Jueves 27.06.2019

Hagan algo, por favor, todos, políticos, medios. No echen más leña al fuego, por réditos electorales o aumentar los lectores

El pasado sábado, 24 de agosto  leí un artículo de Danel Arzamendi en el Diari de Tarragona, titulado Ens farem mal (Nos haremos daño), que me impresionó profundamente. Me impresionó porque venía a reafirmar lo que yo estaba pensando, aunque en el fondo me resistía a que fuera cierto. La idea básica es muy clara y el título es muy explícito, al final nos vamos hacer daño, se refiere a los catalanes. Mas, cualquier español no puede adoptar la postura, plena de irresponsabilidad y autismo políticos, de alegar eso es cosa de los catalanes, ellos se la han buscado. ¡Cómo no nos va afectar al resto de España lo que allí está ocurriendo! También nos haremos daño, ya nos lo estamos haciendo, el resto de los españoles.

Danel certifica que se está extendiendo un sentir de que la posibilidad de ruptura de la convivencia pacífica en Catalunya  está cada vez más próxima. ¿Y por qué? Pues porque es cada vez más patente la multitud de personas ideológicamente sobreexcitadas en Catalunya, militantes de uno y otro bando que asisten a este conflicto con los nervios a flor de piel, y que puedan perder la cabeza ante una desgracia puntual provocada por un adversario descerebrado. Y los hay en los dos lados de la trinchera cada vez más profunda. Sigue diciéndonos, Danel, nos acercamos a una fechas delicadas, que lejos de invitar a la reflexión sosegada sobre el riesgo que conlleva esta espiral enfermiza, probablemente aumenten aún más la tentación de politizarlo absolutamente todo, metiendo el dedo en el ojo y jugando con la paciencia de nuestros vecinos que piensan diferente. Se refiere a las fiestas de Santa Tecla en Tarragona, y a la Diada del 11 de septiembre a nivel nacional. Parece que a medio país le sobra el otro medio y viceversa, un contexto político y social que no augura nada bueno. Son realmente dramáticas tales palabras. Tanto me impresionaron que el artículo lo remití rápidamente a bastantes amigos por Internet, con alguno de los cuales comentamos que en Salou el mismo fin de semana al encontrarse dos manifestaciones contrarias, una independentista y otra españolista, estuvieron a punto de llegar a las manos de no haberse interpuesto los Mossos de Esquadra. Y estaban tan preocupados como yo.  No hace falta ser un experto en historia para saber que los grandes incendios se inician con un simple chispazo, si se ha acumulado suficiente material inflamable. Y aquí hay mucho acumulado. Y todos los indicios señalan que cada vez se va a echar más leña al fuego. No quiero detenerme en el grado de responsabilidad, sobre quiénes son los culpables. Cada cual tendrá su opinión, propiciada más desde la visceralidad que desde la razón. Si está es la realidad actual, se debería exigir a los políticos suficiente altura de miras para tratar de desactivar tanta tensión. Deberían estar reunidos ya e ininterrumpidamente, mañana, tarde y noche, hasta llegar a una solución momentánea, aunque no fuera definitiva. Es su obligación. Pero me temo que esto es pedir mucho, porque están más preocupados de contentar y excitar a sus audiencias respectivas con poner o quitar lazos, y cuando acaben los lazos, ya encontrarán algo distinto. Y aunque no sirva para nada, como dijo con buen criterio, Iñaki Gabilondo: en una empresa privada, la productividad de nuestros políticos justificaría des­pidos masivos sin derecho a indem­nización.

También los medios de comunicación se deberían sumar a esta tarea de distensión. Esto es evidente. Los medios de comunicación de acá y de allá, salvo algunas rarísimas excepciones, también tienen su grado de responsabilidad en el origen y el recrudecimiento del problema catalán, ya que ni antes ni ahora han contribuido  a propiciar el diálogo, que es el instrumento básico para resolver los problemas políticos. Muy al contrario, han contribuido irresponsablemente a agravarlo. Ha habido un periodismo de trincheras. Y siguen las trincheras todavía más profundas. Y bandos irreconciliables. Es un periodismo como el NODO, de blanco o negro. No hay matices. O santo o asesino.  Muchos periodistas apuntan al objetivo y disparan. Al estar en posesión absoluta de la verdad,  no hay concesión para el que piensa diferente. Dicen a su audiencia lo que esta quiere oír. Toda posibilidad de tender puentes es dinamitada a cañonazos verbales.

En cuanto a la sociedad catalana y española cabe pedirles calma, sosiego y templanza. Y que no se dejen influir por los discursos y relatos de esos políticos y medios, que se han comportado y siguen de una manera tan irresponsable.

Del artículo de Danel me impresionó la frase del final, que he subrayado  y repito “Parece que a medio país le sobra el otro medio y viceversa, un contexto político y social que no augura nada bueno”. Me resisto a pensar que esto sea cierto, aunque tengo mis dudas razonables. ¿Tanto odio se ha acumulado en Cataluña y también en el resto de España?  La periodista alemana Carolin Emcke señala  en su libro Contra el ODIO cómo combatirlo. El odio solo se combate rechazando su invitación al contagio. Quien pretenda hacerle frente con más odio ya se ha dejado manipular, aproximándose a eso en lo que quienes odian quieren que nos convirtamos. Cabe pensar que estas palabras las entenderán algunas fuerzas políticas y algunos de sus seguidores.

Como hago mías las palabras de Carolin Emcke, “Mas, no quiero que el nuevo placer de odiar libremente se normalice”, exijo, suplico muy preocupado que  hagan algo, por favor, todos, políticos, medios. No echen más leña al fuego, por réditos electorales o aumentar los lectores. Si no lo hacen la historia les pasará factura. ¿Acaso quieren volver a 1936? Supongo que no.

Hagan algo, por favor, todos, políticos, medios. No echen más leña al fuego, por...