sábado 24/10/20

¿Cómo se puede ser equidistante ante la situación política actual?

Que hay muchas y poderosas fuerzas políticas, mediáticas, institucionales, sociales y económicas que quieren derribar este gobierno de coalición es una obviedad. Yo no sé si existe alguna trama “patriótica” diseñada en algún despacho de la Castellana o en algún chalet de La Moraleja, pero todo da que pensar. Con ese objetivo trabaja la derecha política en el Parlamento, la cual desde el primer momento deslegitimó al gobierno actual, que había surgido de las urnas.

Aquí la derecha no apoya al gobierno ante la pandemia, algo excepcional con respecto al resto de los países. Pero esta antipatriótica excepcionalidad se muestra  también  en que utiliza la pandemia para derribarlo. Tales excepcionalidades quizá podamos explicarlas recurriendo a nuestra historia. Las democracias maduras europeas tienen un elemento sustancial que las define y les aporta solvencia ética y política: el antifascismo. No es el caso de España, porque nuestra historia ha sido muy distinta. En Europa el fascismo al ser vencido, fue posible un juicio legal a los criminales. En España, sin embargo, la República fue derrotada dos veces: por el fascismo y por los aliados, como decía Indalecio Prieto, cuando pedía que los aliados consumaran el plan de liberación de Europa del fascismo. Por ello, aquí no hubo juicio alguno a los criminales responsables de la represión franquista. E incluso se van a la tumba con premios y medallas. Y la huella fascista, hasta hace poco soterrada, hoy se alardea de ella.

Según Antoni Gutiérrez-Rubí en el libro Gestionar las emociones políticas, el insulto juega un papel clave en la lucha política. Lo usó en campaña electoral Trump contra Hillary Clinton y le funcionó. Ahora los Abascal, Casado hacen lo mismo contra Sánchez e Iglesias. Será difícil encontrar políticos en nuestra democracia con tantos y tan truculentos insultos. Ahí van algunos proferidos por Casado a Sánchez: «incompetencia culposa», «hacedor de sainetes», «ineptitud», «chiste de Gila», «fracaso estrepitoso», «bajeza moral», «usar a las víctimas», «chapuzas», «ruina», «usar a los españoles como a perros de Pavlov», «falsario», «negligente», «Gran Hermano», «hipertrofiado», «irresponsable», «caos», «nefasto», «zoco de prebendas», «tomar a parados como rehenes», «fraude», «contratación opaca»… Abascal acusa al Gobierno de «homicidio», de una política «criminal», y a Iglesias «de dejar morir a los ancianos porque no le gustan los viejos». Nunca había oído semejantes palabras en el Parlamento. Y lo más llamativo, que a medida que se va controlando la pandemia más se intensifica la violencia verbal de las derechas.

En esta práctica política cuentan con el apoyo incondicional de importantes medios escritos, audiovisuales y telemáticos, especialmente capitalinos. Hay portadas, editoriales y artículos de opinión vomitivos. Es un periodismo de trincheras, que escupe odio y que disfruta con la carroña. Son los Inda, Marhuenda, María Claver y Federico Jiménez Losantos. A este último, nuestra provincia de Teruel te estará siempre profundamente agradecida por tu siembra de valores para el diálogo, la convivencia y la democracia. ¡Cuánto daño están haciendo estos individuos a nuestra democracia? ¿Son periodistas? El periodismo tendría que ser un oficio impregnado de ética. Como señaló el gran periodista Ryszard Kapuscinski: «Las malas personas no pueden ser buenos periodistas».

Debemos añadir  la incorporación de  nuevos protagonistas a esta para algunos misión patriótica. Estamos observando que determinadas instituciones, esperemos que sea  con carácter minoritario, la Guardia Civil y la Justicia, se han sumado a esta misión patriótica. Se trata del informe elaborado por el instituto armado en calidad de policía judicial,  que trata de vincular el 8-M con el coronavirus y que ha resultado clave para la imputación del delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, y que el objetivo final  es imputar al gobierno completo de España. Algunos medios han demostrado que es un informe técnicamente impresentable,  que no merece llevar el sello de una institución como la Guardia Civil, con medias verdades, falsedades y que usa como fuente a medios como Ok.Diario, dirigido por el ínclito Inda. Un medio pleno de solvencia informativa.

