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martes 24/5/22

Intervención de Errejón en el Foro Internacional Por la Emancipación y la Igualdad

En el Teatro Nacional Cervantes en Buenos Aires, con la organización de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, se realizó durante los día 12-13 y 14 de marzo de 2015 el  Foro Internacional Por la Emancipación y la Igualdad. La asistencia fue tan masiva, que muchos tuvieron que escuchar las ponencias fuera del teatro.  Sus objetivos fueron analizar los procesos de transformación que se han dado en Argentina y en Latinoamérica, una región que logró trasladar el eje de la discusión y la acción política hacia la izquierda, enfocándose en la defensa de los intereses nacionales y la inclusión de las mayorías populares. Además, las ponencias y discusiones desarrolladas esos días fueron una nueva oportunidad para debatir sobre los cambios en curso en Europa y los actuales intentos de socavar los procesos democráticos latinoamericanos con el evidente propósito de restaurar el statu quo neoliberal", según palabras de la ministra de Cultura de la Nación, Teresa Parodi.

En la mesa 2 | América Latina y Europa en espejo, participaron Iñigo Errejón e Ignacio Ramonet (España) Ricardo Forster (Argentina) Álvaro García Linera (Bolivia)
Moderador: Diego Tatián

Mi pretensión en estas líneas es resumir lo fundamental del discurso de Iñigo Errejón. No hace falta señalar que lo dicho por él, comprobado su protagonismo en la política española actual, tiene un gran interés para todo aquel preocupado por la cuestión política. Fue un discurso de gran calado político, y que fue interrumpido en numerosas ocasiones con aplausos por el público asistente.

Errejón valientemente señala que cuando decimos “América Latina y Europa en espejo” no estamos diciendo calco ni copia. Estamos diciendo, por primera vez, y eso es un fenómeno sí nítidamente revolucionario, la posibilidad de diálogo. La posibilidad de venir al sur, aquellos que también somos del sur, de un trozo de sur en el norte, de venir al sur, no a poner etiquetas, sino a discutir, a dialogar e intercambiar experiencias. PODEMOS no habría sido posible sin el inmenso arsenal de conceptos, de análisis, de pensamiento y de coraje que lleva quince años demostrando América Latina.

Continúa Errejón en su disertación: las tareas son diferentes. Aquí la batalla fundamental es institucionalizar las transformaciones de época para que no dependan de una victoria electoral y se constituyan ya en un suelo mínimo de la convivencia que ni siquiera los adversarios puedan revertir, en Europa estamos en otro momento político. En Europa estamos precisamente en el momento de la apertura, de la capacidad de construir una fuerza política que altere los equilibrios viejos y que le devuelva las instituciones a la gente, a las mayorías sociales, toda vez que es verdad que aunque las instituciones se siguen determinando, en algunas de ellas, por el voto popular, ha habido una dinámica oligárquica que las ha venido secuestrando. Los ciudadanos votábamos cada cuatro años, pero eso no era el elemento determinante para ver cómo iban a funcionar las instituciones y al servicio de quién. Se ha producido un fenómeno de secuestro de la soberanía popular por unos poderes financieros emancipados de cualquier control ciudadano. Es muy importante que se vote, son muy importantes los derechos civiles. Pero no basta con eso para que haya democracia. Para que haya democracia tiene que haber condiciones reales para la gente corriente que no tiene amigos poderosos, que no es privilegiada; que las instituciones funcionen para el interés general; que la disputa política esté abierta también para los no poderosos; que las condiciones de vida aseguren que los ciudadanos no tengan que vivir con miedo; y que si no se dan estas condiciones, no hay democracia. Nuestra tarea, por tanto, es de invención democrática, de apertura, de construcción de un poder popular que sea capaz de revertir unas cuantas décadas de intento de cancelar la política. De revertir unas cuantas décadas de imaginación conservadora, que creyó que en Europa se podía desterrar la política. Esa imaginación conservadora que creyó que Europa había llegado -y además se ufanaba de ello con arrogancia-, a un nivel de modernidad tal que nosotros ya no nos emocionamos con la política. En Europa no discutimos de cuestiones tan sustancialmente diferentes: discutimos de matices entre gestores que tienen la corbata azul o que tienen la corbata roja. Pero lo fundamental, la discusión política, la pasión, los afectos, la confrontación de ideas y de proyectos, eso ya está afuera. Nosotros ya habríamos iniciado un tiempo plano de la gestión, en que la política no es más que la administración de las cosas, siendo las grandes decisiones tomadas fuera de la esfera pública, y por tanto fuera de la capacidad del alcance de la gente corriente. Esta utopía conservadora, que durante un tiempo no sólo se ha mirado dentro de Europa, sino que también se ha permitido dar lecciones hacia fuera y decir “Ustedes todavía se emocionan con la política y gritan y a veces cantan y a veces lloran y confrontan ideas. Pero eso es porque no son suficientemente maduros. Eso es porque no han alcanzado un grado suficiente de madurez política”.

