miércoles 20.11.2019

La ciencia (economía) sin conciencia es la ruina del alma

El título de este artículo es de una cita de Rabelais “La ciencia sin conciencia, es la ruina del alma”, que utilizó el catedrático en la Universidad de Sevilla en el Departamento de Análisis Económico y Economía Política, Juan Torres, en la Lección de saludo y bienvenida a los nuevos alumnos de su Facultad el pasado 21 de septiembre. Tal lección pude conocerla en este mismo medio. La he leído varias veces y me ha parecido una auténtica obra maestra al estar impregnada de profundos valores éticos. Cita Juan Torres una anécdota: “Leí del gran economista inglés Alfred Marshall. Este, quizá el economista más prestigioso de su época, tenía siempre presente en su despacho una foto de un mendigo porque decía que no quería que nunca se le olvidara que el objetivo del estudio de la economía no era crear ideas bonitas pero inservibles, sino mejorar la vida de la gente. Y yo, siguiendo modestamente su ejemplo, quiero pedirles que esta misma tarde busquen una foto, un poster, cualquier imagen de nuestro alrededor, de las pateras, de los barrios empobrecidos, de las miserias que sufre tanta gente más o menos cerca de nosotros… para que ustedes tampoco olviden nunca que mejorar su condición de vida debe ser el principal propósito del estudio de la economía y de la empresa que ahora comienzan y de su futura actividad profesional” La lección de Juan Torres la he divulgado a muchos colegas profesores de secundaria con la recomendación que podrían utilizarla en sus clases  con las lógicas adaptaciones a la edad de los alumnos de tal etapa educativa. Y muchos la han valorado extraordinariamente.

El título es muy claro, lo repito otra vez, “la ciencia sin conciencia es la ruina del alma”. Algo que es aplicable a cualquier ciencia, no solo a la economía. Lamentablemente actualmente proliferan por doquier economistas sin conciencia, sin sensibilidad humana, ni preocupación alguna por los problemas humanos. A tal  dramática circunstancia dediqué en este mismo medio el artículo La traición de los economistas, donde recurrí a José María Ridao y a su libro La estrategia del malestar. El capitalismo, desde la caída del Muro hasta la crisis financiera, el cual acusaba a muchos economistas actuales  de haber traicionado la ciencia, de la que se autoproclaman ser expertos. Sus juicios son contundentes: “Son clérigos que celosos de los juicios de análisis destilados de su ciencia, se desentendieron de los crueles efectos de aplicarlos sobre los europeos, a quienes arrojaron sin que les temblase el pulso, soberbios en el baluarte inexpugnable de especulaciones teóricas y de estrategias para las que el sufrimiento humano había dejado de contar, al paro, la miseria, el miedo y la desesperanza”. Todos constatamos  que los programas de austeridad, que han generado tanto sufrimiento humano, no funcionan, y a pesar de ello muchos economistas persisten en ellos y los justifican para los dirigentes políticos, que están al servicio de los grandes poderes económicos, por lo que se les podría aplicar a aquellos las palabras de Upton Sinclaires difícil conseguir que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda”.

Ser pobre es tener menos información, menos posibilidades de elegir tu propia trayectoria y también menos protección contra los propios errores. Todas estas barreras pueden convertirse en trampas en las que los pobres quedan encerrados

Afortunadamente ya cada vez más aparecen economistas como Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Branko Milanovic, Rodrik, Mariana Mazzucato y Thomas Piketty que han desmontado el paradigma dominante neoliberal. Todos ellos destacan el papel clave del Estado y una distribución más justa de la riqueza para el desarrollo económico. Y en la misma línea cabe entender que el  Premio Nobel de Economía haya sido concedido a la llamada poor economic. A tres investigadores que han estudiado cómo hacer que la ayuda de los países ricos tenga efectos en los menos avanzados: Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer. La justificación  oficial del premio destaca entre sus logros “su aproximación experimental para aliviar la pobreza global”. En un momento en que se debate sobre el aumento de las desigualdades y los desequilibrios de la globalización, la elección de estos economistas tiene una especial connotación política y simbólica, ya que con este Nobel la pobreza entra en la agenda global. Esther Duflo ya recibió en 2015 el Premio  Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, y en su discurso destacó la necesidad de entender las causas de la pobreza para "inventar soluciones a esos problemas". Señaló las siguientes ideas:

— Ser pobre es tener menos información, menos posibilidades de elegir tu propia trayectoria y también menos protección contra los propios errores. Todas estas barreras pueden convertirse en trampas en las que los pobres quedan encerrados.

