martes. 28.05.2024

Stop al Plan Rabassa: La lucha ha merecido la pena

Ya hay sentencias que anulan el Plan Rabassa. Y faltan más, incluida la de la PIC. Cuando hace 8 años varios ciudadanos nos levantamos contra el Plan...

Con Ramiro Muñoz y Adrián López en el recuerdo     

Ya hay sentencias que anulan el Plan Rabassa. Y faltan más, incluida la de la PIC. Cuando hace 8 años varios ciudadanos nos levantamos contra el Plan lo hicimos con un manifiesto titulado: “Por la dignidad de Alicante, no al Plan Rabassa”. Eso molesto a algunos. Peor para ellos. Pero estaba claro lo que queríamos decir: en una ciudad a la que se le robaba futuro con decisiones urbanísticas destructivas y en la que una trama se repartía los despojos, el Plan Rabassa era la línea roja: resumen de toda la irracionalidad de una época puesta al servicio de un personaje y de sus monaguillos municipales, destruía la posibilidad de diseñar un Alicante practicable con desequilibrios poblacionales, desastre medioambiental, carencias dotacionales y problemas de comunicación. Pero el Plan Rabassa, sobre todo, siempre fue la historia de una mentira. Porque las élites de codicia ilimitada vendieron el producto como la solución al problema de la vivienda y al paro. Nunca hubo tal, pero demostrarlo era tarea casi imposible. Fuimos atacados, presionados y amenazados,  bloqueados con campañas de publicidad e insultados. Y eso que empezamos siendo muy pocos: los que queríamos que cuando se escribiera la historia de Alicante nuestros nombres constaran a pie de página como los que no nos resignamos. Por eso la lucha contra el Plan Rabassa fue, ante todo, una lucha por la ética, por introducir otros valores en el horizonte ciudadano; una lucha pedagógica por convencer a la mayoría de nuestras razones alternativas. Creo que eso lo conseguimos, sobre todo cuando la troika de la que hay que rescatar Alicante –Alperi, Castedo, Ortiz- fue retratándose con perfiles más fuertes y sus voces quedaron indeleblemente grabadas en registros policiales. Quedaba la nulidad jurídica: sin ese clima ciudadano no se hubiera conseguido. Pero aquí esta. Hemos ganado. Y otros han perdido. Un minuto de respiro y de alegría se nos puede permitir.

Sobre todo porque era importante que la victoria fuera un hecho tangible. Que el Plan Rabassa, como gran maniobra especulativa, no se iba a completar era algo que sabíamos, pues lo importante era que unos políticos que desprecian a la ciudad confiaran a un empresario que la hace sangrar el control de suelo suficiente para condicionar el mañana. Por eso la sentencia es esencial: castiga los errores, describe la incuria e impericia de munícipes y empresario, nos enseña hasta qué punto se sintieron impunes, meras máquinas de trasegar fortunas; pero, sobre todo, como aviso imperecedero, sirve para sanciona su insolencia.

 Pero ya vuelven a las andadas, ya regresan al engaño y a hablar de Ikea y a decir –nuestra todavía alcaldesa- que son “problemas formales” -¿y qué otra cosa se iba a dilucidar en un contencioso?-. Tiempo habrá de analizar la letra pequeña, pero valgan unas palabras contra las nuevas mentiras. ¿Empequeñecer el asunto? El Plan Rabassa figura en el PGOU paralizado en la Generalitat como “en ejecución”. O sea, que una infinidad de actuaciones previstas en el proyecto han de enlazar con las previsiones del Plan. Desaparecido el Plan, lo que queda es un vacío de 4 millones de metros cuadrados y un desequilibrio insoportable. Ya puede sentarse Castedo a esperar que le aprueben el PGOU en estas condiciones. Y, si lo hacen, ya tendremos tiempo de nuevos recursos y de enredar un poco más bajo las pisadas de las pesquisas judiciales. Lo único decente es retirar el PGOU.

No me opongo a Ikea, e incluso creo que podría ponerse en territorio del extinto Plan Rabassa. Pero hay varios problemas. El primero es que Ikea no consta en el Plan Rabassa: mentira sobre mentira, Castedo se esfuerza en ligar la caída del Plan con su juguete sueco, cometiendo, otra vez, la obscenidad de traer a su pantomima la necesidad de empleo. Ikea apareció sólo a los pocos días de que la Generalitat aprobara definitivamente el Plan, aunque ahora sabemos que algunos estaban ya al tanto de la maniobra. Se trataba de multiplicar las ganancias de Ortiz, ese no amigo de Alperi y Castedo. Por lo tanto las sentencias no aluden a Ikea. El segundo es que Ikea es Ikea y dos megacentros comerciales que arrasarían los precarios equilibrios comerciales y, quizá, acabaran por provocar más paro. El inconveniente es que nunca el PP ha querido abordar esa cuestión en conjunto, porque lo importante de verdad era su ubicación en el Plan Rabassa. El tercero es que, pese a los desaforados esfuerzos del Ayuntamiento, la sentencia ha llegado antes de que las instancias implicadas den solución al gran problema de los accesos y el tráfico. Y sobre eso Castedo sigue callando. Así que avisan de un posible Plan B. Muy bien. Avanzo posibilidades jurídicas de Plan B: la tramitación de una Declaración de Interés Comunitario o de una Actuación Territorial Estratégica. Pero hay una complicación: ha de aprobarlas la Generalitat. ¿Va a aprobar Fabra esto cuando el Brugal escruta a Castedo, Alperi y Ortiz sobre el Plan Rabassa?, ¿cuando cada piedra de Rabassa es sospechosa de haber cometido delito? Que la Generalitat moviera esta pieza sería tanto como amnistiar a priori a cohechadores y prevaricadores. Están los tiempos para eso. Y lo que Fabra quiere es que Castedo y Alperi se vayan. O sea, que si hay unos culpables de que Ikea no se construya, por su empecinamiento en llevarlo a Rabassa, son Ortiz, Alperi y Castedo. El círculo se cierra.

Puestas así las cosas sólo cabe preguntarse: ¿qué va a ser de la gran pieza territorial del anulado Plan? Como no hay ningún cartel que diga “Reservado a Ortiz”, deberíamos empezar a hablar en serio del asunto. Y, más cerca, lo dicho: hemos ganado. El PP ha sufrido su mayor derrota desde que gobierna y hunde esta ciudad. Sus aliados se han reducido un poco más y sus vergüenzas se quedan al aire. Castedo y Alperi deberían dimitir. No insistiré, ¿para qué? Crepusculares, Rabassa es el Waterloo de su poder. Ahora pueden lamentarse, tratar apenas de justificarse. Allá ellos si quieren sumar a su cobardía el ridículo. La dignidad de la mayoría está salvada. La lucha ha merecido la pena.

Stop al Plan Rabassa: La lucha ha merecido la pena