Nuevatribuna

Iniciado el proceso irreversible hacia el bipartidismo

En determinados momentos históricos se hace necesario crear una apariencia de cambio revolucionario con el fin último de que la base, el núcleo del sistema, permanezca incólume e inalterado

La Transición tras la muerte del dictador, presentada por la academia y los grandes medios como uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad, que instauró la tan deseada democracia se basó fundamentalmente en 5 pilares: la Monarquía, unas Cortes bicamerales, la Constitución de 1978 con su Título VIII para encauzar las aspiraciones de autogobierno de determinados territorios del Estado; el bipartidismo, y una ley electoral.

La crisis económica y la irrupción del 15-M supusieron un cuestionamiento a esos pilares, exigiendo un reajuste o reforma de ellos en profundidad. A la Monarquía en gran parte por los  lamentables y conocidos ahora, antes no, comportamientos del monarca emérito. A las Cortes  por su falta de sintonía con la problemática de la sociedad, puesta de manifiesto por el hecho de que el Congreso de los Diputados tuvo que estar protegido durante un largo periodo de tiempo con alambradas y las Fuerzas de Orden Público. A la Constitución por la reforma del artículo 135, con el olvido simultáneo de los derechos sociales y económicos, además del agotamiento del Título VIII para encauzar las aspiraciones del nacionalismo catalán. Al sistema bipartidista al no recoger las aspiraciones de amplios sectores de la sociedad. Y finalmente al sistema electoral, claramente injusto para representar la soberanía popular, y con listas cerradas y bloqueadas por el aparato del partido y que imposibilita la cercanía entre el diputado y sus electores.

Todos estos cuestionamientos anteriormente comentados, que parecía iban a suponer unos cambios políticos,  hoy estos se pretende eliminarlos. Da la sensación que haya intento desde los grandes poderes fácticos, sobre todo económicos, de retornar a la situación anterior a la crisis. Como si no hubiera ocurrido nada. La tarea resulta harto complicada. La Monarquía ha vuelto a ser rearmada y superprotegida tras la entrada de Felipe VI, pero no ha salido indemne de la crisis, al haber sufrido un gran desgaste por el gobierno de Rajoy, no sé si irreparable, como consecuencia de obligar al monarca a pronunciar su discurso del 2 de octubre del 2017 ante la crisis catalana; además de que la tercera fuerza política se decanta claramente republicana.

En cuanto a los intentos de elaborar un discurso para presentar a las Cortes, como auténtica representación de la soberanía popular, han resultado baldíos, ya que el desencanto mostrado hacia ellas con la crisis, no solo no ha sido corregido, sino que ha sido incrementado en esta legislatura por su inoperancia política.

En cuanto a  la Constitución su modificación necesaria será complicada, sobre todo, porque el miedo escénico al cambio de la clase política del 78 determinó la elaboración de una Constitución esculpida en piedra granítica, lo que ha imposibilitado e imposibilita su adaptación y mejora de acuerdo con las lógicas exigencias del devenir de los nuevos tiempos. Toda regla tiene excepción, cabe recordar la reforma de nuestro artículo 135, anteriormente comentado. Pero ese miedo escénico al cambio constitucional parece mantenerse, ya que todas las propuestas de reforma constitucional presentadas hasta ahora en esta legislatura están bloqueadas por la falta de consenso entre las diferentes fuerzas políticas. 

En cuanto a la reforma electoral necesaria igualmente, de momento, las diferentes propuestas están bloqueadas también como las de la reforma constitucional.

Y como muestra palpable del intento de retornar a la situación política anterior a la crisis,  podemos observarla especialmente en el proceso irreversible iniciado hacia la restauración del bipartidismo. Es cierto que, de momento, según las encuestas, en su mayoría cocinadas, se mantienen los cuatro grandes partidos, además de los nacionalistas periféricos. Pero el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez es un claro ejemplo del intento de restaurar el bipartidismo. Insisto, proyecto diseñado desde los grandes poderes fácticos, especialmente los económicos. Susan George, señaló que “lo que los ciudadanos creemos que decidimos con nuestros votos lo han decidido tres o cuatro en torno a una mesa”. Expondré mi argumentación.

Parece haberse producido un pacto entre PP y PSOE. La abstención primera del PSOE resulta sorprendente, a no ser que hubiera un pacto: para repartirse el gobierno entrambos en esta legislatura. Resulta no menos sorprendente, de no existir un pacto, que el PP, o Rajoy, prefiriera perder el Gobierno en lugar de dárselo a otro presidente popular. Dolores de Cospedal dijo que no estaba garantizado el apoyo suficiente parlamentario, pero tal afirmación fue corregida muy pronto por el PNV. Había un pacto para que Rajoy dimitiera y con el apoyo del PNV y de Cs el PP seguir en el Gobierno con alguien limpio de corrupción. Perder la moción de la censura por parte del PP parece que se hizo a propósito. ¿Por qué? Les interesaba pasar a la oposición Ese abandono voluntario del Gobierno del PP serviría durante estos dos años próximos para arreglar o atenuar sus problemas ante la avalancha de denuncias de corrupción, cambiar de líder, y así estar preparado para las próximas elecciones generales, con los lógicos apoyos mediáticos, y además de su gran reserva de votos en la tercera edad recuperar muchos de Cs. El PSOE en contrapartida en el gobierno ganará en visibilidad y lógicamente incrementará sus expectativas electorales, quitando votos a Cs y Podemos. En base a lo expuesto lógicamente se reduciría el espacio político actual de Ciudadanos. De ahí el enfado mayúsculo de Rivera ante el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez, mucho mayor que el de los populares. Las palabras del portavoz popular, Hernando, son puro teatro, fuegos de artificio. Y todavía se reducirá mucho más el espacio político de C's si se encauza de una manera razonable el problema de Cataluña, ya que gran parte de su fuerza política radica en el mantenimiento del enfrentamiento de Cataluña. Puigdemont y Rivera se retroalimentan mutuamente. Igualmente se achicaría el espacio político de Podemos en beneficio del PSOE, propiciado por el mantenimiento de los ataques furibundos de los grandes medios de comunicación hacia los podemitas, y por las torpezas de sus líderes políticos, de las que ya han dado suficientes muestras, y de momento, no hay indicios, que tengan intención de corregirlas.

Así las cosas, da la impresión que PP y PSOE ganan tiempo para recuperarse entre la ciudadanía. O lo que es lo mismo, el inicio de un proceso hacia el retorno al bipartidismo, que ha sido uno de los grandes pilares de nuestra democracia en estos 40 años, así como la Monarquía, las Cortes, la Constitución y el sistema lectoral vigente. Que como acabo de exponer todos ellos se mantendrán tal cual con muy ligeros y superficiales cambios, de acuerdo con una estrategia gatopardiana o lampedusiana, según la cual en determinados momentos históricos se hace necesario crear una apariencia de cambio revolucionario con el fin último de que la base, el núcleo del sistema, permanezca incólume e inalterado.