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lunes. 26.09.2022

Sraffa, el economista silenciado

Que la obra de Sraffa, especialmente su obra principal Producción de mercancías por medio de mercancías, no sea materia de estudio en las facultades de Economía es la mayor injusticia intelectual en el mundo del conocimiento de esta materia.

Que la obra de Sraffa, especialmente su obra principal Producción de mercancías por medio de mercancías, no sea materia de estudio en las facultades de Economía es la mayor injusticia intelectual en el mundo del conocimiento de esta materia. La inmensa mayoría de los licenciados en Economía –ahora serán graduados– salen de las facultades con el título economista bajo el brazo sin saber una palabra de lo que dijo este genial italiano. Peor aún, porque Sraffa no se presenta con su obra principal como el creador de una importante contribución a la historia del análisis económico, pero una más, sino que la lectura atenta de su libro demanda erigirse en los fundamentos de lo que debiera ser en el análisis económico estándar, el más pegado a la realidad por más abstracto que parezca su modelo. Lo veremos enseguida, pero primero damos algunos datos biográficos del autor de Producción de mercancías por medio de mercancías.

Piero Sraffa nace en Turín en 1898 y muere en el Cambridge inglés en 1983. Es hijo de un prestigioso jurista, Ángelo Sraffa y de Irma Tivoli. Sus estudios en la escuela elemental los hace en Parma y los secundarios en el famoso instituto Giuseppe Parini, en Milán. Los universitarios los realiza en la Facultad de Derecho de Turín, donde sigue los cursos de economía política de Luigi Einaudi, especialista en finanzas. Enseguida -en 1919- entra en contacto con el dirigente italiano Gramsci y participa mediante traducciones de textos alemanes, franceses e ingleses en L´Ordine Nuovo, revista creada por el propio Gramsci y el que fuera posteriormente máximo líder y renovador del PCI, Palmiro Togliatti. La amistad, correspondencia y desvelos personales de Sraffa en ayuda de Gramsci fueron constantes hasta la muerte de éste en 1937. Tras algún intento anterior, en 1927 puede ir a Gran Bretaña y se entrevista con Keynes. Entre 1919 y 1920, Sraffa había preparado una tesis sobre las finanzas italianas bajo la supervisión del profesor Einaudi titulada L´inflazione monetaria en Italia e dopo la guerra. Ya en tierras inglesas y en contacto de nuevo con Keynes, éste le pide un artículo para la revista Manchester Guardian Commercial que dirigía. Sraffa escribirá ya directamente en inglés The Bank Crisis in Italy. Keynes quedará agradablemente conmocionado por el trabajo de su ya amigo turinés y ya no le dejará escapar de su Cambridge inglés, a pesar de los problemas de Sraffa para dar clase y, en general, para hablar en público. Entre 1924 y 1925 prepara un trabajo cuya importancia en la historia del análisis económico es difícil de exagerar: Sulle relazioni fra costo e quantità prodota (Sobre las relaciones entre costo y cantidad producida). Retorna a Italia y en 1926 obtiene una cátedra en la universidad de Cagliari, en Cerdeña, donde enseñará hasta el verano de 1927. En 1926, Keynes, a instancia del afamado economista Francis Edgeworth, le pide un artículo sobre la competencia y Sraffa le manda un trabajo quizá aún más importante que el anterior: The laws of Returns under a Competitive Conditions (La ley de los rendimientos en régimen de competencia). La presión del régimen fascista para él se volverá insoportable y en 1927 se instala definitivamente en Cambridge hasta su muerte.

Vamos ahora a justificar el porqué de la afirmación anterior de que la obra de Sraffa Producción de mercancías por medio de mercancías merece constituirse en los fundamentos del análisis económico. Cuatro serían –en mi opinión– las ideas fundamentales que se desprenden del libro:

1) Sraffa parte de toda la realidad económica en sus interrelaciones según bienes y servicios producidos y sus procesos. Al igual que las tablas Input-Output de Leontief, cada unidad de información del modelo esrafiano nos dice qué y cuanto se produce y de dónde procede, bien sea entendido como proceso o como sector. En ello se diferencia tanto de la Microeconomía como de la Macroeconomía convencionales. La primera estudia supuestamente cada mercado de cada producto independientemente de la estructura general de la economía. Es la herencia del equilibrio parcial de Alfred Marshall (1842-1924) y sus claúsulas caeteris paribus. La Micro caracteriza los mercados desde la ideal competencia perfecta donde los empresarios oferentes no pueden variar el precio, hasta las situaciones de monopolio, donde se puede variar precio y cantidad hasta encontrar un óptimo en las ganancias. Hasta Alfred Marshall este tipo de análisis tenía algún sentido, aún tenía dosis de realismo, pero las sofisticaciones formales y su intento de generalización a todos los mercados (la teoría del equilibrio general) lo ha convertido en todo un disparate donde, según este modelo, los salarios se pagan según el valor de supuestas productividades marginales, los precios se forman según costes marginales conjuntamente con las también supuestas utilidades marginales del lado de la demanda. Todo un cuento chino que lleva repitiéndose casi ya un siglo en las facultades de economía. De la Macro se diferencia en que ésta aborda aspectos esenciales de lo que se entiende por fenómenos económicos de forma agregada, perdiéndose con ello algo esencial como son las relaciones comerciales y de producción entre los bienes que no son de consumo final, sino de medios de producción. Así como la Micro es un fruto a la vez recopilativo y creativo del economista Alfred Marshall, los padres de la Macro son Keynes y Kalecki, aunque la fama se la haya llevado el primero.

