Legitimar, justificar u ocultar determinadas actuaciones de España, es una concepción totalmente errónea de patriotismo. El verdadero patriotismo es reconocer tanto los errores como los méritos de España

He sido profesor de Historia en determinados institutos en tierras valencianas y aragonesas. He impartido bastantes cursos la asignatura de Historia de España en 2º de Bachillerato. Y hasta hace pocas fechas desconocía un acontecimiento trágico de nuestra Historia. Ningún profesor en mis años de Licenciatura de Geografía e Historia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zaragoza me permitió conocerlo. En ningún manual de Historia de España de 2º de Bachillerato pude leerlo. Me estoy refiriendo: “En la Guerra de Marruecos entre 1921 y 1927, el ejército español empleó sistemáticamente en el Rif fosgeno, difosgeno, cloropicrina y, sobre todo, yperita, un producto más conocido con el nombre de gas mostaza”. Según la historiadora Rosa María Madariaga, que ha investigado el tema, “España no fue el primer país que utilizó gases tóxicos en una guerra. Antes lo habían hecho en la I Guerra Mundial Alemania, Francia e Inglaterra. Si posteriormente los países vencedores decidieron abstenerse de emplearlos contra otros europeos; contra los pueblos colonizados no tenían ya los mismos escrúpulos: Inglaterra los utilizó en Iraq en 1919-1920 y, después que España en el Rif, la Italia de Mussolini los utilizaría masivamente en Abisinia en 1935-1936. Eso sí, España fue el primer país que utilizó la aviación para esos bombardeos”. Obviamente, el tema es de extraordinaria importancia y gravedad para que sea desconocido para gran parte de la sociedad española.

Me parece pertinente señalar cómo pude conocerlo. Fue leyendo las intervenciones en la Comisión de Asuntos Exteriores del 7 de febrero de 2018, en la que el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, Dastis Quecedo informó sobre la política exterior de España en África. El portavoz de ERC, Tardá y Coma le dijo: “La Asamblea Mundial Amazigh se dirigió al rey de España, al jefe del Estado, en el año 2015 pidiendo que tuviera la sensibilidad suficiente como para asumir que existe una deuda pendiente en todo lo que afectó al uso de material químico durante los años 1921 y 1927, en el siglo pasado. Ya sabe, el uso de armamento químico sobre población civil, aquello que se ha llamado el Gernika rifeño. Debo decirle que anteriormente otras iniciativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados intentaron —recuerdo algunas de Esquerra Republicana, en concreto ya lo hizo en el 2007— que el Estado español asumiera responsabilidades y reconociera el mal perpetrado. Como quiera que el Partido Popular siempre se negó a ello, la Asamblea Mundial Amazigh se dirigió al jefe del Estado y este les contestó —en una carta que tengo aquí y que se la libraré— que el Ministerio de Exteriores tomaría cartas en el asunto. Así, en el año 2015 se dirigieron al Ministerio de Exteriores comunicándoles que lo hacían por sugerencia del jefe del Estado. Pues bien, la Asamblea Mundial Amazigh todavía no ha obtenido respuesta del ministerio y ya han pasado más de dos años. Es una gran falta de sensibilidad, es una absoluta falta de sensibilidad, puesto que estamos hablando del Gernika rifeño, algo que ha cuajado en el sentir de aquella población. Debería responderles. Usted sabrá si tiene que hacerlo o no, pero, después de dos años, es incomprensible, máxime cuando fue sugerido por el jefe de Estado, y ahora le libraré la carta al rey y la que ellos les enviaron a ustedes.”

La respuesta de Dastis fue: “En cuanto a la Asamblea Mundial Amazigh, fruto de la petición del rey, se les recibió en la Embajada de España para que presentaran sus peticiones y para que se examinaran posibles vías de cooperación, y voy a ver qué seguimiento se le ha dado a la cuestión”. Ustedes mismos pueden sacar conclusiones sobre la importancia que le había dado el ministro al tema. 

