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miércoles. 10.08.2022

Zapatero, entre la soledad del sprinter y el aplomo del diestro

NUEVATRIBUNA.ES - 7.9.2009El PP saca pecho frente a las acusaciones de corrupción. Botella medio llena, botella medio vacía: Rajoy, recibiendo el nuevo curso a portagayola en la plaza de toros de Valencia, distrae el hecho de que un buen puñado de sus cargos públicos adornen hoy con su nombre algunas diligencias y carga las tintas en que a Francisco Camps la justicia le ha cortado un traje a su medida y, por el momento, se la librado de las imputaciones.
NUEVATRIBUNA.ES - 7.9.2009

El PP saca pecho frente a las acusaciones de corrupción. Botella medio llena, botella medio vacía: Rajoy, recibiendo el nuevo curso a portagayola en la plaza de toros de Valencia, distrae el hecho de que un buen puñado de sus cargos públicos adornen hoy con su nombre algunas diligencias y carga las tintas en que a Francisco Camps la justicia le ha cortado un traje a su medida y, por el momento, se la librado de las imputaciones. Pero aunque el electorado conservador le perdonaría a dicho partido incluso el supuesto de que fichara a Jack El Destripador, en Génova tendrían que haber aprendido de Ferraz y no llevar tantas manifestaciones y romerías a las inmediaciones de las cárceles como ocurriera en su día con los socialistas de Rafael Vera y de José Barrionuevo. No suelen ser esas, por activa o por pasiva, buenas fotos para los carteles electorales.

Zapatero, por su parte, desayuna el nuevo ejercicio vestido de Robin Hood: aumento de impuestos para los que más cobran, aumento de pensiones para los que menos perciben. Sus detractores y sus partidarios suelen debatirse entre calificarlo como corredor de fondo o como sprinter. Unos le afean el discutible arte de la improvisación, como si él fuera el único o el primero a la hora de utilizar dicho recurso político. Otros e incluso él mismo explican que no se trata de improvisar, sino de atender la voz de la sociedad civil. En cualquier caso, ¿cómo no hacerlo si se gobierna en minoría?

Los socialistas podrían haber apostado por un pacto de legislatura, aunque hubiera sido tan sólo e insuficientemente con Izquierda Unida: por lo menos, le habrían dado un balón de oxígeno a Gaspar Llamazares que, con tanta altura de miras y visión de Estado, les prestó a ellos y a la causa democrática un indiscutible favor durante la anterior legislatura en la que el PP quiso ganar con teorías conspirativas las elecciones que no había logrado vencer el 14 de marzo de 2004. Zapatero prefirió encerrarse con un solo juguete, el de su propio partido y el del PSC. Ahora, cuando medio país tiene el alma en vilo por la decisión final del Tribunal Constitucional sobre el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, incluso podría perder el favor de un sector de ese bastión socialista catalán, que no se encuentra sujeto a la disciplina del partido que fundara Pablo Iglesias.

Sea corredor de fondo o sprinter, la soledad de Rodríguez Zapatero es manifiesta. La negociación de los presupuestos generales del Estado reviste casi más suspense que el impacto final de la Gripe A en la próxima temporada otoño-invierno. A primera vista, las actuaciones del Gobierno frente a la crisis están siendo de libro, pero los conservadores empiezan a lograr que la opinión pública responsablice a ZP en vez de a Madoff por el terrible crack que aqueja a todo el mundo y que en el caso español se agrava por la caída del ladrillazo, un fenómeno del que nadie está exento de culpa, siempre y cuando haya tenido responsabilidades públicas en los últimos cincuenta años de vida española.

El neo-neoliberalismo español, que no es demasiado neo, le reprocha a Zapatero que un presidente se alinee con los sindicatos y no con los empresarios en eso del diálogo social. Que no ha ocurrido nunca en nuestra joven democracia. Pero, ¿es que acaso se había conocido antes una postura tan montaraz como la de Díaz Ferrán desde la bancada de la CEOE?

La gestión gubernamental, en líneas generales, puede que no sea la de tirar cohetes. Pero tampoco es de apaga y vámonos. Pero el coronel de La Moncloa no tiene quien le escriba. Una pésima política en materia de comunicación –en la que quizá también los intereses empresariales de los medios hayan tenido mucho que ver-- le convierte en el primer gobierno en absoluta minoría en la galaxia Gutemberg. Y no hablemos de la de Marconi o la de las tedeté de la ira. Cierto es que cuenta con medios afines, pero son pocos. Y en los tiempos que corren, para vender un producto no vale con el boca a boca, cuando incluso los socialistas también pierden por goleada la guerra de los blogueros o la de los comentarios anónimos en los chats y en los periódicos digitales.

Y si el Partido Popular quiere poner contra las cuerdas al presidente, deteriorar su imagen en las encuestas para noquearle luego en los comicios, habrá que ver si esa labor de zapa está tomando cuerpo en el interior de las filas socialistas hasta el punto de que más temprano que tarde empiecen a moverle la silla del relevo. La tentación, como se sabe, vive arriba, pero sobre todo vive al lado.

Sin embargo, hay otra soledad mucho más preocupante, que es la de los socialistas españoles frente a sus correligionarios europeos. Tras la caída espectacular que vive el laborismo francés, sólo la recuperación parcial de la socialdemocracia alemana parece insuflar un guiño de complicidad al PSOE en esta coyuntura europea, en donde prima la derecha tradicional, el populismo tradicionalista y el fascismo de siempre. Mala atmósfera, por cierto, para la presidencia española de la Unión.

Desde la barrera de la plaza de Valencia, lo que se percibe es que el PP quiere devolver al PSOE a los toriles de unas elecciones anticipadas que, en tiempos de crisis, no jugarían a favor de la izquierda. Pero para finalizar esta corrida política sin escuchar avisos ni pitos, Zapatero tendrá que revestirse de aplomo, ser diestro en reorganizar sus alianzas y aguantar a pie firme en mitad del ruedo sin que el toro de la crisis le de revolcones. También deberá componer el perfil para darle la estocada a su debido tiempo y que una nueva primavera económica convierta el albero en un jardín de brotes verdes. Ignoro si, de esta forma, ZP logrará salir a hombros por la puerta del príncipe pero al menos se librará de que sus adversarios le empitonen.

Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

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