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viernes 27/5/22

Trescientas cincuenta mujeres

NUEVATRIBUNA.ES - 28.7.2010 Primero fueron 350 mujeres liberadas «de una de las mayores redes de trata de blancas que operaba en Madrid», según informó el diario Público; después fueron 350 prostitutas sometidas a distintos grados de explotación laboral, que no de esclavitud sexual; y por último, según
NUEVATRIBUNA.ES - 28.7.2010

Primero fueron 350 mujeres liberadas «de una de las mayores redes de trata de blancas que operaba en Madrid», según informó el diario Público; después fueron 350 prostitutas sometidas a distintos grados de explotación laboral, que no de esclavitud sexual; y por último, según el comunicado que emitió ayer mismo el Colectivo Hetaira, se ha sabido que las condiciones de explotación laboral se limitaban a la salubridad de «las habitaciones que utilizaban para descansar» y al hecho más evidente de todos, la imposibilidad de tener condiciones laborales dignas cuando es el propio Gobierno quien se niega a regularizar la actividad económica de las prostitutas.

Hace unos días, Quim Monzó venía a decir en La Vanguardia que el color de las camisas es la única diferencia real entre la moral de la antigua Sección Femenina de la Falange y la de Bibiana Aído y compañía. Lo comparto plenamente. Por lo visto, no hay nada inmoral en que los seres humanos se vean obligados a vender su fuerza, su inteligencia o su tiempo para malvivir en la mayoría de los casos; pero si existe contacto de genitales, entonces es inadmisible. En el mundo sólo se persigue un modelo de prostitución: el que se refiere al placer. Ha sido así desde siempre y lo seguirá siendo durante mucho tiempo, porque la obsesión de las Aída y los Zapatero no acabará nunca, ni en este siglo ni en otro, con el trabajo sexual, pero contribuye activamente a la marginalización de muchos miles de personas.

Volviendo a lo más concreto, a las 350 mujeres del principio, voy a citar un fragmento del comunicado de Hetaira: «No sabemos dónde están estas mujeres a día de hoy; no se encuentran bajo la tutela de ninguna ONG ni se encuentran internadas en un CIE o bajo custodia policial. Tampoco sabemos si el Gobierno se replanteará esta “obligatoriedad” de denunciar a cambio de protección. Lo que sí conocemos es que al menos 34 se encontraban en “situación administrativa irregular” y, probablemente, tal y como ha sucedido anteriormente, se les aplicará la ley de extranjería, estando expuestas a ser expulsadas de nuestro país.» Treinta y cuatro expulsadas y trescientas dieciséis en ninguna parte y sin empleo; otro gran éxito de la moral de los talibanes. Y ni una sola denuncia por proxenetismo o similar: como admitía el propio diario Público, ninguna de las mujeres supuestamente explotadas, absolutamente ninguna, accedió a presentar declaración contra ningún supuesto proxeneta.

Para las asociaciones de prostitutas, el Gobierno practica una política de «palabras, palabras y más palabras vacías de contenido» y acompañadas de un sinfín de medidas punitivas, desde multas hasta persecución policial, con el fin de crear el clima político necesario para prohibir la prostitución o esconderla bajo la alfombra. Cuando Bibiana Aído insiste en afirmar que el 90% de las trabajadoras del sexo son esclavas, basándose en informes tan creíbles que ni puede citar su procedencia ni el tipo de muestreo ni ningún otro detalle que no sea un simple acto de fe, no está mostrando preocupación real por la trata de blancas; lo que pretende es instalar en la sociedad la idea falsa de que el grueso de la prostitución es esclavitud sexual y de que la prostitución voluntaria es tan marginal que no se debe tomar en consideración. La verdad no importa nada. Y las vidas de las trabajadoras y los trabajadores del sexo, que también los hay, menos que nada.

Jesús Gómez Gutiérrez es escritor y traductor literario

Blog: www.jesusgomez.lainsignia.org

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