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lunes. 04.07.2022

Los tiempos están cambiando

Hace 52 años que Bob Dylan escribió está emblemática canción; símbolo de un cambio de época.

“Venid senadores, congresistas; por favor haced caso de la llamada. No os quedéis en la puerta de entrada, no bloqueéis el vestíbulo pues va a dañarse aquel que se haya atascado. La línea está trazada, la maldición está echada. Es lento ahora luego será rápido como lo que ahora es presente luego será pasado”

Hace 52 años que Bob Dylan escribió está emblemática canción; símbolo de un cambio de época. El año político que comienza también inaugura un cambio de ciclo. Se venía fermentando institucionalmente desde las Elecciones Europeas del 14. Llegó en las Municipales y Autonómicas de mayo del 15 y eclosionó en las Generales de hace quince días. Por lo tanto, el mandato popular es inapelable: Otra cultura política; otro sistema de relaciones y de jugadores.

el año empieza fuerte y los partidos deben transformarse. En términos darwinianos, el partido que no se adapte estará condenado a morir

La ciudadanía demanda nuevas formas, nuevos discursos, nuevos contenidos. Pero a la vez, se muestra cautelosa. Todo proceso de cambio provoca tensión; incluso miedo a perder lo logrado. Se cuestionan aspectos que antes eran poco menos que inherentes, esenciales. Se proponen debates sobre nuestro ordenamiento jurídico constitucional; sobre nuestra identidad; sobre nuestro espacio territorial. En definitiva, se da apariencia de que todo está abierto; que nada es sólido. Pero si algún proceso ha sido, en verdad, revolucionario ha sido el de la reciente crisis. Un proceso donde se ha conservado muy poco; se ha perdido socialmente mucho y donde el debate ha sido muy soterrado, poco democrático y transparente.

Más allá de los miedos, la realidad es que el sistema se ha hecho más complejo, más abierto, más dinámico. Se requiere de mucho diálogo y de poca hegemonía. Se requiere de mucha cocina y de pocos platos precocinados. Menos verdades absolutas y más pensamiento propio. Todo ello, provoca que la política sea más incierta, más lenta y, tal vez, más decepcionante. Cuando abrimos algo, estamos en tiempo de regalos, las esperanzas puestas en lo que vamos a abrir son muy altas. Pero luego viene lo realmente existente. En cualquier caso, la democracia es consustancial con la decepción. La democracia es un sistema de decepciones grupales e individuales por satisfacciones colectivas, generales.

Por lo tanto, el año empieza fuerte y los partidos deben transformarse. En términos darwinianos, el partido que no se adapte estará condenado a morir. Por adaptación no me refiero a ser más nuevo o más viejo; más moderno. Puede haber partidos nuevos que practiquen la vieja política y viceversa. La clave no son los años de antigüedad sino el proceso de adecuación a las demandas ciudadanas. No olvidemos que nuestros representantes políticos también son representaciones culturales. Es decir, deben portar ideas, nociones, creencias emanadas de la propia sociedad.

Así pues, el año 16 se convierte en el año 0 del nuevo ciclo político. Espero y deseo que nuestros representantes sean capaces de leer con precisión el relato que la ciudadanía le hemos demandado. Para ello, nada mejor como salir de sus estrechos espacios y abrirse a la sociedad.

Los tiempos están cambiando