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lunes. 08.08.2022

Terrorismo conservador

NUEVATRIBUNA.ES - 29.7.2009...En sus primeros años existencia, se percibía en sus textos la tensión interna, la discusión y el intento de ser fieles al espíritu de una época en que el mundo cambiaba con rapidez.
NUEVATRIBUNA.ES - 29.7.2009

...En sus primeros años existencia, se percibía en sus textos la tensión interna, la discusión y el intento de ser fieles al espíritu de una época en que el mundo cambiaba con rapidez. ETA contaba con gente que era sensible a la dinámica del mundo de los años sesenta, que, influida por la descolonización y la guerra fría, quiso hallar en el tercermundismo la inspiración para enfrentarse a la dictadura en un país europeo desarrollado. Las primeras asambleas muestran las tensiones que acompañaron la búsqueda de referentes para establecer la línea política, y las últimas de aquella época, el preocupante rasgo que ésta adquiría al irse eliminando las visiones más sutiles para imponerse el modelo que resultó vencedor. El hallazgo, que consistió en mezclar a Sabino Arana con Stalin, combinaba una visión idealizada y acrítica del legado nacionalista con un marxismo rupestre, con lo cual se recubría el fondo nacionalista y racial con un barniz izquierdista. En aquel tiempo quedaron perfiladas las líneas maestras de su estrategia: el franquismo, una dictadura irreformable, era la última expresión de la opresión secular del pueblo vasco por España; ante la deserción del PNV, ETA era la expresión más genuina de los intereses de este pueblo; un pueblo milenario al que ETA, como vanguardia, debía conducir a su tierra prometida, que no era otra que las siete provincias vascas reunificadas en un solo país, independiente y socialista: Euskal Herria.

Desde hace más de 40 años ETA no se ha movido de este esquema ni de los métodos de lucha adoptados para impulsarlo, y quienes lo han intentado han tenido que abandonar la Organización. El programa ha derivado en un mantra, que repite cansinamente: nada ha cambiado; todo sigue igual tras la muerte de Franco; España oprime a Euskadi; se persigue exterminar al pueblo vasco; hay un estado de excepción en Euskadi, etc, etc. Y si nada ha cambiado en el entorno nada hay que cambiar en la estrategia.

Hoy, ETA es incapaz de revisar críticamente el reaccionario legado sabiniano y de definir con algo de claridad el tipo de socialismo que propugna, que junto a lo anterior prefigura una sociedad con bastantes visos totalitarios. Tampoco parece capaz de ensayar otra táctica que no sea la de los atentados.

Una de las causas de esta impotencia es que en ETA no ha habido renovación ideológica, aunque sí generacional; se ha nutrido de individuos nuevos pero no de nuevas ideas.

Uno de los elementos que explican la supervivencia de ETA es haber educado en la docilidad más aberrante a una gente que se cree inconformista e incluso revolucionaria, hasta configurar una burbuja en la que la realidad no cabe. ETA ha conseguido crear una legión de fanáticos creyentes, seguidores de las más peregrinas teorías de sus dirigentes, reacios a pensar por su cuenta y prestos a desterrar cualquier signo de discrepancia con el credo profesado.

Así, de las levas de jóvenes incorporadas, cada día vez más incultos y más ignorantes en política, algunos han llegado a la dirección de la banda, de lo que se extrae la conclusión de que el coche bomba es el camino más corto entre la impaciencia revolucionaria y la pereza mental.

Estando cada día más lejos de alcanzar sus objetivos, habrá que pensar que el atentado perpetrado contra la casa cuartel de la guardia civil en Burgos, afortunadamente sin víctimas mortales aunque con heridos, es una especie de siniestro homenaje de ETA hacia sí misma en su 50º aniversario, que ojalá sea el último.

José M. Roca es escritor.

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