miércoles 27.05.2020

Madrid, Madrid, rompeolas de todas las Españas

Antes de entrar en materia quiero manifestar mi más profundo dolor por todo el sufrimiento que ha padecido Madrid durante esta pandemia y que afortunadamente parece que se está atenuando. Algunas imágenes de ambulancias, Ucis, coches de funeraria estremecían. Ha sido muy duro para Madrid. Como también en otros lugares del resto de España. Ha sido el sector público, la sanidad pública la que ha hecho frente a esta pandemia con escasez de recursos, y que ha supuesto la muerte de sanitarios. ¿Qué hubiera ocurrido en esta España nuestra sin la sanidad pública? Gracias.

Antonio Machado escribió estos versos el 7 de noviembre de 1936: "Madrid, Madrid, ¡qué bien tu nombre suena / rompeolas de todas las Españas! / La tierra se desgarra, el cielo truena, / tú sonríes con plomo en las entrañas".  Fue en el momento que sus amigos León Felipe y Rafael Alberti trataban de convencerlo para que abandonara la ciudad, dado el peligro que corrían su vida y su familia. Por esta última accederá finalmente a salir de Madrid.

Es evidente que Madrid, como ciudad, fue un invento de Felipe II. Como urbe es un lugar peculiar, sin un río caudaloso a su lado, como en el caso de Zaragoza o Toledo; ni fue tampoco un cruce de caminos, y a más de 300 kilómetros del mar. Recostada al lado de la sierra de Guadarrama es una ciudad inhóspita, con un tráfico agobiante, con unos precios de la vivienda inasequibles y con una contaminación insufrible. Mas, a pesar de ello sigue creciendo succionando a su entorno. Sus pobladores son de carácter abierto y con iniciativa. Tierra de mezcla, ayer de gente de toda España, hoy de todo el mundo. Esto debería haberla impregnado de un carácter cosmopolita, como París.

No obstante, sorprende su visión nacional, supercentralista, que se manifiesta en una actitud de superioridad hacia los que somos de provincias. Quizá tal actitud se deba a que al ser su gran mayoría de familias llegadas de provincias, sus descendientes actuales alardean para ocultar los traumas y la pobreza del emigrante de la primera generación. Para «contrarrestar» ese centralismo se diseñó el Estado de las autonomías, pero controlado desde el centro a través de la financiación, que, como observamos, chirría.

Para Ángel López García-Molins, catedrático de Lingüística General de la Universidad de Valencia en su libro España contra el Estado, ese centralismo de Madrid, que es un grave problema español, se ha trasformado en una auténtica ideología, que se podría entrecomillar «Madrid». Se trata de unas ideas muy simples, que han ido calando en la sociedad, la intelectualidad y la clase política madrileñas, y en gran parte del resto de España.

1ª) La esencia de España es Madrid, por lo que sus tendencias, costumbres y mitos son de obligado cumplimiento. Las manifestaciones de madrileñidad se dan en diferentes niveles, desde la condición nacional del Real Madrid, que a todos los efectos es la selección nacional bis, al acaparamiento de todas las instituciones culturales estatales, que se consideran propiedad de Madrid, aunque sus fondos los hayan aportado del resto de España. En el Museo del Prado está el Santo Domingo de Silos, la tabla principal del retablo de Bartolomé Bermejo de la iglesia de Daroca, obra clave de la introducción del renacimiento flamenco en Aragón; y la no menos espectacular tabla de la Virgen de Tobed, de Jaime Serra, obra fundamental de la pintura italogótica aragonesa. En el Reina Sofía, el Guernica de Picasso. En el Arqueológico Nacional, la Dama de Elche.

2ª) Quien se manifieste en contra de esta ideología es un español de segunda, cuando no un mal español e incluso no es español. Como el que se manifieste contrario a la fiesta de los toros, cuya feria más emblemática es la de San Isidro.

3ª) Por ende, Madrid debe, tiene que ser la sede por antonomasia. De todo: financiera, política, administrativa, cultural, mediática. El Instituto Nacional de Oceanografía, con quince oceanógrafos estudiando el bacalao; o el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de la Armada, para probar buques a 500 kilómetros de la costa.

4ª) Los problemas solo se reconocen como tales cuando llegan a la capital. Mientras tanto no existen. Nada más hay que observar los noticiarios de las cadenas, que se llaman nacionales. Una nevada en el Guadarrama tiene prioridad absoluta a las catástrofes en otros lugares. Una lesión de Ronaldo abre telediarios.

