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miércoles 25/5/22

Zafarrancho informático

Es casi imposible que un estadista de esa talla, política me refiero, no deje rastro. Él, sin embargo, lo intentó. Sin duda no quería evidencias de ese viaje que le trasladó de Valladolid a la Historia casi sin despeinarse salvo cuando jugaba al pádel. Llevado por esa proverbial modestia, Josemari ordenó un zafarrancho informático.
Es casi imposible que un estadista de esa talla, política me refiero, no deje rastro. Él, sin embargo, lo intentó. Sin duda no quería evidencias de ese viaje que le trasladó de Valladolid a la Historia casi sin despeinarse salvo cuando jugaba al pádel. Llevado por esa proverbial modestia, Josemari ordenó un zafarrancho informático. Antes de cerrar la puerta del Palacio de Moncloa con los ojos vidriosos y un osito de peluche traspapelado en la mudanza bajo la sobaquera se llevó todos los secretos en un disco tan duro como sus abdominales. Allí estaba, entre otros enseres, la correspondencia con George.

Cientos de cartas en las que, de intelectual a intelectual, uno le pedía el tiempo exacto para no chamuscar las costillas en la barbacoa y el otro le rogaba que le mandara por valija diplomática esas morcillas de Villarcayo para probarlas en el Pentágono como armas de destrucción masiva. O las películas de Cantinflas que se bajaba a escondidas del emule mientras contenía los bostezos durante las intervenciones de Mayor Oreja en los Consejos de Ministros. Gracias a su visionado en familia, y asesorado por su yerno Agag, clavó aquel acento del ‘estamos trabajando en ello’ que tanto contribuyó al protagonismo de España en el concierto internacional.

O los ficheros de audio que le grabó para un cumpleaños el descomunal comunicólogo Miguel Ángel Rodríguez con el legendario ‘váyase señor González’ interpretado por los niños cantores de Viena. O las arriesgadas entrevistas que le hacía Urdaci que, de tan crítico, hasta le lustraba los zapatos en los minutos de publicidad. Como si fuera poca la que ya emitían. Es tanto el legado de este hombre que no es de extrañar que no quisiera que ZP hallara esos tesoros. No es lógico entregar en bandeja de plata al adversario todo un curso intensivo CCC para ser un líder mundial en el mismo rato en el que se le cuecen unos garbanzos o se descongelan unas findus.

Ahora, como no podía ser menos, anda por el mundo esparciendo sabiduría y prologando hasta las ediciones de las Páginas Amarillas. Ora diserta sobre el cambio climático ora sobre la crisis financiera ora le dice a Mariano que es un flojo. Menos mal que todavía queda don Manuel para colgar las cosas en su sitio. Y mientras tanto Mariano, privado de ese arsenal informático de sagacidad y estrategia, camina dando tumbos o eso dicen los ‘suyos’. Y encima el primo, desde la milonga del frío y el calor, ya no ha vuelto a abrir la boca y la niña ya empieza a estar talludita. Qué orfandad tan insoportable.

Al menos ya le podía haber dejado un archivo con el Tetris para que se entretuviera en el despacho de Génova mientras hace tiempo para que la crisis acabe con ZP y sus secuaces. Si al menos hubiera partidos de Liga todos los días lo llevaría mejor pero debe ser una pesadez eso de que el Ibex te haga el curro. Luego dicen que el vago es Pocholo. Por no ir, Mariano ya no va ni a votar los Presupuestos. Y mira que eran importantes ¿Se acuerdan?
Al parecer prefirió almorzar con Mayor Oreja. Todavía no se sabe si será candidato del PP a las europeas. Y lo cierto y verdad es que anda el Viejo Continente expectante ávido como está de políticos frescos y modernos. No digo yo que el debate de las cuentas del Estado sea apasionante pero, de cambiarlo por algo, desde luego hasta hubiera preferido comerme unas acelgas y un yogur caducado en soledad. Uno es así de raro.

Germán Temprano
Escritor y periodista

Zafarrancho informático
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