Miércoles 19.06.2019

La gran oposición a la exhumación de Franco es una prueba indudable de una democracia enferma

En el fondo, los que se oponen a la exhumación de Franco es porque quieren que la presencia de su victoria permanezca para siempre

Que tras 43 años de la muerte del dictador, Francisco Franco, el Funeralísimo según Rafael Alberti, su cuerpo permanezca en el Mausoleo del Valle de los Caídos, es una muestra palpable de la debilidad de nuestra democracia. Que tras 22 años de gobierno de la izquierda desde la instauración de la democracia se mantenga esta anomalía democrática es lamentable. En cuanto a los partidos de derechas es comprensible que no hayan hecho nada para subsanarla. Mucho más grave, no solo no han hecho nada, es que se han opuesto. Son patéticos. Y especialmente el partido de Albert Rivera, que traía aire fresco a la política española. Afortunadamente, esta anomalía democrática va a ser subsanada ya que en el Consejo de Ministros de 24-8-2018 se ha aprobado el Real Decreto Ley por el que se modifica la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y dictadura conocida como Ley de Memoria Histórica, para permitir la exhumación y traslado del dictador Franco del Valle de los Caídos. Ya era hora. ¿Lo veremos? Tengo mis dudas. Ojo a que se ponga en marcha la máquina judicial. En el fondo los que se oponen es porque quieren que la presencia de su victoria permanezca para siempre.

También me parece muy grave que para amplios sectores de la sociedad española tal cuestión les resulta irrelevante; y otros sectores incluso se muestran en contra. De ello como docente me siento en parte responsable. No hemos sido capaces de inculcar en nuestros alumnos determinados valores democráticos. Una democracia debe condenar sin paliativos una dictadura.

La gran mayoría de los españoles, que superan los 18 años, han estudiado el Bachillerato, en cuya etapa educativa han cursado como asignatura obligatoria Historia de España. Dentro de su currículo están incluido como temas el franquismo y la Transición. A través de tal asignatura, según establece el currículo, los alumnos deberán adquirir determinados valores y hábitos de comportamiento, como la actitud crítica hacia las fuentes, el reconocimiento de la diversidad de España, o la valoración del patrimonio cultural e histórico recibido. Asimismo, tal estudio deberá contribuir a fomentar una especial sensibilidad hacia los problemas del presente, que anime a adoptar una actitud responsable y solidaria con la defensa de la libertad, los derechos humanos y los valores democráticos. Trabajar estos valores es una obligación del profesorado. Si me he referido a la asignatura de Historia de España es porque como profesor de Historia la he impartido en diferentes cursos. Pero inculcar los valores comentados tiene un carácter trasversal, que deben ser transmitidos, trabajados e inculcados en todas las asignaturas. La conclusión de lo dicho tiene que ser clara. Tal como se manifiesta la sociedad sobre la exhumación, a los docentes nos debería servir de motivo de reflexión. No quiero llegar a pensar que muchos compañeros de la disciplina de Historia, no hayan explicado y mostrado las características reales o hayan pasado de puntillas sobre la dictadura de Franco. No ha sido mi caso. Yo me he mojado. En cierta ocasión, el Director del Instituto me dijo que dos padres se habían quejado del tratamiento de la asignatura de Historia de España. Le pregunté por los motivos de la queja. Me contestó “Es que has dicho que Franco ha sido el mayor genocida de la Historia de España”. Ah, le repliqué ya más tranquilizado, que si querían podían venir ambos padres a hablar conmigo, y que les daría  más detalles sobre lo que significa la palabra genocidio. Por cierto, no vinieron.

Me parece pertinente sobre el tema, que estoy comentando, mi artículo La Enseñanza de Historia en el mejor colegio de Chile, publicado en este mismo periódico de fecha 10 de septiembre de 2013. Ahí va como motivo de reflexión para compañeros de Historia, pidiéndoles disculpas por si alguno se siente aludido. Era así:

El 30 de diciembre de 2012 el Presidente (el delegado de los alumnos) del 4°F Humanista (se correspondería con 2º de Bachillerato en España) del Instituto Nacional de Santiago de Chile, una de las instituciones educativas públicas de mayor prestigio, Benjamín González, en el acto solemne de despedida de los alumnos ante todas las autoridades educativas y políticas dijo estas palabras:

“Cuando me embarqué en la tarea de hacer un discurso con motivo de la Licenciatura, me encontraba con más dudas que certezas. ¿Qué digo? En primera instancia, intenté hacer algo similar a los discursos que he escuchado en las ceremonias de aniversario del colegio. Hacer un breve repaso de la historia del Instituto Nacional fundado en 1813. Recordar que han sido institutanos 18 presidentes de la República de Chile. Entre los que destacan Pedro Aguirre Cerda, José Manuel Balmaceda y, el poco mencionado en los discursos, Salvador Allende. Pero no. Hoy no vengo a repetir ni recordarles lo que ya todos sabemos…