5ª) Todas las elecciones están subordinadas a la representación parlamentaria en el madrileño palacio de la Carrera de San Jerónimo. En España hay elecciones locales, autonómicas o nacionales, pero toda la actividad política está dirigida a gobernar en Madrid. Si un partido alcanza la mayoría en las Cortes, sus diputados quedan imposibilitados para defender los intereses de su región. Si un partido es minoritario en las Cortes, toda su acción política de sus diputados provinciales estará dirigida a recuperar el gobierno en Madrid, aunque sea a costa de perjudicar los intereses de su comunidad o provincia. Todo ello pervierte nuestra democracia. No son raros los políticos «cuneros», como Bárcenas senador por Cantabria, impuestos por la Ejecutiva central de los partidos. Las listas cerradas, impuestas desde Madrid, obligan al ciudadano a votar a personas desconocidas y que ignoran totalmente la problemática de su circunscripción electoral. Esto trae como consecuencia la atonía del Parlamento español, donde se vota lo que decide el jefe de filas con tal unanimidad, que podría suplirse con una simple aplicación informática para asignar un porcentaje de votos a cada propuesta de ley. Y si a algún cargo político municipal o autonómico le ofrecen otro a nivel estatal, lo acepta sin respetar los electores que le votaron. Véase, Luisa Fernanda Rudi, que renunció, nada más y nada menos, a la alcaldía de Zaragoza para ejercer la presidencia del Congreso de los Diputados.

Ese centralismo ha sido y es pernicioso para España. Más de 108.000 jóvenes se fueron de Castilla y León en la última década, lo que es extensible a Castilla La Mancha, Andalucía, Extremadura, Aragón, etc. La mayoría con destino a Madrid. He ahí una de las causas de la España vaciada. Como también de la problemática vertebración territorial.

Pero este invento de Madrid funciona como una ideología en beneficio de unos pocos, unas elites políticas, económicas, y que a la hora de defenderla y sostenerla no ha habido ni hay diferencia alguna entre la derecha y la izquierda.

Este centralismo asfixiante que se manifiesta en tiempos de normalidad, tal como acabo de describir según el libro España contra el Estado, prosigue en estos momentos de excepcionalidad de la pandemia. Todos los días, por la mañana, al mediodía, por la tarde y noche, por tierra, mar y aire, en todos los medios escritos, audiovisuales y telemáticos, la protagonista es la ínclita presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a la que Jesús Parra en su espléndido artículo No dar la talla, la denomina IDA por las iniciales de su nombre y apellidos. ¿Existen más comunidades autónomas en España para los diferentes medios? Tengo mis dudas. Es agobiante la presencia de esta señorita, que no se la merece. ¿Ha dicho algo interesante alguna vez? Escasamente sabe emitir dos frases seguidas sin papel delante, y cuando lo tiene, lee mal. ¿Ya no tenía otra candidata mejor el PP madrileño? Tal presencia mediática, sirve para darle un protagonismo, en definitiva le estamos haciendo el juego, que eso es precisamente lo que pretende Miguel Ángel Rodríguez. Además porque haga lo que haga, diga lo que diga el Gobierno de Pedro Sánchez, IDA lo tomara siempre como un agravio.

La sociedad madrileña, que ha sufrido estos días tantas muertes por los recortes brutales de los 17 años de gobiernos del PP en la sanidad pública y en la asistencia social, cabe pensar que habrá tomado buena nota. Y si no la ha tomado y sigue votando mayoritariamente a los populares, allá ella. 

Termino con una reflexión plena de calado, es a modo de advertencia no solo para los madrileños, sino que también para el resto de los españoles. Obviamente saldremos de esta, pero, ¿cómo? ¿Retornando a la normalidad, como si no hubiera pasado nada? Sería un grave error retornar a la normalidad, tal como lo expresa la escritora, periodista y activista de los derechos humanos, de la India, Arundhati Roy: «El coronavirus ha puesto a los poderosos de rodillas y ha frenado al mundo como nada más podría. Nuestras mentes aún están dando vueltas sin parar, y anhelan el regreso de la «normalidad», intentan unir nuestro futuro con nuestro pasado y se rehúsan a reconocer la ruptura. Pero la ruptura existe. Y en medio de esta terrible desesperanza, se nos ofrece una oportunidad de repensar la máquina del fin del mundo que construimos para nosotros mismos. Nada podría ser peor que un regreso a la normalidad. Históricamente, las pandemias han obligado a los seres humanos a romper con el pasado e imaginar su mundo de nuevo. Esta no es diferente. Es un portal, una puerta entre un mundo y el siguiente. Podemos optar por cruzarlo arrastrando tras nosotros las carcasas de nuestro prejuicio y odio, nuestra avaricia, nuestros bancos de datos e ideas muertas, nuestros ríos muertos y cielos llenos de humo. O podemos atravesarlo caminando ligeros, con escaso equipaje, listos para imaginar otro mundo. Y listos para luchar por él».

Madrid, Madrid, rompeolas de todas las Españas