Bien, esa utopía conservadora hoy se resquebraja en Europa, en un momento en que vuelve la hora de la política y muestra que la democracia no es el fruto de un acuerdo fundamental sobre el conjunto de las cuestiones (y que las cuestiones las gestionen técnicos), sino que la democracia es fundamentalmente la posibilidad de defender proyectos diferentes, de que existan canales para que incluso los más humildes a veces se puedan convertir en mayoría y puedan girar las instituciones para ponerlas al servicio de sus necesidades.

Dicho esto, habla de la situación política de España. Existe una crisis orgánica del régimen político nacido en 1978. Esto es, del agotamiento de un ciclo político abierto por la Constitución de 1978, de sus actores fundamentales, de sus consensos fundamentales, de sus instituciones principales, de sus certezas, y también de un tipo de articulación social, de un tipo de bloque de poder que ha regido nuestro país durante los últimos 35 años.

Define con siete elementos esta crisis orgánica

1º) Una ofensiva oligárquica.  No es una irrupción revolucionaria que haya roto los compromisos. Han sido los privilegiados los que han roto el contrato social vigente, lo que marcó el escenario de convivencia desde los contratos sociales de posguerra después de la Segunda Guerra Mundial. Se han concentrado como nunca en las últimas tres décadas mayor renta, poder y capacidad de decisión política en la cúspide de la pirámide, y deparando mayor empobrecimiento para la mayoría de la población. Así que en primer lugar, una ruptura de los compromisos, una ruptura del acuerdo por parte de los sectores privilegiados.

2º) El  desprestigio de los actores políticos fundamentales, pero también la pérdida de cohesión de las élites. Desprestigio acelerado de las élites tradicionales y de sus partidos, que aún todavía consiguen muchos votos, pero que es un voto que comienza a verse escindido de la identificación. Es una suerte de voto cínico: “Bueno, yo voto pero ya no me lo creo. Voto, pero no me ilusiona. Voto, pero no me entusiasma”. Los que mandan todavía mandan, pero no son capaces de articular en torno a sí el consenso mayoritario de la sociedad, o de representar las esperanzas de avance, de progreso, de la mayor parte de la población. Pero también, y es muy importante, la pérdida de cohesión de las élites. Estas desde hace algunos años, han dejado de comportarse como un cuerpo homogéneo, y han empezado a vivir un proceso de descomposición, casi de comportamiento corporativo egoísta, de “sálvese quien pueda”. Pero eso también impide a los actores dominantes articular planes de largo plazo, les impide pensar estratégicamente, les impide lanzar proyectos de medio o de largo recorrido.

3º) La propia crisis de las instituciones y del Estado de derecho. Los representantes políticos tienen cada vez más problemas con el normal funcionamiento del Estado de derecho, y hay instituciones tradicionalmente conservadoras y afectas al bloque dominante que, solo el hecho de hacer normalmente su trabajo, les coloca frente a una buena parte de los entramados mafiosos que durante este ciclo político engrasaron y pusieron en conexión el sistema de partidos y el sistema económico.