No resulta baladí recordar la respuesta del portavoz del PP Fernández Díaz, exministro de Interior y de profundas creencias religiosas, a la Propuesta no de Ley presentada en la Comisión Constitucional de 14 de febrero de 2007 de reconocimiento de responsabilidades y reparación de daños como consecuencia del uso de armamento químico en el RIF presentada por ERC. Abróchense los cinturones. Ahí va la respuesta tremenda:  “Imagino que si la gente que va por la calle, que va a leer los periódicos, que va a escuchar la radio o a ver la televisión escucha que en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados hemos hablado hoy de memoria histórica y cosas por el estilo, van a pensar en lo que todos estamos pensando, y cuando hablamos de la guerra del Rif no sabrán si hablamos del Ritz -del hotel Ritz- (Un señor diputado: Qué gracioso.) o de la guerra del Rif, y seguramente empezarán a pensar que quizá los diputados del Congreso español estamos en estos momentos poco atentos a las preocupaciones y prioridades de la sociedad española y de los españoles tengo la absoluta convicción”.

Hay mentes muy retrógradas con una visión muy parcial y equivocada del concepto de patriotismo, al considerar que el criticar a determinas instituciones como el ejército, la iglesia católica y la monarquía, es una ataque a España. En absoluto. La historia tiene que construirse sobre la verdad y no sobre la mentira o la ocultación de los hechos

Yo me quedé totalmente perplejo y estupefacto ante la gravedad e importancia de tal hecho. Insisto, siendo profesor de historia, desconocía tal acontecimiento. No obstante, siempre es tiempo para aprender. Lo comenté con algunos colegas de profesión, de los cuales algunos tampoco lo conocían. Un silencio extraordinariamente sospechoso. Obviamente interesado por el tema decidí seguir profundizando.

Ignacio Cembrero en un artículo del 9 de febrero del 2002 en El País titulado El veneno que llegó al Rif desde el cielo señala que la primera prueba la aportaron en 1990 dos investigadores alemanes, Rudibert Kunz y Rolf Dieter Müller, en su obra Gas venenoso contra Abdelkrim. Alemania, España y la guerra del gas en el Marruecos español (1922-1927), sobre las ventas de Berlín al Gobierno español de armas químicas y la posterior ayuda alemana para construir la fábrica de La Marañosa (Toledo).

El británico Sebastián Balfour, profesor en la London School of Economics, publicó en el 2002 el  Abrazo mortal: de la guerra colonial a la guerra civil en España y Marruecos (1909-1939), donde reconstruyó la vertiente química de la guerra colonial. Su obra, fruto de cuatro años de investigación, aporta numerosas novedades sobre la que fue la tercera utilización en la historia -después de la I Guerra Mundial en Europa, y por el Reino Unido, en Irak, en 1919- de un armamento prohibido por los tratados internacionales. “Siempre fui refractario al empleo de los gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho y de su traidora y falaz conducta [en la batalla de Annual], he de emplearlos con verdadera fruición”, escribía en un telegrama, el 12 de agosto de 1921, el general Dámaso Berenguer, alto comisario español en Tetuán. Cuatro años después de Annual, el rey Alfonso XIII afirmaba al agregado militar francés en Madrid, al que recibía en audiencia, que había que dejar de lado las “vanas consideraciones humanitarias”, porque “con la ayuda del más dañino de los gases” se salvarían muchas vidas españolas y francesas. “Lo importante es exterminar, como se hace con las malas bestias, a los Beni Urriaguel y a las tribus más próximas a Abdelkrim”, concluía el monarca.

Tras un minucioso rastreo por los archivos españoles, franceses y británicos, Balfour fecha el primer ataque español con fosgeno en noviembre de 1921, en los alrededores de Tánger. Disparado por la artillería, el gas mostaza hizo su aparición en la batalla de Tizzi Azza, en julio de 1923. Hubo que esperar un año más para que, por primera vez, la aviación bombardease a una tribu, la de Beni Tuzin, con estas armas tan mortíferas. Los aeroplanos españoles 'han dañado gravemente los pueblos rebeldes, usando con frecuencia bombas de gas lacrimógeno y asfixiantes que causaban estragos entre la pacífica población', informó poco después el mariscal Louis-Hubert Lyautey, la máxima autoridad del Marruecos francés. 'Gran número de mujeres y niños han acudido a Tánger para recibir tratamiento médico…'.

