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lunes. 08.08.2022

Tres notas sobre los fundamentos de una nueva teoría económica a partir de Sraffa (Parte 2)

En una nota anterior a esta relacionaba las notas de la economía que caracterizan el espacio económico intelectual abierto por Sraffa, donde el objeto de su análisis es el excedente [1]. Tanto estas como las anteriores forman parte del libro editado por “Editorial Académica Española”, Descifrando Sraffa, del que soy autor.

En una nota anterior a esta relacionaba las notas de la economía que caracterizan el espacio económico intelectual abierto por Sraffa, donde el objeto de su análisis es el excedente [1]. Tanto estas como las anteriores forman parte del libro editado por “Editorial Académica Española”, Descifrando Sraffa, del que soy autor. Me parecía que merece la pena sacarlas a la luz del libro a otros medios digitales porque trata de unos nuevos posibles fundamentos del análisis económico alternativo al actual, pero que en el extenso libro están apoyados con fuerte carga matemática y son de difícil lectura. La teoría económica actual, principalmente la microeconomía, sólo merece un lugar en el baúl de los recuerdos. Son un intento fallido de explicar los asuntos que entendemos por económicos –que tampoco están claro cuáles son y cuales no son- que debe quedar en la historia del análisis económico como lo fueron el calórico, el flogisto o el éter para explicar ciertos fenómenos físicos. Si se siguen explicando es sólo por motivos ideológicos, porque con ello se da vidilla a eso que llaman los neoclásicos “el capital” y permite la justificación de su retribución para neoclásicos y políticos e ideólogos neoliberales que, aunque ignorantes en estas materias estos dos últimos, les sirven para sus creencias, para sus catecismos. Ni siquiera los neoclásicos se ponen de acuerdo a qué llaman “capital”, si es un conjunto de medios de producción o la suma de un dinero que cumple una función determinada en el sistema productivo. Joan Robinson ya lo cuestionó en artículo famoso; para Marx es una relación de producción, y para Sraffa está claro lo que es: mero trabajo fechado. Pero no nos adelantemos.

Enunciaba y comentaba su economía en nueve notas. Pero aquello tenía un defecto: no estaban jerarquizadas y el análisis de una estructura de pensamiento exige al menos la jerarquía. Pongamos algún ejemplo antes de entrar en harina. Así, en el libro de Producción de mercancías por medio de mercancías no tienen el mismo peso a la hora de construir una alternativa a la teoría actual el capital como reducción a trabajo fechado que la distinción entre bienes básicos y no básicos; la formación de los precios a partir de un margen sobre los costes o la razón-patrón. Pero además esta jerarquía de las ideas, conceptos, paradigmas inventadas por Sraffa, hay que contemplarlas, en mi opinión, con perspectivas de futuro, en  función de la capacidad del desarrollo de la estructura de pensamiento esrafiano y no sólo en función del lugar y peso que ocupan en su libro. Por ejemplo, el hallazgo –creo que es más hallazgo que invención- de la mercancía-patrón (standard commodity) para eliminar la influencia del valor de la mercancía que se usa como baremo para medir el resto de las variables de su sistema ocupa un lugar prominente en su libro cuando estamos en la reproducción simple. Fue una hazaña intelectual de máximo nivel; tanto como, por ejemplo, la ley de la inercia en Galileo, la idea de campo de Faraday o el principio de relatividad en Einstein. Y sin embargo representa una rémora cuando se entra en el análisis de la producción conjunta a pesar de los esfuerzos de Sraffa –o precisamente por esos esfuerzos– por hallar el equivalente en ese capítulo. Puestos estos ejemplos, paso a lo que considero las tres características sin las cuales una construcción analítica sobre lo que entendemos por economía no podría tildarse de esrafiana:

1) La primera y principal, la que constituye el núcleo duro de su teoría, es el grado de libertad que hay en el reparto del excedente entre salarios y ganancias. Es más la resultante de su esquema de pensamiento que una hipótesis previa. Que Sraffa diera este paso, que llegara a la necesidad de esta conclusión demuestra su genio, porque cualquier otro aspecto de su teoría podía ser asimilada, domesticada por el marginalismo. Así, la distinción entre bienes básicos y no básicos tiene su equivalente clásico en la distinción entre bienes de primera necesidad y otros de lujo, y no es refractario al marginalismo y a los neoclásicos esta última distinción porque ese puente, esa ilación en la historia del análisis económico lo ocupa Marshall; el manido tema de los rendimientos, si constantes o no, está presente en el análisis Input-Output de Leontief, que es un caso especial de la relación capital-trabajo neoclásico y de sus curvas convexas, y también lo está en Von Neumann; incluso la teoría del capital como trabajo fechado forma parte de la teoría de las amortizaciones y del capital como actualización de rendimientos futuros; o como teoría de la preferencia temporal en Böhm-Bawerk, o la perspectiva intertemporal en Hicks. En definitiva, tiempo y capital no son precisamente una extraña pareja en las concepciones neoclásicas y/o marginalistas. Pero lo que no puede asimilar lo neoclásico-marginalista es que haya una relación entre tasas de salarios y ganancias que no haya sido rota por otras relaciones de otros elementos con cada una de ellas, porque eso supone la ausencia de una justificación de la retribución de los factores determinada por las condiciones de la producción; supone introducir la lucha de clases en el núcleo duro de la teoría, al igual que Marx con la teoría de la explotación (plusvalía). La diferencia con Marx es que, en mi opinión, la teoría de la plusvalía es una hipótesis del modo de producción capitalista que no pasa de una mera definición, que se enfanga en la arena del popperismo al no cumplir el requisito de falsibilidad de éste; en cambio, el grado de libertad entre salarios y ganancias preside, estructura y concluye todo su esquema, es a la vez basamento, espacio, estructura y techo de toda la arquitectura intelectual de Producción de