Está urdido para demostrar la culpabilidad. ¿Tenemos seguridad jurídica los españoles? En cuanto al aparato judicial, sorprende  la celeridad mostrada por la magistrada de Madrid en este asunto en pleno estado de alarma, cuando los plazos procesales se encuentran suspendidos y la justicia sólo actúa en los denominados por el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) servicios esenciales, que requieren resolución de urgencia.

Esta situación me obliga a hacerme la siguiente pregunta: ¿A España también ha llegado el Lawfare?  El Lawfare es el uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político. Combina acciones aparentemente legales con una amplia cobertura de prensa para presionar al acusado y su entorno (incluidos familiares cercanos), de forma tal que éste sea más vulnerable a las acusaciones sin prueba. El objetivo: lograr que pierda apoyo popular para que no disponga de capacidad de reacción. Es lo que se hizo con Lula en Brasil. ¿Se pretende lo mismo con Sánchez e Iglesias?

Por último desde el mundo empresarial.  No nos engañemos, obviando  las formas en que el PSOE negoció el acuerdo con Bildu, algo totalmente legítimo y democrático,  lo que hay detrás de la reacción de los empresarios es el temor a que cambie un marco laboral "que antepuso sus intereses a los de los trabajadores cuyos derechos fueron seriamente lesionados" con la reforma de la popular Fátima Báñez en la crisis del 2008. O que se implante un impuesto a las rentas altas. En cuanto a la reciente aprobación del ingreso mínimo vital no han tenido otra opción que aceptarlo, ante la situación de pobreza en amplios sectores de la sociedad.

Todo esto ha desembocado  en  que la crispación está desbordada ya en las calles, ese era y es el objetivo de esa trama “patriótica”, explotando las emociones, cada día más importantes en la política. La razón no cuenta.

Que haya 5 millones de contagios; que las economías de todos los países estén en profunda crisis, eso no cuenta para muchos cenutrios. Antonio Machado decía: «Es propio de mentes estrechas, embestir con todo aquello que no les cabe en la cabeza». El culpable de las muertes, del confinamiento, del paro, de la ruptura de España es Sánchez con la ayuda de El Coletas. Los manifestantes de las cacerolas junto con representantes del PP y Vox, mezclados con los de organizaciones ultracatólicas y hasta neonazis, y que con gran sentido patriótico se saltan las normas vigentes poniendo en riesgo la salud pública, repiten la misma consigna: «Sánchez dimisión».

Olvidan que el Gobierno actual surgió de unas elecciones democráticas. Esto tampoco les cabe en la cabeza. Por ello, si quieren quitarlo disponen de un mecanismo constitucional: una moción de censura. Así lo hizo la izquierda para acabar con el Gobierno de Rajoy. Así es la democracia. Mas, la democracia no les sirve, no les cabe en la cabeza. Lo que quieren es que Sánchez se vaya y así se constituya un gobierno de concentración nacional. O sabe dios qué.

Toda esa trama “patriótica” ha trabajado muy bien, al haber  conseguido que la situación política parezca muy semejante a la de julio de 1936. Las acusaciones contra el Gobierno son las mismas que se usaron para el golpe militar del 18 de julio: un Gobierno ilegítimo aliado con la antiEspaña. En 1936 era el comunismo y el separatismo. Hoy, el comunismo representado por Unidas Podemos y el separatismo por ERC y Bildu son los apoyos políticos al Gobierno de Sánchez, el cual además ha de enfrentarse a la peor crisis sanitaria desde la gripe de 1918 y a una crisis económica equiparable a la de la posguerra (1939).

