domingo. 14.04.2024

Tal como somos según el CIS

En una escala del uno al diez, los españoles, pese a todo, se declaran muy mayoritariamente felices...

¿Seremos un país de felicidad sumergida?

Cuentan que la web del Centro de Investigaciones Sociológicas se colapsó a mediodía del miércoles 5 de noviembre de 2014 ante la irrefrenable e inédita curiosidad de los españoles por conocer antes que nadie el resultado de una encuesta sobre intención de voto. Con anterioridad a esa fecha el ambiente se había ido caldeando con insinuaciones más o menos veladas de que en ese organismo, dependiente administrativamente del Ministerio de la Presidencia y, por tanto, de la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno, doña Soraya Sáenz de Santamaría, se estaba procediendo a un intenso trabajo, no se sí de cocina o de maquillaje, a los datos de previsión electoral a fin de minimizar los efectos de un titular que pudiera poner en duda la capacidad del partido gobernante para seguir presentándose como primera fuerza. Y, sobre todo, no consolidar la expectativa de Podemos como primera alternativa. 

Cabe decir que una vez publicado el Barómetro de octubre, ninguna formación política ha cuestionado el trabajo del Centro y que, incluso quienes pudieran haber puesto el acento en la diferencia entre la estimación de voto directo y el resultado final, han admitido de buen grado la existencia de variables a considerar, como el voto oculto. Razonable posición por parte de quienes tienen en su núcleo dirigentes politólogos y sociólogos. Tal vez sea ese uno de los efectos más positivos de la encuesta: la sensatez en un partido tachado de populismo.

Oscurecidos por la natural preocupación por conocer el pulso electoral, el Barómetro del C.I.S. ofrece datos muy interesantes sobre los sentimientos de los españoles, sus preocupaciones y sus hábitos de comportamiento. Las respuestas dadas por los ciudadanos a preguntas sobre la situación económica o política -sin ninguna cocina- dejan a la claras un estado de insatisfacción muy mayoritario. Más del 82% definen como mala o muy mala la realidad económica y un 80% la política. En ambos casos, peor que un año atrás, en clara contradicción con el discurso gubernamental. El paro continúa siendo la máxima preocupación para un 76%, a lo que pueden sumarse otros ítems directamente relacionados, como los problemas de índole económica (un 27%), las pensiones, etc. Naturalmente, la corrupción y el fraude escalan a la segunda posición (un 42,3%) y, en lógica concordancia. El cuatro problema deriva (un 23%) de la actuación de los políticos.

Llama la atención que cuando asistimos a un pulso político de tanto calado e imprevisibles consecuencias para la configuración del Estado, como el que suponen los variados intentos de consulta soberanista en Cataluña, los nacionalismos y las Autonomías no constituyan preocupación para más de un 3,8% de los consultados. Muy lejos de la Sanidad o la Educación. Otras cuestiones sometidas al debate mediático más reciente, como la Monarquía o la Ley del Aborto ofrecen índices irrelevantes en la preocupación ciudadana. Y se me ocurre: ¿no habría resultado interesante preguntar a los españoles sobre su posición ante la consulta catalana sobre la necesidad de una Reforma Constitucional? Ciertamente, el C.I.S. nos da algunas respuestas indirectas cuando sabemos que más de un 49% de los encuestados optan por mantener el actual Estado autonómico o introducir profundizaciones en sus competencias, que el 11,5% preconiza la posibilidad de convertir las Autonomías en Estados independientes, o que un 18,7% reivindique un Estado central sin autonomías. Triunfo del actual “status” que corrobora el hecho de que un 52% se sienta tan español como miembro de una Comunidad Autónoma, que un 8,5% no se sienta español o que un 17,7% sólo se reconozca como español.

Y a todas estas, más vale que nos quedemos con un cuadro global, resumen del sentimiento vital que, tal vez, dependa menos de magnitudes conmensurables sociológicamente y más de las relaciones afectivas. En una escala del uno al diez, los españoles, pese a todo, se declaran muy mayoritariamente felices. Un arco que va desde el 1% que se siente completamente infeliz hasta el 11,5% exultante de felicidad. Menudo reto tienen los sociólogos para interrelacionar este dato con el resto de las variables. ¿Seremos un país de felicidad sumergida?

Tal como somos según el CIS