Tengo la costumbre de leer periódicos sudamericanos por varias razones. Siempre me ha interesado todo lo que ocurre en ese territorio poco afortunado en su devenir histórico especialmente por el dominio del Tío Sam. Describe muy bien sus desdichas Eduardo Galeano en su libro Las Venas abiertas de América Latina, cuyo prólogo acaba con estas contundentes palabras: “Por eso en este libro, que quiere ofrecer una historia del saqueo y a la vez contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo, aparecen los conquistadores en las carabelas y, cerca, los tecnócratas en los jets, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors”.

Leer a muchos de los escritores sudamericanos es un auténtico placer por el buen uso del idioma que compartimos. Es frecuente en la lectura de cualquier artículo el tener que recurrir al Diccionario de la RAE por su riqueza de vocabulario. Y, además, allí se genera mucho pensamiento político emancipatorio, lamentablemente poco conocido aquí en España. Puede servir de ejemplo el filósofo colombiano, escritor y profesor de Derecho en la Universidad de Londres Oscar Guardiola-Rivera, y autor del libro Si Latinoamérica gobernase el mundo. De cómo el Sur guiará al Norte hacia el siglo XXII, en el que a las "democracias pesimistas" del mundo desarrollado occidental, contrapone las "democracias optimistas" sudamericanas. Ha quedado claro que en la Unión Europea y USA la crisis del 2008 es el fracaso estrepitoso de un modelo económico y de una democracia estrictamente formal, que está dejando sin presente ni futuro a toda una generación de jóvenes, y donde el dinero público se destina para rescatar la banca privada a costa de crueles sacrificios del pueblo. O la llegada al poder de Méjico de Andrés Manuel López Obrador, noticia que aquí ha recibido poca atención mediática. Tendrán sus motivos.

Igualmente he podido disfrutar del artículo publicado en noviembre de 2011 en El Espectador de Bogotá Digresiones sobre un poeta muerto del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez. Es breve pero pleno de densidad histórica para los españoles. Nos dice Juan Gabriel: “Mis alumnos norteamericanos suelen tener serios problemas para entender la Guerra Civil Española. La clase que les doy trata del boom de la literatura latinoamericana y están confusos cuando les hablo de la república legítimamente establecida en España, de sus leyes progresistas y su espíritu liberal, y luego de la sublevación armada de Franco, de su victoria en 1939, de la persecución y el exilio de los republicanos vencidos. Llenos de perplejidad  uno levanta la mano y pregunta: “¿Pero qué tiene que ver esto con el boom?”. Les contesto: “Bueno, ya saben ustedes: la Guerra Civil Española la ganaron los mexicanos”. Y les cuento que el boom no es concebible sin el exilio republicano: sin las editoriales, las revistas, los libros escritos en Latinoamérica por republicanos expulsados de España tras la victoria del fascismo. En México escribió sus novelas Max Aub e hizo sus películas Luis Buñuel. En Argentina escribió sus poemas Rafael Alberti, y en Puerto Rico Juan Ramón Jiménez. Hasta Estados Unidos, que recibió a Pedro Salinas y a Ramón J. Sender, recibió los beneficios indirectos de aquella desgracia geopolítica… Pensé en esto al enterarme de la muerte del poeta Tomás Segovia, que con 13 años llegó a México. “Yo no fui al exilio”, solía decir para evitar aprovecharse de su situación: “A mí me llevaron”. Segovia creció en México y en México hizo lo suyo: dirigió la redacción de la revista Plural —una de esas que han marcado su tiempo— y escribió algunos de los grandes poemas del siglo pasado. Fue un extraordinario traductor de un raro talento: nos dejó la única traducción de Hamlet que nos hace olvidar brevemente la lengua sobrehumana del original”.

He dicho que recurrir a escritores sudamericanos me sirve para aprender. Y una prueba de ello, es que ese extraordinario poeta Tomás Segovia era para mí desconocido. Y puedo afirmar que realmente lo es, porque he leído algunos de sus poemas donde expresa su amor por la mujer, por el erotismo, por el deseo, así como el paso del tiempo, entre otros temas. 

Algunos de ellos bellísimos como Besos:

“Mis besos lloverán sobre tu boca oceánica
primero uno a uno como una hilera de gruesas gotas
anchas gotas dulces cuando empieza la lluvia
que revientan como claveles de sombra…”

O Dime mujer:

“Dime mujer dónde escondes tu misterio
mujer agua pesada volumen transparente
más secreta cuanto más te desnudas
cuál es la fuerza de tu esplendor inerme…

Pero no sólo me interesó la poesía de Tomás Segovia, también quise indagar más sobre su biografía. Y pude conocer una entrevista muy sustanciosa, que se le hizo por la concesión del Premio de poesía Juan Rulfo del 2005.