4º) La crisis de un modelo de desarrollo que con las turbulencias financieras se ha mostrado extraordinariamente débil. La crisis de un modelo de desarrollo que expulsa a sus mejores jóvenes, porque no tiene producción de alto valor añadido en España, pero que acepta servilmente  un papel de periferia europea de servicios de bajo valor añadido, de poca economía del conocimiento, de la construcción de las actividades especulativas, de las actividades turísticas, compitiendo en una especie de espiral nefasta. Compitiendo por abajo, no intentando competir por arriba sino compitiendo en devaluación salarial, en devaluación de derechos, en menos costes de garantías sociales, de servicios públicos. La crisis de este modelo de desarrollo, que se manifiesta fundamentalmente en que para los planes de los poderosos ahora mismo sobra un tercio del país en España.

5º)  Crisis de las promesas de certidumbre y de ascenso social. La crisis de la promesa o la quiebra de esta idea por la cual cada generación viviría mejor que la anterior y, por tanto la pérdida, muy importante para el caso de los sectores medios, de esa certidumbre por la cual la obediencia al conjunto de normas que había que seguir era recompensada con el ascenso social individual. En el momento en que eso se ha quebrado, la oligarquía se ha visto en crecientes dificultades para articular en torno a sí a una serie de sectores sociales que no jugaban un rol protagónico pero que eran centrales en el mantenimiento del viejo bloque de poder..

6º) Europa. La importancia de Europa. Con la vuelta de la política, de la ruptura de la excusa que para muchos sectores o que para muchos de nuestros malos gobernantes constituía Bruselas. “No se puede hacer otra cosa porque viene de Bruselas”. “Estos son los deberes que vienen de Bruselas, si no hacemos esto vamos a caer en un pozo de atraso, de pobreza, de caos”. Cuando han sido exactamente las políticas dictadas por Bruselas las que nos han sumido en un pozo de pobreza, de atraso, de caos, en una situación en la que ya hemos comprobado, y la situación de Grecia ha demostrado, que eran mentira todas las razones por las cuales debíamos adoptar las políticas de austeridad. En España las políticas de austeridad supuestamente tenían, en primer lugar, dos objetivos: uno, que estuviéramos en mejores condiciones de pagar la deuda. La deuda no ha parado de crecer. Dos, que estuviéramos en condiciones de crear empleo, lo que hemos hecho ha sido una masiva destrucción del empleo y de horas trabajadas expulsando a una buena parte de nuestra población y repartiendo la miseria. Quienes han llevado el proyecto de integración europea a la catástrofe y al colapso han sido las élites financieras, los lobbies, que han secuestrado a la soberanía popular. Si el sueño europeo era algo, era el sueño de la libertad, de los derechos humanos. El sueño de que sus ciudadanos no tuvieran que vivir con miedo. El sueño de la protección social.

7º) Para entender la crisis orgánica en España hay que entender el ciclo de protestas, de movilización colectiva, de recuperación de la política por la gente corriente abierto por el Movimiento 15 de mayo. Este ciclo de protestas se encontró con un Estado sólido. Y hay que reseñar este dato claramente y subrayarlo: en España hay una crisis de régimen político, no hay una crisis de Estado. No va a quebrar el monopolio de la violencia, la ordenación del territorio, la prestación de los servicios esenciales, no vamos a ver presidentes huyendo de la Casa de Gobierno en helicóptero. En España hay una crisis de régimen, pero no hay una crisis de Estado. Eso hizo que la acumulación de protestas no fuera suficiente. Eso no significa que no fueran útiles. Significa que no fueron suficientes. No consiguió alterar los equilibrios de poder en el Estado. Pero ciertamente construyó un nuevo clima de época, que ayudó a que las élites todavía gobernantes se encontraran ya a la defensiva, que tuvieran que hablar con palabras que no les pertenecían y les incomodaban, que tuvieran que incluir en la agenda demandas que no les gustaban. Es gracias al ciclo de protestas del 15 de mayo y los indignados, gracias a tanta gente que se movilizó, que se han abierto posibilidades políticas inéditas en España.

