jueves 6/8/20

Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos (teorías críticas)

De Razmig Keucheyan, Profesor Agregado en la Universidad París-Sorbona (París IV) y Doctor en Sociología por la misma universidad; oriundo de Ginebra, Suiza, es el libro Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos,  editado originariamente en 2010 en francés, en 2013 fue traducido al inglés y al castellano.

Representa todo un acontecimiento por dos razones. En primer lugar, porque el objeto estudiado posee una incuestionable actualidad a pesar del tiempo trascurrido desde su publicación. En efecto, los pensamientos críticos o teorías críticas (TC) a partir de ahora, examinadas por Keucheyan son teorías producidas por autores contemporáneos que, por lo general, se encuentran en pleno desarrollo y abordan problemas actuales. En segundo lugar, porque lo que se ofrece en este trabajo es el trazado de un amplio mapa cognitivo en el que prácticamente no queda fuera ninguna expresión teórica a la que la izquierda radical haya dado lugar en el último tiempo. Sin lugar a dudas, uno de los mayores méritos del libro reside en la amplitud de sus objetivos. Da cuenta del estado en el que se halla el pensamiento de izquierda hoy día a nivel global.

Para el autor, las TC actuales son hijas del proceso de reflujo de la izquierda que comienza a mediados de los setenta y que alcanza su punto álgido en 1989, con la caída del Muro de Berlín. El ciclo podría haber empezado tanto con el surgimiento de la nueva izquierda en 1956 como con la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa o, incluso, con la Revolución Francesa: “Tres comienzos —1789, 1914-1917 y 1956— para un único final, es decir, 1989”.  En cualquier caso, lo que importa es que las nuevas TC son teorías de la derrota — es decir, teorías que se encuentran condicionadas por y que reflexionan sobre la derrota—. Una consecuencia inmediata de la relación que los pensadores críticos contemporáneos guardan con la derrota es la búsqueda de referencias teóricas por fuera del marxismo e incluso del estructuralismo —los paradigmas a los que claramente les han sido planteados los mayores desafíos en los últimos tiempos—. Es por esto que en el repertorio de las nuevas TC se rehabilitan nociones como soberanía, ciudadanía, utopía o multitud. Asimismo, aparecen nuevas referencias como las de Carl Schmitt, la teología política o la religión en general. Para el autor es crucial enfatizar que la consolidación de las actuales TC no implica que se haya puesto un punto final a la derrota. Subraya que “en el momento actual, la izquierda radical continúa estando, muy evidentemente, a la defensiva”.

Keucheyan se plantea unas preguntas claves: ¿En qué estado se encuentra hoy la izquierda desde un punto de vista intelectual? ¿Cuáles son sus teorías críticas y en qué condiciones políticas y sociales se producen?

Un primer aspecto es que las teorías críticas (TC) están cada vez más globalizadas. Las ideas siempre se han movido en el  mundo. Antes, se elaboraban en Europa occidental y oriental. Sin embargo, a fines de la década de 1970, se produjo una clara aceleración de esta globalización. Así, entre los pensadores críticos más leídos hoy:  el peruano Aníbal Quijano, el esloveno Slavoj Zizek, el chino Wang Hui, el hindú Gayatri Spivak, el japonés Koijin Karatani, el mexicano Néstor García Canclini, al argentino Ernesto Laclau, el camerunés Achille Mbembe…No obstante, Europa sigue siendo un centro importante para su producción: Alain Badiou, Toni Negri, Jacques Rancière, Giorgio Agamben.

Esta globalización está vinculada a la americanización. En esa globalización, existen poderes hegemónicos como  los Estados Unidos. Históricamente, el centro de gravedad hegemónico de las TC se ha movido hacia el oeste: primero, Europa oriental y central para el marxismo clásico, luego Europa occidental para el marxismo «occidental» y ahora Angloamérica. Si este movimiento continúa hacia el oeste, Asia podría ser el nuevo centro de gravedad en el futuro. Los citados autores, incluidos los europeos, enseñan en universidades estadounidenses, porque  estas  tienen una larga historia de integración de exiliados intelectuales.

Otro aspecto de las TC es su profesionalización, es decir, que los pensadores críticos de hoy son casi exclusivamente académicos. Periodistas, líderes sindicales o de partidos, guerrilleros como el Subcomandante Marcos, también  las producen. Pero en la mayoría de los casos, son elaboradas por profesores, y específicamente de ciencias humanas. Esta profesionalización supone una ruptura importante con periodos anteriores, y particularmente con el marxismo clásico. Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo o Gramsci no eran académicos. Eran líderes políticos y periodistas. Por supuesto, el hecho de que los pensadores críticos de hoy sean en su mayoría académicos tiene implicaciones importantes por la forma en que se moldean sus ideas, el lenguaje conceptual abstracto usado y su relación con la política.

