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jueves 19/5/22

Volver con la marea sindical

Los líderes sindicales ya no son lo que eran. Aún dando a cada uno el valor de su tiempo, habrá que convenir que los sindicalistas de hoy manejan conceptos e ideas que hasta hace muy poco creíamos reservados a una cierta élite política y económica.Desde hace tiempo, la verdad es que los responsables sindicales han dado pruebas suficientes de su preparación y responsabilidad.
Los líderes sindicales ya no son lo que eran. Aún dando a cada uno el valor de su tiempo, habrá que convenir que los sindicalistas de hoy manejan conceptos e ideas que hasta hace muy poco creíamos reservados a una cierta élite política y económica.

Desde hace tiempo, la verdad es que los responsables sindicales han dado pruebas suficientes de su preparación y responsabilidad. No miran a corto plazo ni al obrero de mono que le alienta en un mitin, sino que su mirada se extiende más allá, conscientes de que el mundo del trabajo, los intereses de los trabajadores son intereses comunes de una sociedad plural, de un mundo global en el que se entrecruzan objetivos que afectan a un concepto de clase mucho más amplio del que hasta ahora creíamos.

Así que, la intervención de José María Fidalgo en el Club Siglo XXI del 24 de abril es una reflexión que, sin dejar aparte lo más inmediato, ofrece una visión de España en la que los problemas son analizados no desde el punto de vista de una clase, sino de una institución (la sindical) que asume nuevas y audaces responsabilidades.

Fidalgo advierte de que nos enfrentamos a un nuevo ciclo en el que las recetas han de ser otras. Y señala algunos puntos que, en cierta medida, pueden parecer que están siendo retratados con verdadera dureza: la inmigración, los retos del envejecimiento, el fracaso escolar o la tentación de quienes gobiernas de echar mano al gasto público como solución inmediata de los problemas.

Podría haber sido Fidalgo correctamente político. Y no cayó en esa tentación. Prefirió hablar de la inmigración como la que es buena para el inmigrante, para el no inmigrante y para toda España. Y podía haber quedado bien con todos los sectores económicos, pero se arriesgó a pedir que se ayude a los sectores que más posibilidades tienen de crear riqueza. Incluso llegó a advertir con cierta sorna de que el dinero público es siempre limitado y no se puede acudir a él siempre que nos enfrentemos a un problema.

Huyó del mitin y optó por hacer una reflexión en la que, sin dejar de reconocer los méritos del Gobierno de Zapatero en temas como la igualdad o la dependencia, criticó las deficiencias de un modelo de crecimiento que, dijo, hay que corregir.

Tengo para mí que, desde la transición, las organizaciones patronales y sindicales han ido siempre por delante de las fuerzas políticas en generosidad, en esfuerzo y en sacrificio. Fidalgo con su intervención demostró también que no le iría mal a los gobernantes si fueran capaces de escuchar más asiduamente a quienes de verdad conocen los problemas reales de nuestra economía.

Tal vez, habrá que convenir que, como en el poema de García Montero, hay que escucharles

"porque con voz humana,
como marinos viejos,

sobre el desdibujado dolor de sus espaldas,
vendrán para decirnos:
es el tiempo,
dejémonos volver con la marea".


A lo mejor es el tiempo de volver con la marea. La sindical.

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