¿Y cuál es la situación política ahora? La situación política ahora es la de una posibilidad de cambio inédita en muchos años de nuestra Historia. Después de un ciclo largo de enfados, de descontento, de tristeza, o incluso de protestas de forma fragmentada, sin un lenguaje común, sin un horizonte común, sin un “nosotros” que las agrupara, hoy estamos en condiciones en las que podemos decir que es un trabajo en marcha, es una tarea en marcha. Pero hay condiciones claramente para que, lo que antes eran descontentos fragmentados, hoy sean una voluntad colectiva, una voluntad popular nueva. Nosotros lanzamos una iniciativa electoral que no tenía demasiada base social previa. Dijimos: nos parece que las razones de cambio son ya hoy razones de sentido común, y que merece la pena cometer una osadía y atreverse, sin que en absoluto esté garantizado cómo van a salir las cosas. Y encontramos que hubo mucho eco popular. Encontramos que había muchas ganas, que había posibilidad de articular lo que hoy era un descontento fragmentado, disperso, sin referentes, sin símbolos comunes. La batalla electoral también era una batalla de construcción de identidad política nueva, de identidad popular nueva y con capacidad además de atravesar los alineamientos anteriores. Están desesperadas las élites políticas viejas en España por devolver la discusión política a los términos de antes, por devolverla a las certezas y a las palabras de antes, cuando ellos eran los que monopolizaban la representación política, y por evitar esta anomalía que, nosotros decimos muy en broma, ellos nos recetaron muchas veces. Cuando la gente salía a protestar en España, recibían un comentario socarrón y burlón, a menudo arrogante, por una buena parte de las élites políticas: “Bueno, es que al fin y al cabo protestar es muy fácil. Otra cosa es: creen una fuerza política y preséntense a las elecciones”. Y nosotros decimos que les agradecemos el consejo, porque hoy estamos en condiciones de recuperar nuestro país, precisamente gracias al consejo.

Las tareas de los que trabajamos para el cambio, tienen que ser tareas de expandir la articulación, de reducir y de enfrentar la campaña de miedo con la que las élites nos están enfrentando. Tenemos un momento crucial en el que, en ausencia de mayor capacidad de seducir, el arma fundamental de lo viejo, de los actores políticos viejos, de quienes hasta ayer monopolizaban el poder, es una inmensa y masiva campaña de miedo para que los ciudadanos les tengan más miedo al cambio político que al mantenimiento de lo que existe. Y es nuestra tarea y nuestra responsabilidad, enfrentar esa campaña de miedo y demostrar que todas y las mejores conquistas de la gente humilde han nacido cuando han dejado de tener miedo y cuando han decidido en función de sus propios intereses.

En esa situación, nosotros decimos que tenemos al menos tres tareas.

En primer lugar, la tarea de conquistar una fuerza, de una fuerza política que entre en las instituciones con la fuerza suficiente como para evitar la reversión a lo viejo.

 En segundo lugar, nosotros tenemos la tarea de la formación política, de la formación de los mayores, del reclutamiento, de la mano tendida, y del trabajo político, intelectual y de gestión con los mejores cuadros que ayuden no solo a hacer las cosas diferentes, y esto lo hemos aprendido de América Latina. No solo a hacer las cosas diferentes de como las hacía el adversario, sino hacerlas mejor. Y para eso vamos a necesitar siempre a los mejores, y ése es un trabajo intelectual, político y de gestión de primer orden.

Y en tercer lugar, el trabajo de construir un pueblo que esté en condiciones de reclamar su soberanía, que esté en condiciones de reclamar que el país real no pueden ser aquellos que tienen sus cuentas corrientes en Suiza. Sino que es su gente, que son sus familias. Que el país de verdad es nuestra gente, y que nos empuje, nos acompañe, y tensione empujando el horizonte de lo posible, más allá de lo que dicen los que hasta ayer vendían resignación y hoy solo pueden vender miedo.

Intervención de Errejón en el Foro Internacional Por la Emancipación y la Igualdad