Según la historiadora Rosa María Madariaga, sobrina de Salvador Madariaga, autora de los libros España y el Rif. Crónica de una historia casi olvidada; Los moros que trajo Franco. La intervención de tropas coloniales en la guerra;  En el barranco del lobo: Las guerras de Marruecos; Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia; y Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del Protectorado español, “Después de tantos años de silencio y olvido, el que hoy se sepa y reconozca públicamente que España utilizó gases tóxicos en la guerra del Rif es hacer justicia a la verdad histórica. No sólo es preciso un reconocimiento público, sino también una condena. Creo que como mejor podría hoy España reparar colectivamente el daño causado a los rifeños sería incrementando sustancialmente la ayuda al desarrollo de la región”. Sobre el porqué de la incidencia de cáncer en el Rif no hay estudios exhaustivos que establezcan las causas, pero algunos apuntan a los efectos a largo plazo de aquel veneno caído del cielo. El mismo que en estos momentos cae sobre los sirios. 

Igualmente existe un Documental de Javier Rada y Tarik El Idrissi sobre la masacre química en la guerra del Rif titulado Arrhash (Veneno) Armas químicas en la guerra del Rif, donde se han recogido las voces de los historiadores (Sebastián Balfour. María Rosa Madariaga) y ha logrado dar con algunos de los últimos testimonios directos de aquel ataque indiscriminado. Ahora se hace público en Internet, tras recorrer diversos festivales nacionales e incluirse en el fondo documental del CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), de la Universidad de Harvard y de otra universidad de Chicago.

La pregunta que deberíamos hacernos los españoles es muy sencilla. ¿A quién beneficiaba nuestra presencia en Marruecos?

Pablo Díaz Morlán, doctor en Historia por la Universidad del País Vasco, desnuda en apenas 200 páginas, toda la pretensión “romántica”, “altruista” o “benéfica” de la acción española en el Protectorado de Marruecos en su libro Empresarios, militares y políticos. Los intereses empresariales empujaron la acción militar y política de España en el Rif.

El Gobierno de España puso el dinero y mucho (5.600 millones de pesetas, entre 1909 y 1931, el pueblo español los muertos (21.000), por supuesto de las clases humildes, ya que los ricos pagaban una cuota para librarse, llenando las tierras del norte de Marruecos de héroes a la fuerza, y solo un puñado de empresarios, entre los que destacaban Romanones, Güell y  Zubiría, que jamás pisaron el territorio normarroquí, recogieron los beneficios mil millonarios, casi de modo íntegro (2.100 millones de pesetas en seis décadas de existencia). 

Las Guerras de Marruecos alteraron toda la política española del siglo XX, hasta el punto de provocar la Semana Trágica de Barcelona (1909), o dar origen y justificación  a la Dictadura de Primo de Rivera en 1923, para evitar las responsabilidades militares tras la hecatombe de Annual. Como también las prácticas brutales ejecutadas por el estamento militar en Marruecos, algunos militares las trasladaron a la península tras el golpe del 18 de julio de 1936

El historiador bilbaíno muestra su extrañeza por el hecho de que pese a la importancia de la Compañía Española de Minas del Rif (CEMR), solo un historiador y un único libro, se hayan ocupado de esta compañía minera, que condicionó, auspició y empujó casi toda la política española de penetración militar en el norte de Marruecos. Se refiere a Vicente Moga y a su libro Un siglo de historia de las minas del Rif.

Termino con una reflexión breve pero muy clara. Legitimar, justificar u ocultar determinadas actuaciones de España, como la comentada, es una concepción totalmente errónea de patriotismo. El verdadero patriotismo es reconocer tanto los errores como los méritos de España. Lo que ocurre es que hay mentes muy retrógradas con una visión muy parcial y equivocada del concepto de patriotismo, al considerar que el criticar a determinas instituciones como el ejército, la iglesia católica y la monarquía, es una ataque a España. En absoluto. La historia tiene que construirse sobre la verdad y no sobre la mentira o la ocultación de los hechos. Es una cuestión de honestidad y de dignidad profesional del oficio de historiador. Estas han sido las razones últimas de la confección de este artículo.