2) Para la Micro convencional los precios se forman por la labor conjunta de una apreciación subjetiva a través de la llamada utilidad marginal y los costes marginales de las empresas que producen los bienes y servicios. Otro cuento chino porque el 99% de los empresarios de este mundo no saben qué es eso de un coste marginal y porque, aunque lo supieran conceptualmente, serían incapaces de calcularlo. Sraffa parte de un supuesto: que los precios se forman añadiendo un margen de ganancias a los costes. Es decir, el economista italiano teoriza a partir de lo que hacen todos los gestores, empresarios y comerciantes de todo el mundo. Se trata de una dosis de realismo imprescindible. Es verdad que en el libro de Sraffa siempre trabaja con una única tasa de ganancia, pero esto es fácilmente generalizable. Pero Sraffa es un economista, no un mero contable. El modelo de Sraffa permite pasar de estos supuestos precios meramente contables a unos precios dependientes sólo de las cantidades físicas de medios y productos finales y de las tasas de ganancia y salarios de la economía. Para ver todo esto hay que abordar el estudio de su obra capital de forma detenida, paso a paso.

3) Para la Micro convencional el capital es un agregado de medios de producción a partir de sus valores monetarios. Ello les llevó a los neoclásicos a un callejón sin salida que ni siquiera Samuelson con su función subrogada de producción pudo encontrar la luz. En su versión austríaca la teoría neoclásica del capital nos lleva a las expectativas de futuro, al valor del capital como actualización de supuestas rentas futuras. Sraffa lo hace al revés y considera que lo que se llama capital son los medios de producción empleados fruto del trabajo en el pasado y capitalizados a un tipo de interés para encontrar su valor presente. Sraffa emplea la tasa de ganancia para esa actualización, pero puede emplearse otra tasa e introducir con ello el mercado monetario. Es otra dosis de realismo, porque cualquier instrumento se producción ha sido producido en algún momento con trabajo, los medios de producción no son ningún maná bíblico al que sólo haya que alzar la mano para ponerlo a trabajar por sí sólo.

4) Hay obras de Macro de algún premio Nobel (Thomas Sargent) que nos adentra en el estudio de la economía suponiendo que cada empresa produce un solo producto y en ningún momento pasa a su generalización. Es un supuesto muy utilizado por los neoclásicos d antes y de ahora, es todo un encontronazo con la realidad, otro disparate mayúsculo. Frente a ello, Sraffa estudia la producción conjunta, es decir, el supuesto de que una empresa produzca más de un bien y/o servicio y que cada bien y/o servicio sea producido por más de una empresa. Sraffa habla siempre de mercancías (commodities), pero hoy diríamos bienes y servicios. La producción conjunta es otra buena dosis de realismo que deja obsoletos todos los modelos que no entran por el aro de este tipo de producción.

Sraffa estudia otros temas como el capital fijo, la renta de la tierra, los bienes auto-reproducibles, la frontera salario-ganancia y los desplazamientos de los métodos de producción. Resolvió el problema de Ricardo de cómo construir una mercancía cuyo valor fuera independiente del nivel de precios (la mercancía-patrón) y en sus artículos de 1925 y 1926 aportó sugerencias decisivas sobre la competencia que no era precisamente perfecta y la necesidad de estudiar el conjunto de la economía para saber el coste de producción y de sus papeles que ahora se van conociendo aún cabe alguna sorpresa. Acabaría esta presentación preguntando cuál sería el objeto de su materia de estudio, es decir, qué es economía para Sraffa. Daría una definición que nunca hizo explícita el italiano, pero que una meditación fruto del estudio de su obra lo permite: la economía para Sraffa sería el estudio del excedente y sus límites derivado de los bienes reproducibles. Al limitarnos a los bienes reproducibles soslayamos el problema de los bienes cuyo valor depende de lo subjetivo, de lo meramente subjetivo, como un cuadro, por ejemplo. Al hablar de los límites pero no saber el cómo de su reparto, permite conectar a Sraffa con Marx y su teoría de la explotación y de los ciclos. Al tomar como un dato la demanda permite también construir modelos integrados donde estén presentes el excedente de Sraffa y la demanda efectiva de Keynes. Sraffa no tiene una teoría de la distribución, de la inversión o una explicación de los ciclos, pero estas omisiones, estas oquedades, son precisamente las que permiten a la obra de Sraffa ser la candidata perfecta para esos nuevos fundamentos de la economía que reclamamos y que debería ser una nueva teoría económica, una teoría más pegada a la realidad, una teoría que, sin dejar de ser una explicación (teoría) y no una mera descripción de la realidad, permitiera explicar el mundo de la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios.

Invitamos a esta sección a colaborar a cualquiera que tenga algún conocimiento sobre Sraffa y su rico mundo intelectual en el que se vio envuelto y del que fue protagonista (Wittgenstein, Bertrand Russell, Keynes, el Cambridge inglés de los años 30 del XX, etc.).

Madrid, 7 de marzo de 2013

Sraffa, el economista silenciado