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lunes. 08.08.2022

Un pozo sin fondo

Estamos llegando a un punto de desencuentro y de enfado (cuando no ya de enfrentamiento), de muy difícil retorno en lo que respecta a la confianza ciudadana en la clase política.

Estamos llegando a un punto de desencuentro y de enfado (cuando no ya de enfrentamiento), de muy difícil retorno en lo que respecta a la confianza ciudadana en la clase política.

La crisis, que les recuerdo que todavía era negada en Julio del año 2008 por nuestro insigne anterior presidente, lleva camino de convertirse cuatro años más tarde, en un auténtico agujero negro; en un pozo sin fondo que diría la sabiduría popular.

En medio del desastre, uno de los escasos efectos positivos que están ocurriendo en nuestro país con ésta crisis, está siendo el sacar a la luz una parte de las tropelías que se han venido cometiendo por los máximos responsables de algunas cajas y bancos. Y que van desde engañar descaradamente a muchos de sus clientes con productos que inmovilizaban sus ahorros durante más años de los que les quedaban de vida, hasta fijarse sueldos desorbitados y planes millonarios de retiro que aunque parezca mentira nadie controlaba.

La crisis está barriendo toda esta corrupción legal y nos deja la evidencia al común de los ciudadanos, del pésimo funcionamiento de muchas de estas instituciones que han campado a su antojo y desde luego, de la inutilidad del supuesto órgano regulador que se supone debía haber ejercido el control y velado por el buen funcionamiento y las buenas prácticas de las mismas.

El siguiente escalafón, hablando de las irresponsabilidades internas como país, es desde luego el político. El de quienes desde los consejos de administración de las cajas que han tenido que ser intervenidas y rescatadas con miles de millones, se dedicaban a cobrar cuantiosas dietas actuando o bien como cómplices o no enterándose de nada; que nunca se sabe que es peor y más irresponsable.

Curiosamente, los más graves desatinos corresponden a las Comunidades Autónomas de Madrid, Valencia y Galicia, gobernadas desde las mayorías absolutas del Partido Popular, que para colmo del cinismo tienen la desfachatez de decirnos que no tienen que avergonzarse de nada…

Estamos atravesando un tiempo de crisis profunda más allá de lo económico. Estamos inmersos en unos momentos de descrédito absoluto de todo lo que huela a político, y eso es muy grave.

Hoy y ya desde hace un tiempo, basta con ver algunas páginas de las redes sociales, cualquier disparate contra los políticos o de recorte en la representación de las instituciones encuentra eco rápidamente, y a cualquier barbaridad expresada sin conocimiento se le otorga credibilidad. El divorcio entre una parte importante de la sociedad y la clase política es tan fuerte que quedan escasos puentes entre ambas realidades. Estamos en el momento de la ética sin condiciones ni atajos, siempre debió ser el momento de la ética, pero hoy más que nunca los partidos tienen que saber que están bajo la lupa ciudadana y que lo que se ve tras el cristal repele también más que nunca.

Ética y transparencia, rigor y austeridad en el gasto del dinero público, un cargo un sueldo… Porque, cuando tanta gente que no ha tenido arte ni parte en el desaguisado de esta crisis, lo está pasando tan mal y está sufriendo tantos recortes absurdos e injustos, no hay lugar para sutilezas y desde luego sienta muy mal conocer que continúan algunas prebendas de nuestros cargos institucionales como cesantías o jubilación sin ir más lejos, mientras se mete la tijera a parados y se estudia como rebajar la pensión de jubilación de los trabajadores además de retrasarles la edad para acceder a ella.

Pero me temo que el “que se jodan” de la diputada del PP, no sea solo una anécdota despreciable e insensible (que lo es), sino algo mucho más grave que pone en evidencia el talante y el pensar de una casta, que tras años de permanecer en los cargos institucionales, pierden el sentido de la realidad que se vive en los pueblos y en las ciudades de España.

Un pozo sin fondo
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