La profesionalización ha desviado a los pensadores críticos del campo político. De hecho, la política y los campos intelectuales se han vuelto más separados o autónomos en la segunda mitad del siglo XX. Esta desconexión entre la teoría y la práctica, que comenzó con el marxismo occidental, ha aumentado hoy. Hoy en día, casi nunca se da el caso de que los pensadores críticos sean miembros de organizaciones de clase trabajadora. Ellos son estrictamente académicos.

Otro aspecto de las TC es que contienen muchas referencias a la religión, principalmente al cristianismo y el judaísmo. Alain Badiou escribió un libro sobre San Pablo.  Giorgio Agamben también escribió otro sobre San Pablo, titulado El tiempo que queda, que es un comentario de la Epístola a los Romanos. ¿Cómo explicar estas referencias religiosas a personajes como San Pablo? La cuestión que plantean  estas figuras teológicas es la de saber  cómo es posible seguir creyendo y esperando, cuando todo parece ir en contra de la creencia, cuando las circunstancias son totalmente hostiles. Es normal que los pensadores críticos sientan la necesidad de encontrar una respuesta a este problema. Las experiencias  de construcción de una sociedad socialista han finalizado todas de una manera dramática. ¿Cómo continuar creyendo en la posibilidad  del socialismo cuando los hechos han invalidado brutalmente en numerosas ocasiones esta idea? La teología puede servir.

Por último en las TC contemporáneas el marxismo ya no es hegemónico. Como teoría, el marxismo está vivo y bien hoy. También ha podido, en los últimos años, asumir nuevos objetos, por ejemplo, la ecología. Esta capacidad para adaptarse a los desafíos intelectuales de una nueva época es el criterio principal para juzgar la vitalidad de una tradición intelectual, y es bastante obvio que el marxismo ha superado esta prueba.

Sin embargo, incluso si el marxismo es analíticamente más interesante en la actualidad, ha perdido su hegemonía sobre las TC y la clase obrera y los movimientos sociales en general. Hasta 1980, el marxismo era el idioma principal en el que se formuló la experiencia de la injusticia, no era solo una teoría elaborada por y para los intelectuales, era una ideología vinculada a organizaciones y regímenes que incluían a millones de personas. Casi todas estas organizaciones y regímenes han desaparecido. Hoy, por primera vez en su historia, los marxistas son una minoría en un conjunto más amplio de TC, donde dominan las no marxistas, como el postestructuralismo, o la filosofía de Jacques Rancière, o la teoría de reconocimiento de Axel Honnet. Tras un paréntesis postmarxista, es posible que el marxismo en formas renovadas gane fuerza.

En mayo de 2017, una revista le preguntó al presidente francés Emmanuel Macron qué consejo le daría a un joven para entender el mundo. Su respuesta: «Lea a Marx».

Quiero extenderme sobre el acierto de la respuesta de Emmanuel Macron. Lo que viene a continuación no tiene nada que ver sobre la obra de Keucheyan.

John Berger fallecido en 2017, expresa en su artículo  Dónde hallar nuestro hogar:   “Ella se rió, se sirvió más vino blanco. ¿Ese es Karl Marx, no? Él asintió mirando la sábana. Marx fue un gran profeta. ¿Cómo veía el futuro?, preguntó ella. Los ricos serán más ricos”.

En estos momentos de triunfo incuestionable a nivel ideológico del neoliberalismo  ensalzar a Karl Marx supone una auténtica osadía, ya  que tal acción  implica el verte sometido a ataques furibundos por todo el aparato político, mediático e intelectual dominante. Especialmente porque se ha extendido la opinión interesada de que las ideas de Marx fueron las que propiciaron todo un conjunto de calamidades para la humanidad, desde asesinatos en masa, hambrunas, los gulags, y  un despotismo brutal con la pérdida de libertad para millones de hombres; e igualmente las figuras crueles de Stalin en la URSS, de Mao Tse Tung en China y de Pol Pot en Camboya. Responsabilizar a Marx de las monstruosidades de estos regímenes “comunistas” es tan descabellado como el hacerlo a Jesucristo de la Inquisición. De entrada, porque nunca Marx hubiera legitimado estos regímenes liberticidas y además porque  nunca pensó que el socialismo pudiera triunfar en sociedades atrasadas como la Rusia zarista, la  China imperial o una Camboya recién independizada. Muy al contrario, tuvo la convicción de que se implantaría en un país occidental, como Alemania o Inglaterra, con un determinado nivel de desarrollo económico e industrial. Los críticos de Marx no suelen recordar los crímenes genocidas del capitalismo: las hambrunas de finales del siglo XIX en Asia y África,  el genocidio del Congo, de por lo menos 10 millones de sus súbditos africanos; la carnicería de la I Guerra Mundial; y los horrores del fascismo, un régimen al que el capitalismo tiende a recurrir cuando se ve acosado.  Como señala Antoni Domench  “Se han olvidado interesadamente que, además de unos cuantos mamarrachos del partido nazi, en los juicios de Nuremberg fue juzgada –y condenada—como responsable última y beneficiaria principal de los crímenes nacionalsocialistas la crema y la nata de la oligarquía industrial y financiera alemana: los Flick, los Siemens, los von Thyssen, los Krupp, etc., etc. Casi todos los seguidores actuales de Marx rechazan las villanías de Stalin y de Mao, mientras que muchos no-marxistas no hacen lo mismo con las del capitalismo. Marx estuvo allí para presenciarlo y lo denunció “El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza hasta los pies“.

