#TEMP
miércoles. 29.06.2022

Solidaridad y endeudamiento

El 40% de las inversiones en carreteras, que nos han sacado de los países en vías de desarrollo, son fondos de solidaridad de la Europa que nos acogía en los 80. Aquella Europa tenía buena pinta y los españoles, todavía con la memoria arrasada por falta de cosas de interés que recordar, con excepciones, claro,  estábamos henchidos de satisfacción.

El 40% de las inversiones en carreteras, que nos han sacado de los países en vías de desarrollo, son fondos de solidaridad de la Europa que nos acogía en los 80. Aquella Europa tenía buena pinta y los españoles, todavía con la memoria arrasada por falta de cosas de interés que recordar, con excepciones, claro,  estábamos henchidos de satisfacción. Hoy, las cosas  parecen bastante diferentes, según un estudio de PwC: nueve de cada 10 empresarios o directivos estiman que la situación de la economía española es mala o muy mala y casi todos ellos pronostican que va a continuar así, al menos, los próximos seis meses; seis de cada diez panelistas creen que disminuirá la creación de empleo, debido a las condiciones de financiación y reclaman todos los encuestados una unión política, fiscal y bancaria en la Unión europea, contabilizando, curiosamente, un 41% de ellos una Europa federal y otro 41% una confederación de Estados, al tiempo que 8 de cada 10 directivos, expertos o empresarios estiman que las iniciativas como el Pacto de estabilidad, de no ir acompañadas por políticas fiscal y monetaria europeas, no serán de ninguna utilidad.

Ha llovido algo desde aquellos primeros instantes en que los Fondos Estructurales y de Cohesión transpiraban solidaridad entre unos pueblos que históricamente se habían mantenido en conflicto y que materializaban una voluntad inequívoca de aparcar diferencias y reforzar coincidencias. Nadie podía imaginar que pudiera tratarse de una iniciativa egoísta. Tampoco se podía entrever que algunos de los países integrantes podrían estar diseñando su propio futuro a costa de otros, más precisados de ayuda, que acudían a la llamada de una romántica Europa que, vieja y experimentada, aparentaba querer superar sus propias y milenarias miserias. Cuando el Euro apareció en escena, todo auguraba un provenir esplendoroso. Ciertamente, es posible que el euro haya permitido crear el doble de empleo en Europa que en Estados Unidos en los últimos diez años pero, no es menos cierto, que camufladas permanecían como cargas de efecto retardado, institucionales o no, advertidas o consentidas, ignoradas o escondidas, que han detonado, como mínimo un tiempo después, sino de forma controlada y premeditada, como podría interpretarse malévolamente.

La economía española va a caer en torno al 1,5% del PIB este año y en torno al 1% el próximo, aunque Alemania crecerá un 1%, mientras que Europa crecerá un 0,5%, según otros y , a su vez, el Fondo Monetario Internacional prevé un crecimiento de un 0,2%. Buena parte del mundo parece estar persuadido de que las dificultades para España son de tal naturaleza que es imprescindible el rescate, y este fin de semana ha sumado un elemento coral más, a la ya larga e interminable lista que se manifiesta en el mismo sentido: el Secretario General de la OCDE, que opina que si España pidiera el rescate, tanto la OCDE como la Unión Europea, deberían emitir señales muy favorables en apoyo de uno de la familia. Bueno, todos parecen tener que opinar, pero no exactamente en la misma dirección: Francia e Italia instan e instigan a que se tome la decisión cuanto antes, mientras que Alemania advierte que el rescate conlleva más recortes y reformas.

Diversos hechos, todos conocidos nos han sumergido en un estado de shock. El déficit lo han convertido en nuestra bestia negra, pero los objetivos del déficit se deben poder revisar, desde la solidaridad, si se agravan, y es un hecho que así ocurre. Italia nos da empujoncitos al opinar que si España pide el rescate, se aliviará la tensión de los mercados. Para beneficiar el país alpino, claro.  España no tiene posibilidad de cumplir  el objetivo del déficit para 31/12/2013 y nos lo han retrasado al 31/12/2014. Este año, debería haber sido 4,5 % del PIB, es decir,  45.000 millones de déficit. Rajoy pidió el 5.8%. Nos han aceptado el 6,3% es decir 63.000 MEuros. El objetivo es inalcanzable. Necesitamos plazos realistas y que no nos angustien más con la soga al cuello, que no para de apretar los acreedores. Con recesión y hundimiento no se recaudan impuestos suficientes y no se puede devolver la deuda. Debería ser una cuestión de realismo, por parte de los acreedores. Fijar 2015 o 2016 es bastante más realista y debieran tener en cuenta que la realidad se venga cuando no se la acepta y reconoce. Si nos asfixian, nos morimos, fallecemos y no devolvemos las deudas.

El interrogante al que nos enfrentamos es lapidario: ¿por qué se mantiene algo que se sabe que va al fracaso? No podemos ignorar el papel de las empresas, alemanas e inglesas,  que son las que están viviendo de lo que hacen a gentes que no pueden más, amparadas en ese enunciado de “los intereses de mercado”, que tienen nombre y apellidos.  No se trata de que nos enfrentamos a un rescate, porque no lo es,  porque es un gigantesco préstamo con una rentabilidad muy concreta, cobrándonos intereses elevados. El PP reconoce el incumplimiento del déficit. El PP pretendió atribuir a la herencia de ZP los recortes que hacía, pero las medidas políticas que adopta  son exclusivamente para atajar el déficit, y cuando reconoce que no puede cumplir con el objetivo reconoce una estrepitósamente mala predicción de cómo se comportaría el mercado, la reforma laboral, las grandes fortunas defraudadoras con la amnistía fiscal y cuantas iniciativas ha tomado y no han paliado la situación que atravesamos. Los intereses hoy, con el PP, en sintonía con una parte de Europa, están ligados a un proyecto ideológico que privilegia a las empresas y las Instituciones Financieras. Ese es el reto político que no enfrentamos. ¿Por qué no se puede enfrentar? Porque nuestros gobernantes están todos secuestrados por estos intereses económicos que pueden acabar con la UE. Los cuatro estados del Norte de Europa son el coro de Merkel y lo que haya detrás. Otros del Sur lo sufrimos. Pura ideología.

Si durante cuatro años seguidos se tiene que pedir dinero prestado, es muy débil el gobierno que lo protagoniza. Francia lo dijo por boca de Hollande antes de llegar: había que estimular la producción. Entre 1997 y 2008 el precio de la vivienda subió el 300% (7 años con PP y 4 años con socialistas). En 1997  se dieron 75.000 MEuros en préstamos al sector inmobiliario y 370.000 MEuros 11 años después. Cuando se vino abajo el sistema financiero americano, en 2007, se inyectaron 90.000 ME en un solo día, al mismo tiempo que el chorro de dinero se corta y la economía, el sector privado, se hunde. Ahora, para pagar los que figuran en la cabeza son los bancos y los grandes prestamistas, mientras que en la cola  figuran  la educación, la sanidad, etc. Los bancos han sido sagaces para situarse en los primeros puestos. Necesitamos pedir prestado para poder pagar a los funcionarios. El que quiera cobrar que se ponga en la cola, si no, no cobrará, parecen decirnos. Este año 63.000 ME tiene que pedir el gobierno español. Al fin, poca o ninguna solidaridad y mucho o cada vez más, endeudamiento.

Solidaridad y endeudamiento
Comentarios