sábado 20.07.2019

Lengua y poder: la hegemonía del inglés

Hoy nuestros jóvenes están más familiarizados con las hamburguesas de Burger King que con los bocadillos de jamón serrano, y todos los españoles sucumbimos ante el Black Friday, Halloween, y el uso de Champions League en lugar de la Liga de Campeones

La expansión masiva e irreversible del inglés es un hecho incuestionable. Hoy saber inglés es como el respirar. Quien no sabe inglés debe sentirse avergonzado. Siempre las conquistas, los imperios además de la espada llevan la lengua, como señala el escritor colombiano Juan Carlos Botero en un artículo precioso, titulado El día del idioma: “El viento trajo las naves, las naves trajeron las voces, y en las voces venían las palabras. En torno a las carabelas, aferradas como moluscos a las tablas de los cascos, ondeando en el velamen, prendidas a las anclas y enredadas en los cabos, venían las palabras. Venían de lejos. Hijas de griegos, latinos y árabes, ya eran ricas, antiguas y sabias de siglos atrás; pero ahora venían de España, de tierras duras y secas, y se habían moldeado en la fragua de un imperio ambicioso y violento, pulidas como piedras de río mediante besos y caricias, lenguas y mordiscos, silencios y golpes de saliva”.

¡Qué bien hablan nuestro idioma común en Sudamérica! Pero esta es otra cuestión.

Retorno al tema del artículo. D. MacedoB. Dendrinos y P. Gounari  en el libro Lengua, hegemonía y poder: la hegemonía del inglés: “Igual que las políticas coloniales del pasado, la ideología neoliberal, con la globalización como su símbolo, continúa para promocionar políticas lingüísticas que lanzan al inglés como una ‘súper’ lengua que debe ser adquirida por todas las sociedades que aspiran a la competitividad en el orden económico del mundo globalizado”. Mas los efectos son otros como la imposición de una determinada cultura, especialmente la norteamericana, con otros valores del individualismo, el consumismo, la mercantilización de la sociedad. Hoy nuestros jóvenes están más familiarizados con las hamburguesas de Burger King que con los bocadillos de jamón serrano. Y todos los españoles, sumisos a todo lo que venga de allí, sucumbimos ante el Black Friday, Halloween,  y el uso, queda mucho mejor, de Champions League en lugar de la Liga de Campeones…

No estoy en contra del uso de una lengua hablada internacionalmente para facilitar la comunicación entre los seres humanos. Pero de lo que sí estoy en contra es de determinados efectos colaterales muy negativos de la imposición del inglés. Veamos algunos. Al respecto me parece interesante el vídeo disponible en la red, de Patricia Ryan, profesora de inglés, titulado Don´t insist on English! (No insistas en inglés). Entre otras cosas señala: «Hoy día las lenguas están desapareciendo más rápido que nunca. Cada 14 días desaparece una; y, a la vez, el inglés es la lengua mundial por excelencia. ¿Podría haber alguna conexión? Su enseñanza es un gran negocio. Según el último ranking mundial de universidades, las mejores están en Reino Unido y EEUU. Mas, si no eres nativo has de pasar un examen. ¿Es correcto rechazar a un estudiante solo por su conocimiento lingüístico? La investigación, las revistas científicas todas en inglés. ¿Qué ha pasado con la traducción? En el Renacimiento islámico se traducía muchísimo. Del latín y el griego al árabe y al farsi, y de esas a las lenguas germánicas y romances de Europa. Y así iluminaron la Edad Media europea. No estoy en contra del inglés. Pero no debe ser un obstáculo. Nuestro sistema equipara inteligencia con saber inglés, algo arbitrario. (Mientras emite tales palabras como fondo aparece la figura de George Bush) Grandes genios no tenían que saber inglés. Un claro ejemplo: Einstein. Afortunadamente no tuvo que aprobar un examen de inglés, porque el TOEFL, el examen de inglés estadounidense, no existía antes de 1964.