El marxismo realiza una explicación muy completa de los orígenes del sistema capitalista, de las leyes de su funcionamiento y de la manera para poder eliminarlo. Es una teoría de cómo las adineradas naciones capitalistas podrían utilizar sus inmensos recursos para lograr la justicia y la prosperidad para sus pueblos. De ahí el inmenso atractivo que ha ejercido tanto en muchos intelectuales, como en grandes masas de los pueblos del mundo. Como ha señalado Tony Judt, la baza más fuerte del marxismo fue la seriedad moral de la convicción de que es un movimiento dedicado firmemente a representar y defender los intereses de los marginados de la historia frente a una minoría explotadora. El contraste no puede ser mayor si lo comparamos con la ideología neoliberal, que precisamente va en dirección contraria.

Para Terry Eagleton, el auténtico sentido de los escritos de Marx se pueden resumir en determinadas preguntas que se hizo y que hace ya bastante han dejado de plantearse: ¿Por qué el Occidente capitalista ha acumulado más recursos de los que jamás hemos visto en la historia humana y, sin embargo, parece incapaz de superar la pobreza, el hambre, la explotación y la desigualdad? ¿Cuáles son los mecanismos por los cuales la riqueza de una minoría parece engendrar miseria e indignidad para la mayoría? ¿Por qué la riqueza privada parece ir de la mano con la miseria pública?

Un concepto clave del marxismo cual es la lucha de clases, el auténtico motor de la historia, expuesto en 1848 en uno de los libros más influyentes de la historia contemporánea y que sigue reeditándose El Manifiesto Comunista, no ha perdido actualidad. Warren Buffet lo ha dicho “la lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando“. Marx teorizó que el sistema capitalista (intrínsecamente injusto y autodestructivo) empobrecería inevitablemente a las masas, a medida que la riqueza se concentrara en las manos codiciosas de unos pocos, causando crisis económicas y reforzando el conflicto entre los ricos y las clases trabajadoras, ya que “la acumulación de riqueza en un solo polo genera al mismo tiempo en el polo opuesto la acumulación de miseria, trabajo duro y agónico, esclavitud, ignorancia, brutalidad y  degradación mental”. Lamentablemente, son evidentes las estadísticas que demuestran que los ricos son cada vez más ricos, mientras que la clase media y los pobres cada vez son más pobres. La lucha de clases ha regresado. El enfurecimiento de los trabajadores en el mundo va en aumento y exigen su justa parte de la economía global. La tensión entre el capital y el trabajo ha alcanzado unos niveles inéditos desde las revoluciones comunistas del siglo XX.

Eso deja abierta una posibilidad escalofriante: que Marx no sólo diagnosticara correctamente el comportamiento del capitalismo, sino también su resultado. Si los políticos no encuentran nuevos métodos para asegurar oportunidades económicas justas, acaso los trabajadores del mundo decidan, simplemente, unirse, como  ya recomendó Marx en El Manifiesto Comunista “Proletarios del mundo uniros”. Puede que entonces Marx se tome su venganza. Por todo lo expuesto considero que el pensamiento de Marx sigue vivo, por más que no hayan faltado sepultureros para su enterramiento.

Termino también con unas palabras de  John Berger del artículo ya mencionado Dónde hallar nuestro hogar: “Alguien pregunta: ¿todavía eres marxista? Nunca ha sido tan extensa como hoy la devastación ocasionada por la búsqueda de la ganancia, según la define el capitalismo. Casi todo mundo lo sabe. Cómo entonces es posible no hacerle caso a Marx, quien profetizó y analizó tal devastación. La respuesta sería que la gente, mucha gente, ha perdido sus coordenadas políticas. Sin mapa alguno, no saben adónde se dirigen”.

Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos (teorías críticas)