2) El segundo aspecto en jerarquía es sin duda la determinación de los precios a partir de un margen sobre los costes. En el marginalismo, como es sabido, se determina sobre las supuestas productividades de los factores. La cosa no puede ser más descabellada y peregrina, incluso si nos movemos en un mero espacio normativo, porque para llegar a ello hay que hacer supuestos que nada tienen que ver con la realidad: competencia perfecta en todos los mercados presentes y futuros, ausencia de rendimientos crecientes (costes decrecientes), ausencia de bienes públicos, información perfecta para todos los actores económicos, ausencia de efectos externos, ausencia de organizaciones sindicales, etc.Alicia en el País de las Maravillas es un relato histórico, es puro historicismo comparado con el trivial y falso cuento de hadas de las productividades marginales. Un sueño del que aún no ha despertado el análisis económico del tiempo presente. De ese sueño se alimentan cátedras y nóbeles actualmente. No es sin embargo sustancial si los salarios se pagan post-factum -como propone Sraffa- o pre-factum, es decir, sobre todos los costes, incluyendo los salariales, como yo creo que hay que hacerlo en aras del más puro realismo. Es verdad que Sraffa trabaja con tasas unitarias de salario y ganancia, pero eso lo hace por dos motivos: por puro didactismo y porque trabaja con un modelo a largo plazo donde la competencia tiende a igualar los diferentes márgenes. No hay ningún problema con pasar de esas tasas unitarias a multitud de ellas en aras precisamente de ese realismo, aunque ello complique formalmente –pero sólo formalmente- los desarrollos del mundo intelectual económico abierto por el genial turinés.

3) El tercer y último basamento, la tercera pata que permite sostener todo el entramado esrafiano, es la consideración del capital como trabajo fechado, a diferencia de Marx, por ejemplo, que es una relación social en el mundo de la empresa, y a diferencia de Marshall, que recoge de Adam de Smith la idea del capital de una persona como “aquella parte de sus existencias de la cual espera obtener una renta” [2]. Es decir, para la economía imperante cuando escribe Sraffa su obra, el capital se caracterizaba por sus efectos y no por su naturaleza; luego vino la aportación ya mencionada de Hicks; anterior a Sraffa la de Böhm-Bawerk, etc. Obsérvese que con el grado de libertad entre salarios y ganancias eliminaba Sraffa cualquier concepción técnico-productivista del reparto del excedente; ahora, con la eliminación del capital como entidad en pie de igualdad con el trabajo, elimina la justificación de su retribución al eliminar al actor de su espacio económico; con el grado de libertad se elimina la función, con la reducción a trabajo fechado se elimina al intérprete. El capital es trabajo, fechado, trabajo del pasado, pero sólo trabajo, del que sólo es un problema técnico -la actualización- la agregación de su uso en el presente para determinar los precios. Y mientras a los humanos no nos lluevan del cielo, sea el de Dante o el de Asterix, o mientras no nos lo regalen supuestos extraterrestres, los medios de producción, las instalaciones, los útiles, las materias primas, es decir, el capital o medios de producción han sido producidos alguna vez en el pasado por la mano del hombre (y de la mujer). Esa concepción pre-esrafiana del capital la dejó herida de muerte Joan Robinson cuando preguntó aquello de “en qué unidades se mide” [3]; Sraffa lo remató con el trabajo fechado.

Estas son, en mi opinión, las notas esenciales en la construcción intelectual de Sraffa. Ni siquiera el objeto de su análisis que es el excedente tiene tal fuerza persuasiva en su entramado, porque puede muy bien ser desbordado, explorarse otros territorios como son el comercio internacional, el crecimiento, la reproducción ampliada, las crisis, la demanda efectiva, incluso los ciclos, etc., a partir de los pilares asentados, enclavados por Sraffa, pero si en el curso de esos análisis no están presentes estas tres ideas cruciales de Sraffa, es decir, el grado de libertad en la distribución, el margen de ganancia sobre los costes y el capital como trabajo fechado, o están sustituidas estas ideas por otras cuando son necesarias y pertinentes su concurso, entonces el análisis podrá ser acertado o no, positivo o normativo, verificable o no, útil o fallido para el “qué hacer”, pero no seráesrafiano. Llevado al extremo de la caricatura, parecería la lucha por un adjetivo –esrafiano- una discusión escolásticamente trivial, una trampa nominalista, pero detrás de todo esto está lo de Althusser: la lucha de clases en la teoría, y esta no es escolástica.     

[1] Y ya aquí, en el mismo objeto del análisis, comienzan las diferencias insalvables entre lo neoclásico-marginalista y lo esrafiano, porque para aquélla la economía es el “estudio el comportamiento humano como una relación entre fines, por un lado, y medios escasos con usos alternativos, por otro”, según la conocida definición de Lionel Robbins.

[2] Principios de Economía,  (Principles of Economy), pág. 97, Editorial Síntesis, S.A., 2005.

[3] La función de producción y la teoría del capital (The Production Function and the Theory of Capital, 1953/4). Aún en la década de 1950, cuando se publica el artículo de Joan Robinson, se pregunta ella en el mismo artículo de si “¿debe evaluarse este (el capital) de acuerdo con su capacidad de proporcionar ingresos en el futuro, o sus costes en el pasado?” Es decir, que no lo tenían muy claro. Era y es hoy día una patata caliente en manos de los neoclásicos de ahora, neoliberales en lo político.

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