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domingo. 05.02.2023

Sobre la reforma de los estudios de Economía (II)

nueva tribuna | 25.11.2010En España, los medios de comunicación de radio, prensa, televisión, Internet, páginas web, blogs, etc., están dominados por, no ya economistas, sino por periodistas o simples aficionados que opinan de economía sin ignorar que la ignoran.
nueva tribuna | 25.11.2010

En España, los medios de comunicación de radio, prensa, televisión, Internet, páginas web, blogs, etc., están dominados por, no ya economistas, sino por periodistas o simples aficionados que opinan de economía sin ignorar que la ignoran. Ello no quita ni exime la responsabilidad a los economistas que, desde lo público, es decir, viviendo con el dinero de nuestros impuestos, no sólo no han previsto nada, sino que siguen defendiendo los modelos y las teorías que han propiciado la actual crisis. Exactamente lo mismo ocurrió en la crisis del 29 con los asesores áulicos del presidente de USA, el Sr. Roosevelt, que seguían defendiendo la no intervención del gobierno cuando ya estaba en paro más del 20% de la población activa porque defendían que el sólo mercado les volvería a la senda del pleno empleo. Claro está que nunca se decía cuando. El problema es que también son mayoría los economistas y políticos presos de las concepciones neoliberales de la economía que pueblan las instituciones supranacionales: el FMI, el BM, la Unión Económica, la Monetaria, la OCDE, etc. ¿Cómo es posible que estén tan ciegos los burócratas de Bruselas -con la Merkel entre bambalinas- que han exigido -y aún lo hacen- reducir los déficits mediante la sola reducción de los gastos públicos en un momento de crisis, donde lo que se está produciendo es una caída de la demanda privada (consumo e inversiones reales privadas)? Han tenido que pasar 6 meses y quebrar las finanzas públicas de Grecia, Irlanda y probablemente Portugal, para que se den cuenta de que estas exigencias draconianas de reducción de los déficits impiden el crecimiento de la economía por la reducción de los gastos públicos como necesarios gastos compensatorios de la demanda privada. ¿No saben estos economistas y burócratas que hay una relación entre el crecimiento y el pago de los intereses y principal de la deuda, y que si no se crece por encima de estos intereses en los próximos años el país se vuelve insolente? ¿Dónde han estudiado? ¡Cuánto despilfarro en cátedras neoliberales y catedráticos y algunos profesores que no han dado una! Porque una cosa son las exigencias de los llamados mercados cuyos actores son meros especuladores sin formación económica de verdad aunque con algún título y ávidos de ganancias a corto plazo para satisfacer a sus inversores y partícipes, y otra es que las instituciones se plieguen a esas exigencias y con los mismos supuestos y criterios para atajar la crisis. Una vez más se demuestra el inmenso error del paradigma smithiano de que buscando el interés particular se consigue el general. Una vez más se demuestra la falsedad de ese paradigma, de esa creencia, porque eso es creencia y no ciencia. Esta sería la primera reforma de la economía.

Se trataría de alejar de una vez por todas ese mantra de que el moralista escocés es el padre de la economía. Si alguien se ha hecho acreedor de ese título es David Ricardo. Es el primero que se mueve a un nivel de abstracción suficiente para la creación de un sistema de análisis -aunque parcial- equivalente al que se movió Newton son sus Principia. Ricardo hizo aportaciones notables, como son su teoría de los precios, su teoría de los salarios, su teoría de los costes comparativos en el comercio internacional, la ley de los rendimientos decreciente en la agricultura, etc. Se dirá que todo es discutible en la aportación de los que ahora llamamos economistas y que, por ejemplo, Marx consideraba a William Petty como padre de la economía y Schumpeter depositaba honor análogo en Walras. Sin embargo, con ser todo discutible, el caso de Adam Smith es en mi opinión excepcional en sentido negativo, porque una lectura de derechas ha hecho que este autor y su obra -La riqueza de las naciones - se convierta en el catecismo neoliberal por excelencia. Eso sí, con aportaciones y refinamientos matemáticos posteriores hasta llegar a la teoría del equilibrio general, a Pareto y a la teoría del bienestar. A esto se ha añadido el marginalismo. Con este se llega a la conclusión de que los, salarios y ganancias vienen -¿o quieren decir que deberían venir?- determinados por las supuestas productividades del trabajo y del capital. Si esto es así, y dado una versión especial y extensión de ¿la ley? de los rendimientos decrecientes de David Ricardo, se llega a la conclusión de que si hubiera una suficiente flexibilidad de precios y salarios -no se dice nunca de ganancias- no podría haber paro. Y eso se afirma siempre, tanto cuando hay menos paro -pero lo hay- en las épocas de bonanza y cuando lo hay escandalosamente en las épocas de crisis, tanto en las economías capitalistas más liberalizadas como en las más intervenidas. Es por ello por lo que esta visión neoclásica-marginalista se ha convertido en un cadáver intelectual y, sin embargo, se sigue estudiando como básica para entender los fundamentos del análisis económico. Ello se hace insoportable a los ojos de cualquier estudiante cuando le explican el marginalismo y su bondades; no digamos cuando le dicen que los salarios dependen de la productividad marginal del trabajo y cuando sale de la facultad y se encuentra con nada parecido, con empresarios que en su vida han oído hablar de productividad marginal, con los convenios de sector, con salarios por categorías, con diferencias salariales abismales entre trabajadores y directivos que no saben donde tienen la mano derecha, etc. En las leyes de la oferta y la demanda para la determinación de los precios aún se sigue estudiando la teoría de la utilidad marginal . Es el marginalismo que no cesa. Yo les invito a los alumnos de economía que le pregunten a su profesor cuántas viviendas propias han de adquirirse para tener una valoración marginal del gasto en vivienda. ¿No les da rubor a los profesores de economía seguir explicando estas cosas que avergonzarían hasta el mismísimo Alfred Marshall?

