios en el Senado tras su discurso que exigió la imposición de tal artículo? ¿O con la aplicación de la ley, encarcelando al Govern? ¿O con la convocatoria de las elecciones autonómicas del 21-D? Ustedes mismos se pueden responder. Como señala Jhon Carlin, las voces foráneas son muy convenientes, ya que están exentas de los prejuicios de los que estamos inmersos en la batalla diaria, en su artículo Desde Londres con amor,  “En una auténtica democracia la política consiste en persuadir, en ganar corazones y mentes a través de los argumentos, las palabras y los gestos. En un sistema autoritario la política consiste en imponer la ley. ¿A cuál de los dos se parece más el Estado español hoy?” La respuesta se la dejo a cada cual.  

Aun reconociendo las extraordinarias dificultades,  entiendo que la única manera de saber cuántos catalanes consideran que Cataluña es una nación, es a través de un referéndum pactado, que es lo que quieren 8 de cada 10 catalanes. Y también muchos españoles del resto del Estado. La Ley de Claridad de Canadá podría servir de modelo. Considero que en un periodo más menos largo habrá que hacerlo para desenredar este nudo. Y si se hace esto no sería un movimiento sísmico. Si es necesaria hacer una reforma constitucional, se hace. Una Constitución no son los 10 mandamientos. Puede cambiarse en función de los cambios sociales, culturales y políticos inevitables en el discurrir de los tiempos. Hoy las circunstancias son muy diferentes a las de hace 40 años. La gran mayoría de los españoles no la han votado. Las leyes están para dar salida a los problemas de la sociedad, no para ser un impedimento insoslayable.

Termino. Para algún despistado o malintencionado, que los hay en gran cantidad en esta España nuestra, no soy independentista, e insisto que cualquier idea es defendible, la independentista y la unionista, siempre que se respete la legalidad vigente. ¿Está claro? Ojalá este problema de la articulación territorial en esta España nuestra, como español que me siento, estuviera resuelto de una vez por todas. Mas, como he señalado anteriormente, esta solución requeriría políticos de talla y con capacidad de liderazgo. ¿Dónde están? Si no aparecen corremos el riesgo que tal como señala el catedrático de Derecho Político de la Universidad de Zaragoza Manuel Ramírez en su libro España en sus ocasiones perdidas y la democracia mejorable, estemos en una nueva ocasión perdida de nuestra historia, la cuarta; la tres anteriores: la primera en 1812; la segunda en 1868-1874; y la tercera en 1931-1936. O como cuenta Josep Fontana: En una ocasión un periodista preguntó a don Ramón Carande, maestro de historiadores: “Don Ramón, resúmame usted la Historia de España en dos palabras”. La respuesta de Carande no se hizo esperar: “Demasiados retrocesos”.

No por ocultar un problema político, este desaparece