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miércoles 18/5/22

Todo puede ir a peor

Da igual lo que se diga. Y da lo mismo que se pronuncie o no la palabra crisis. Esto va mal. Y, posiblemente, no hay que achacárselo al Gobierno. Porque al Gobierno se le puede achacar su rechazo a admitir las cosas. No que la stiuación sea la que es.Pero ayer, en el Congreso de los Diputados, la historia fue otra. Me dio la sensación de que José Luis Rodríguez Zapatero, por muy vibrante que fuera su defensa, estuvo acorralado por la realidad.
Da igual lo que se diga. Y da lo mismo que se pronuncie o no la palabra crisis. Esto va mal. Y, posiblemente, no hay que achacárselo al Gobierno. Porque al Gobierno se le puede achacar su rechazo a admitir las cosas. No que la stiuación sea la que es.

Pero ayer, en el Congreso de los Diputados, la historia fue otra. Me dio la sensación de que José Luis Rodríguez Zapatero, por muy vibrante que fuera su defensa, estuvo acorralado por la realidad. Y eso que hay que reconocerle la valentía para, en momentos como éste, salir a dar la cara. Lo que pasa es que no la dio.

Uno hubiera deseado una cierta humildad. Un reconocimiento en el que todos nos hubiéramos sentido parte y problema. No vale recurrir a otras situaciones peores. Todos los grupos se lo dijeron. Dijeron que las cosas no van bien y hay que hacer algo. Probablemente nadie tenga la solución y nadie la dio ayer. Pero, tal vez no sé- hubiera hecho falta que el presidente hubiera pedido ayuda para lo que es, en realidad, un problema de todos.

Porque, de verdad: ¿vale de algo no pronunciar la palabra crisis como hasta ahora se ha estado haciendo? Los regates semánticos no sirven para nada. La crisis está en la calle desde el momento en que la gente la nota en su bolsillo, desde el momento en que el ciudadano va al mercado y comprueba como su dinero vale menos a la hora de comprar el pan, los tomates o el aceite.

Al Gobierno se le puede culpar por haber ocultado o no haber reconocido una crisis galopante. No de la existencia de esa crisis que no es sólo española. Y es verda, como ayer le recordaron al Presidente los portavoces de los demás grupos ,que se han tomado medidas que difícilmente pueden justificarse.

Los 400 euros, sin ir más lejos. Ya se escribió en su momento en estas mismas páginas que es una medida que no soluciona nada, además de que no afecta a los más desprotegidos. Ayer el Presidente se remitió a ello en una fuga que me sonó un tanto vergonzosa y vergonzante. Y en su aplicación justificó el talante progresista de su gobierno. Pues, bueno. Pues, me alegro. Pero no van por ahí los tiros.

La crisis no se va a resolver ni con 400 euros ni con los 2.500 por hijo (a los que ayer, por cierto, también hizo mención). La crisis tiene raíces más profundas y, de ser ciertas las previsiones, hasta las más optimistas, de larga duración. No puede resolverse todo diciendo que las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero son progresistas y las de los demás, no.

En tiempos como éstos, no sé yo si las diferencias ideológicas tienen mucho que ver. Aunque, rectifico. Probablemente, más que nunca, haya que exigir al Gobierno socialista que acentúe la protección social, que no abandone al ciudadano a su suerte. Por lo menos que este desastre, desde un punto de vista humano y social, se atenúe con medidas encaminadas a apoyar a quienes más sufren las consecuencias de la crisis.

Lo demás no sé de quien depende, pero el Gobierno no puede esperar a que la tormenta pase.

Y, mientras tanto, con Dámaso Alonso, elevar esta oración. Y preguntarnos:


Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.


Dime qué significan
estos espantos que me rodean.


Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,

igual, igual, que yo les interrogo a ellos.

Todo puede ir a peor
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