Esta semana acaba de aparecer en determinados medios de comunicación la noticia de que el ansia por dominar el inglés parece que se les está yendo de las manos a los holandeses. Las universidades de Maastricht y Twente acaban de ser demandadas por una asociación de docentes que considera que su oferta de clases en inglés es excesiva: el 23% de los grados y el 77% de los másters se imparten en lengua inglesa  También va a intervenir la Inspección de Educación de los Países Bajos, por no haber tomado medidas para frenar esta situación, que supuestamente pone en riesgo el idioma y la educación de los jóvenes. “La Ley de Educación Superior establece que las clases deben tener lugar en holandés, a menos que haya necesidad de utilizar otro idioma. La demanda es sólo la culminación de una protesta que lleva meses cociéndose en los Países Bajos. Un manifiesto firmado por más de 6.000 personas cuenta sus motivos de fondo. “El uso excesivo de inglés conduce a la degradación del lenguaje. El nivel C1 es insuficiente para dar clases en la universidad. El vocabulario es un 40% más pobre que en la lengua materna y ello implica una pérdida de calidad en la educación”. Además, la asociación considera que el aumento del inglés se debe a razones puramente económicas: “Las universidades quieren generar más ingresos y por eso, atraen alumnos internacionales. En definitiva razones de tipo económico.  

 En España está ocurriendo lo mismo. En las fechas cercanas a la preinscripciones para las matrículas en muchos centros educativos de primaria y secundaria, privados, concertados o públicos, observamos rótulos «centro bilingüe». Obviamente es inglés. Su enseñanza es sinónimo de excelencia educativa. No he visto ninguno con el rótulo «centro educativo para la solidaridad».

Este mantra del bilingüismo, sobre todo en inglés, aunque también algunos centros en francés y alemán, se ha extendido por todas las comunidades autónomas desde la de Madrid. Madrid, es el rompeolas de las Españas.  Diferentes informes disponibles en red: del Área de Educación de Izquierda Unida, de la Plataforma Acción Educativa y de la Universidad Carlos III se muestran muy críticos sobre los programas de bilingüismo. Señalan «el bilingüismo que se está implantando en el actual sistema educativo resulta destructivo para las asignaturas impartidas en inglés, que son sacrificadas en aras del aprendizaje del idioma, con una creciente dificultad en el alumnado a la hora de comprender los conceptos específicos de cada disciplina». Los libros de texto de las materias en inglés lo único que hacen es reducir los contenidos y abordar las asignaturas, ya desde primaria, dando por supuesto que el alumnado que nació siendo bilingüe o en un mundo angloparlante.

Además se está configurando como un elemento de segregación social. En los centros con programas y secciones bilingües se agrupa al alumnado según el dominio del idioma. En el grupo no bilingüe se concentran precisamente los que más dificultades tienen. Esto se contradice abiertamente a una educación basada en la equidad y la inclusividad en la educación obligatoria. En las aulas bilingües ha aumentado el porcentaje de alumnado de familias con estudios universitarios (del 33% al 39%), el de familias de ocupaciones profesionales (24% al 29%); disminuyó el de alumnado inmigrante (del 19% al 13%), en particular los de origen latino (que pasaron del 10% al 6%) y el de alumnado con necesidades educativas (del 11% al 6%). Como analiza Rendueles (2016) «Seguramente la herramienta de discriminación social más ambiciosa que se ha ideado en España es el programa de bilingüismo de la Comunidad de Madrid (CAM), una auténtica pesadilla elitista». Como los alumnos no pueden seguir el ritmo de aprendizaje del inglés, los padres, que pueden, tienen que recurrir a profesores particulares o academias. ¡Proliferan como setas en Zaragoza!

Se ha desarrollado un gran negocio de la evaluación del inglés a través de exámenes por empresas externas para el alumnado de 2º, 4º y 6º de Primaria, y de 2º y 4º de ESO. Pruebas encargadas a corporaciones asociadas a universidades inglesas y que cobran por cada examen entre 40 y 100 euros. Estos exámenes externos no se ajustan estrictamente al currículo del curso, sino que son establecidos por las instituciones en función de sus propios protocolos, alineados con los niveles del Marco Común Europeo. Dado que han pasado más de 200.000 alumnos/as solo en Madrid en diez años, imaginemos el negocio que pagamos la ciudadanía, para acreditar el nivel de bilingüismo. Esa presión por acreditar el inglés ignora los ritmos de aprendizaje de los alumnos y desprecia la opinión de los educadores.

Como dice Ángel Santamaría, no se puede renunciar al aprendizaje del inglés y otras lenguas extranjeras en el sistema educativo público, pero no nos obsesionemos con ser bilingües a cualquier precio. Y mucho menos por preguntarnos a cada rato si lo somos, pagando —eso sí— para que nos respondan.

Lengua y poder: la hegemonía del inglés