Hoy, vengo hablar de aquello que todos como institutanos callamos. De aquello que la historia oficial prefiere olvidar y dejarlo fuera de lo público. Recuerdo claramente el segundo día de clases de 2007, cuando llegó una profesora, y nos empezó a contar la historia de este colegio, además de decir que del Instituto Nacional han salido 18 Honorables Presidentes de la República, nos comentó que también habían salido de esta institución importantes forjadores de la patria, que cuando nos pasaran Historia de Chile en segundo medio sabríamos. Sin embargo, luego de que en el preuniversitario me pasaran Historia de Chile, reconozco que la profesora obvió el contarnos varios detalles. Detalles como que entre los 18 presidentes de Chile, no son pocos los que tienen las manos manchadas con sangre de este pueblo. A modo de ejemplo, institutano fue Pedro Montt Montt, presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “Cuestión Social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago. Fue un institutano Manuel Bulnes Prieto, quien sofocó la Revolución Liberal de la Sociedad de la Igualdad, causando decenas de bajas. Fue institutano también, Aníbal Pinto, presidente de Chile, quien nos condujo a una absurda guerra contra nuestros hermanos peruanos y bolivianos por intereses oligarcas. Esta guerra, la Guerra del Pacífico, causó 3 mil bajas en Chile y más de 10 mil bajas en los países vecinos. Diego Portales también fue institutano…

Para concluir esta catarsis contenida por 6 años, me gustaría compartir con ustedes dos anécdotas que me ocurrieron este año en el colegio. Corrían los primeros meses del año, cuando equis profesor preguntó en voz alta a todo mi curso: ¿Quién de aquí sabe qué es la comisión Valech o el informe Rettig? Ninguna mano se levantó. Nadie de un cuarto medio humanista del “Mejor colegio de Chile” lo sabía. Y la segunda, casi en la misma línea: El 11 de Septiembre del año que se va, cayó martes. Día en el cual me tocaba por asignatura Historia Electivo e Historia Común. En mi interior, cuando me dirigía al colegio pensé que por lo particular de la fecha, y por ser un curso Humanista usaríamos esas 3 horas para discutir respecto al tema. Craso error. Parece que eran más importante las Batallas Napoleónicas en Historia Común y la Ley de oferta y demanda en historia electivo que las bombas de ruido que se escuchaban explotar en el colegio a esas horas de la mañana. Comentando con unos compañeros en el recreo la situación, recordamos que nunca, en los 6 años que llevamos en el colegio nos pasaron el Golpe de Estado (donde, paradójicamente, murió un Presidente Institutano. Es decir, haciendo el experimento que yo sólo sepa lo que me han pasado en el colegio y nada más, no sabría quién fue Augusto Pinochet. Repito: Cuarto medio humanista en el mejor colegio de Chile…”.

A la hora sembrar, sensibilizar e inculcar los valores democráticos en la ciudadanía, obviamente no es tarea única de la educación, ya que existen otros ámbitos que deben contribuir: la familia, los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación, iglesias, etc. Valores que no está mal recordar, que según el catedrático de la Universidad de Zaragoza, Manuel Ramírez, fundamentalmente son: la verdad política absoluta no existe, fomento de la capacidad crítica de los ciudadanos, valoración de la existencia de una sociedad pluralista, comprensión de la democracia como valor e incluso como utopía, personalidad democrática caracterizada por la comprensión y el diálogo, fomento de las virtudes públicas en detrimento de las privadas, asimilación del valor positivo del conflicto, estimulación de la participación y de su utilidad; y conciencia de la responsabilidad y ejercicio del control.

Por otra parte, la democracia no es un regalo del cielo, que viene sin más ni más. Hay que cultivarla y mimarla, para hacerla cada vez mejor. Hay que socializarla en diferentes ámbitos, como he comentado, pero como docente considero fundamental  la escuela, tal como señalaba Aristóteles en la Política, al analizar las causas de la inestabilidad de los regímenes y abordar las medidas para su permanencia:

“Pero entre todas las medidas mencionadas para asegurar la permanencia de los regímenes políticos es de la máxima importancia la educación de acuerdo con el régimen, que ahora todos descuidan. Porque de nada sirven las leyes más útiles, aun ratificadas unánimemente por todo el cuerpo civil, si los ciudadanos no son educados y entrenados en el régimen, democráticamente si la legislación es democrática, y oligárquicamente si es oligárquica…

Continúo con mi autocrítica como docente. Si alguno tiene interés puede leer mi artículo publicado en El Periódico de Aragón de 12-8-2017, titulado ¿Es democrática nuestra escuela? En la pregunta está implícita la respuesta.

La gran oposición a la exhumación de Franco es una prueba indudable de una democracia...