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miércoles. 07.12.2022

Un hombre honesto y comprometido

NUEVATRIBUNA.ES - 21.6.2010Nos dejó un hombre que se respetaba a sí mismo como condición indispensable para respetar a los demás y que consideraba la indiferencia como uno de los males de nuestra civilización, un hombre que era considerado un enemigo por el Vaticano; un hombre fiel hasta el último aliento a su militancia en el partido comunista portugués.
NUEVATRIBUNA.ES - 21.6.2010

Nos dejó un hombre que se respetaba a sí mismo como condición indispensable para respetar a los demás y que consideraba la indiferencia como uno de los males de nuestra civilización, un hombre que era considerado un enemigo por el Vaticano; un hombre fiel hasta el último aliento a su militancia en el partido comunista portugués. Un escritor que alertaba de “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”.

La muerte de Saramago apagó la voz de un escritor comprometido, honesto, autodidacta, escéptico y solidario. Un escritor de prosa bien estructurada y sólida, censurado y perseguido durante la dictadura de Salazar y reconocido internacionalmente. Un escritor que desde que publicó su primera novela hasta la publicación de la segunda dejó pasar más de veinte años porque “sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar”.

Saramago confesó que escribía para desasosegar y aseguraba que ese desasosiego era fruto de su existencia en un mundo que no le gustaba. "No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo” solía decir.

La publicación del Evangelio según Jesucristo, una obra en la que describe a un Jesús alejado de su presunta divinidad y cercano al género humano, tuvo como consecuencia que Saramago abandonase Portugal como acto de protesta cuando el gobierno portugués decidió no respaldar su presentación al Premio Literario Europeo argumentando que la obra ofendía a los católicos. Las críticas feroces desde los sectores ultraconservadores volvieron a recrudecerse cuando publicó Caín, obra en la que describe a Dios como injusto y envidioso y en cuya presentación calificó a la Biblia de “manual de malas costumbres”.

El Vaticano, a escasas horas de la muerte del escritor que otorgaba a los centros comerciales el papel que en tiempos anteriores tenían las catedrales, dio el pistoletazo de salida a una campaña de descrédito, tan inútil y estúpida como todas sus cruzadas, contra quien se convirtió por derecho propio en la voz de las conciencias dormidas.

Decía Saramago que hay un tiempo, el de la niñez, en el que todavía no somos proxenetas ni ladrones y por ello nos aconsejaba dejarnos llevar por el niño que todos llevamos dentro: “A mis ochenta aún me siento llevado de la mano por el niño de ocho años que fui. Todavía no éramos proxenetas ni ladrones. No permitiré que muera nunca ese niño, y aunque se vaya a dormir a la sombra, volverá a despertar”.

Pilar Rego - Educadora Social.

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