Ha irrumpido una conjunción de coincidencias de fatalidad histórica, realmente explosiva. En unos meses, las secuelas de la crisis económica serán traumáticas. Por ello, el otoño será caliente, que sólo podría enfriarse si el covid-19 renace con fuerza. Pero incluso en este supuesto (en sí mismo terrible), ¿el malestar social tolerará otro confinamiento? Para enfrentarse a todos estos retos será necesario que el Gobierno mantenga los mismos apoyos parlamentarios de la investidura. O los sustituya por otros. Tarea harto complicada, tal como observamos en las diferentes votaciones de los decretos para la aprobación del estado de alarma. Hoy mismo parece que los está recuperando. Si no cuenta con el suficiente apoyo parlamentario para la aprobación de los inevitables «presupuestos para la reconstrucción», las dos únicas salidas democráticas son claras: o moción de confianza o elecciones anticipadas. Esperemos que no haya otras salidas más traumáticas. Me dan miedo. Y no sería la primera vez en nuestra Historia.

Teniendo en cuenta lo expuesto, realmente me resulta sorprendente que se ha extendido la opinión “la situación actual es  responsabilidad de ambos bloques políticos”. Es decir, se ha impuesto la equidistancia. Y es una postura totalmente equivocada. No se puede poner en el mismo plano  de igualdad a aquellos políticos (Sánchez, Marlaska…) que con errores, no tantos como nos quieren hacer creer y en todo caso semejantes a los de otros países,  están intentando encontrar una salida y aquellos como Casado, Abascal, Cayetana… para los que la única salida es esperar la destrucción, el cuanto peor mejor, que les abra la puerta de entrada al gobierno, sea como sea. Se degrada la política con el "todos políticos son iguales". 

Quienes no capten esta diferencia tienen un grave problema de percepción de la realidad política, debido a algún prejuicio político. Ocurre lo mismo con la crispación. ¿Quiénes han embarrado el campo de juego?  ¿Cómo se puede ser equidistante? ¿Quiénes han (ab)usado de las mentiras y las insultos más truculentos desde el primer día, expuestos al principio ? El insulto es, sin duda alguna, un síntoma de cobardía. Es la carencia de argumentos. Cohesiona a las tropas enardecidas dirigiendo su agresividad hacia la ofensa o la humillación del rival, reducido a un enemigo a destruir. La agitación emocional del insulto convierte a la masa en turba, que no quiere justicia, aunque la exija vociferante. Quiere venganza, que es otra cosa muy distinta. Mas, la política iracunda contagia. Ese contagio ya es visible en nuestra sociedad, polarizada con tal agresividad que disuade a los sensatos, inhibe a los tolerantes, intimida a los moderados y ensucia el campo de juego democrático. Mas el odio solo se combate rechazando el contagio. Hacerle frente con más odio, es lo que quieren quienes odian. No les hagamos el juego. Que odien ellos.

Que en algún momento alguno político, tras ser llamado criminal, asesino de ancianos y oír que su progenitor fue un terrorista, explote entra en lo normal, es humano.  

Así que con los errores lógicos   que cometan el Gobierno y el resto de los partidos que sí están por encontrar soluciones, no es equitativa la equiparación del todos los políticos son iguales e intercambiables. Ni tampoco la prensa. No es lo mismo NuevaTribuna que OKdiario. com. Ni tampoco es lo mismo La Vanguardia que ABC. Mas, si alguno todavía tiene alguna duda sobre la susodicha equidistancia, les hago esta pregunta última:  ¿Son equitativas las actuaciones de Salvador Illa y la del ínclito diputado del PP por Ciudad real, Juan Antonio Calleja en la Comisión de Sanidad en el Congreso de los Diputados? Véanlas, compárenlas y saquen conclusiones. 

Y si siguen con la repetida equidistancia, de verdad, es que no solo tienen un problema de percepción política, sino que también de carencia de ética.

¿Cómo se puede ser equidistante ante la situación política actual?