Ese desarraigo comenzó desde niño, cuando se convirtió en lo que se llama un "hijo de exiliado"...

Sí, yo fui un hijo de exiliado, que no es lo mismo que ser un exiliado. Pero ahora el mundo está repleto de gente que padece esta situación, como los paquistaníes de Londres, los turcos de Berlín, los magrebíes de España o los mexicanos de Estados Unidos. Y ese exilio también es un exilio político, porque si no hubiera la política que prevalece en el mundo esta gente no se moriría de hambre y ni los turcos, ni los magrebíes ni los mexicanos pasarían por lo que pasan. Son consecuencias económicas de una política desastrosa.

Pero hay una diferencia, la gente que se desarraiga ahora no defiende una ideología concreta, como sí sucedió con el exilio republicano español...

Sí, claro que hay diferencias. Pero no digo que el exiliado español de 1939 sea lo mismo que el magrebí que llega a España en patera de forma ilegal o que el mexicano que emigra a Estados Unidos. Sin embargo, todos ellos sí se parecen en el hecho del desarraigo, en vivir en el conflicto terrible de no poder estar ni en un sitio ni en otro. Lo que esta situación plantea a la sociedad es la necesidad de revisar una idea: ¿quién decide por quién? Eso todavía no se ha planteado históricamente y creo que acabara por plantearse, puesto que hay que cuestionarse por qué hay habitantes de una región geográfica o de un país que no tienen los mismos derechos que otros por el mero hecho de no haber nacido en ese país o región. Son otros los que deciden por los desarraigados, y eso pone de manifiesto una cuestión esencial de la democracia: ¿quién decide por quien y con qué derecho?

¿En una revisión histórica, qué importancia tiene la figura de Lázaro Cárdenas?

Mis recuerdos sobre mi llegada a México y de la importancia de Cárdenas entre los exiliados son infantiles y, por lo tanto, sentimentales. La primera vez que oí hablar de Lázaro Cárdenas no tenía ninguna idea de lo que significaba, pero después, tras un periodo de reflexión y madurez, entendí el inmenso significado del gobierno de Cárdenas, que desgraciadamente sólo duró seis años, pero que son sin duda los seis años de oro de la historia de México. Creo que en política internacional todavía no se menciona bastante el hecho de que el México de Cárdenas dio una lección mundial, frente al fascismo y el nazismo. En los años de la Guerra Civil española ningún país del mundo tuvo esa altura, esa coherencia, esa dignidad, esa moral... Creo que no quieren hablar de eso porque saben que es una vergüenza, pero tarde o temprano se hablará. Me atrevo a decir que la política exterior de Cárdenas debería ser el modelo universal, tal vez exagero un poco, pero no me preocupa porque se ha exagerado mucho más desde el otro lado. Una parte muy importante de esa política exterior fue, precisamente, la relación con el exilio, con el que se mantuvo la tradición y se respetó siempre”.

Quiero terminar estas líneas manifestando mi profundo pesar. ¡Cuánto talento perdimos y que disfrutaron los sudamericanos! Y también, ¡Cuánto dolor y sufrimiento tuvieron que soportar todos esos españoles exiliados!  El culpable es conocido por todos, no quiero ni citar su nombre. Pero quiero acabar con un fragmento del artículo Aterrados, desterrados y enterrados: La represión franquista del profesorado universitario de Marc Baldó Lacomba de la Universitat de Valéncia. Es muy duro, y que usa los términos aterrar, desterrar y enterrar, que fueron creados por el profesor chileno de origen valenciano José Ricardo Morales, que también desconocía hasta hace poco. Insisto es un texto durísimo.

La exclusión del disidente se realizó mediante tres procedimientos violentos que nadie ha definido mejor –creo– que el profesor chileno de origen valenciano José Ricardo Morales. Los tres procedimientos, según este profesor, tienen que ver con la palabra tierra. A unos disidentes se les enterraba: se les fusilaba, se les mataba a palizas o en penosas condiciones en la cárcel... A otros disidentes se les desterraba: se les forzaba al exilio, se les expulsaba del país, se les trasplantaba... Y a otros, en fin, se les aterraba –se les echaba a tierra, se les derribaba–: se les abatía, se les encarcelaba, se les castigaba, se les dejaba sin trabajo, se les depuraba, se les confiscaban los bienes, se les humillaba, se les hacía callar, se les imponía el exilio interior, se les obligaba a unas condiciones de vida y trabajo durísimas que constituyen la autarquía. A los fusilados se les privaba de la vida, a los exiliados del entorno, la tierra y las raíces, y a los aterrados de la libertad (prisión), del trabajo (depuración) y de los bienes (sanciones económicas)”.