— La pobreza siempre ha estado entre nosotros pero podemos llegar a entenderla y así acabar con ella. 

— Cada experimento [hecho por el proyecto J-PAL]  pruebas aleatorias, nos enseña algo más sobre la naturaleza de la pobreza y nos ayuda a avanzar y a aprender.

— Sean cuales sean nuestras dificultades, los problemas que otros padecen en países que no están tan lejos como parece, son mucho más urgentes y mucho más graves. Y en un mundo cerrado no podemos permitirnos el lujo de darles la espalda.

— La ambición de J-PAL es cambiar el mundo. Queremos cambiar en profundidad la vida de los más pobres, proporcionando a quienes toman las decisiones políticas los medios que permitan inventar y elegir las políticas más eficaces para ayudarlos a superar sus problemas.

— Creemos que no hay ninguna solución milagrosa para el problema de la pobreza: ni la ayuda exterior, ni una apertura total de fronteras, ni el comercio internacional, ni la expansión de la democracia o de la economía de mercado serán suficientes para resolver el problema. Tampoco hay un culpable o un grupo de responsables de esta situación: ni las Naciones Unidas, ni los gobiernos locales, ni las élites pueden, por sí solos, mantener a la población en la pobreza o sacarla de ella.

La galardonada reconoció también que el problema de la pobreza "no se va a resolver de inmediato", aunque se mostró esperanzada: "Si así lo aceptamos, tenemos todo el tiempo por delante". 

Las pruebas aleatoria J-PAL no las inventaron ellos los premiados con el Nobel de Economía. Ya estaban allí. Lo que han hecho Duflo, Banerjee y Kremer es utilizarlas para hacer economía y ayudar a los que menos tienen, viajando a estos países y conociendo de primera mano cuáles son sus problemas. Como dicen ellos en sus discursos, “para acabar con la pobreza hay que entenderla primero”. Ahí está la clave.. Estas palabras me recuerdan a Manfred Max-Neef el reconocido economista chileno y autor del libro Economía Descalza: Señales desde el Mundo Invisible. En su primera respuesta explica el concepto de economía descalza: "Es una metáfora surgida de una experiencia. Trabajé 10 años en áreas de pobreza extrema, en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas de Latinoamérica. Un día estaba en una aldea indígena en la sierra de Perú. Un día horrible; había estado lloviendo todo el tiempo. Parado en una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado sobre el lodo. Nos miramos. Era un hombre de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo el refinado economista de Berkeley, maestro de Berkeley, etc. Nos mirábamos frente a frente y no supe qué decirle; todo mi lenguaje de economista era obsoleto. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el PNB había subido un 5%? Era absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que debía inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza, que, en concreto, significa la economía que un economista usa cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. Los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden la pobreza. Ese es el gran problema. Y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista. Inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida”. ¿Y cuál es ese idioma? "Sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tantos conocimientos como en los últimos cien años. Pero mira cómo estamos. ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? El conocimiento no es suficiente. Carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento es clara. Imagina que tú has estudiado todo lo que puedes estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, bioquímica y biológica sobre el amor. El resultado es que tú sabrás todo sobre el amor, pero tarde o temprano te vas a dar cuenta de que nunca entenderás el amor a menos de que te enamores. ¿Qué significa esto? Que sólo puedes llegar aspirar a entender aquello de lo que te vuelves parte. Cuando perteneces, entiendes. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví, comí y dormí con ellos".

Como colofón a este artículo me parecen muy oportunas las reflexiones de un economista, probablemente el más importante de esta disciplina, pero de los de verdad, que deberían tener en cuenta los oratores, esos perros guardianes, ya que nombrarlos economistas es un insulto a la economía. Keynes creyó siempre en las ideas, convencido de que se paga un alto precio por las falsas y que las adecuadas son las que ayudan a resolver los dos problemas acuciantes de su tiempo (y del nuestro), la pobreza y el paro. A fin de cuentas, la calidad de una teoría se plasma en la capacidad que tenga de dar alguna luz a los temas que importan de verdad, que inciden en el margen de libertad y nivel de vida que disfrutemos.

La ciencia (economía) sin conciencia es la ruina del alma