He repasado el programa de la Universidad Complutense y veo que aún se sigue explicando el equilibrio general (bueno, los equilibrios, en plural, es decir, diferentes modelos, algo hemos ganado) en los cursos de grado. Como ejercicio matemático del teorema o de los teoremas del punto fijo puede valer, pero eso nada tiene que ver con la realidad. Ésta está siempre en desequilibrio, debemos admitirlo. Mejor aún, está en permanente desequilibrios, en plural, y no es relevante desde el punto de vista de la formación de un economista modelos de equilibrio general, a no ser que con ello se quiera demostrar porqué no pueden darse estos equilibrios, porque en la realidad no hay competencia perfecta en todos los mercados presentes y futuros, porque son mayoría los rendimientos crecientes o constantes, porque hay bienes públicos, por los efectos externos, la información asimétrica, porque los costes de información y transacción son relevantes, porque los trabajadores y sindicatos defienden sus derechos laborales de forma colectiva, etc., de tal forma que todo ello impide las llamadas asignaciones eficientes en sentido paretiano. Asignaciones, por otro lado, que no son nada del otro jueves en orden de la justicia y la igualdad, porque estas asignaciones son compatibles con cualquier distribución de la renta por desigualitaria que sea. Creo que esta materia debiera darse sólo en los cursos de doctorado, o en algún máster, pero no para un graduado. El tiempo es oro y siempre escaso y se ha de asignar eficientemente. El tiempo, al ser continuo, si le es aplicable la teoría de la asignación eficiente.

La macro que se estudia es la keynesiana pasada por el túrmix de Hicks (1904-1989), es decir, básicamente el modelo IS-LM. Recomiendo vivamente la lectura del capítulo II del libro de Pasinetti, Crecimiento económico distribución de la renta . La primera versión es nada menos que del año 1974 y, sin embargo, resulta más actual que cualquier libro de los fundamentos de la macroeconomía actual para estudiar lo que dijo Keynes. Con las versiones IS-LM actualizadas a lo que se llega es -de nuevo el viejo vicio- a una teoría del equilibrio entre producción (renta nacional) y tipos de interés mediante resoluciones de sistemas de ecuaciones, donde intervienen variables que intentan representar la realidad como el Consumo, la Inversión, el Ahorro, la Exportaciones, las Importaciones, los Impuestos, la Renta, el interés real, el monetario, etc. Claro está que por medio, por ejemplo, se ha anegado el multiplicador keynesiano. Pero, como señala acertadamente Pasinetti, en el libro de Keynes estas variables y otras que desaparecen en los modelos actuales (la eficiencia marginal del capital, por ejemplo), se dan unas relaciones de causa y efecto que se pierden en el modelo IS-LM y que son básicas para entender la llamada revolución keynesiana. Tal es así, que al final lo que para Keynes supone que el Ahorro no depende de los tipos de interés sino que es la diferencia entre la Renta y el Consumo, para el modelo de Hicks, ambos, Ahorro e Inversión se convierten en una igualdad que denota el equilibrio existente -no como alcanzado- en el mejor de los casos; en el peor, como una identidad. Con ello se pierde la importancia y responsabilidad del gasto público en el combate de las crisis. No es esto una anécdota, sino que atañe a los fundamentos de la macro, porque con la teoría de la demanda efectiva keynesiana se llega a la conclusión de la posibilidad de un equilibrio entre Ahorro e Inversión, entre Renta y Gasto con paro indeseado, todo lo contrario que con el catecismo neoliberal reforzado de marginalismo.

Otro aspecto de esa Macroeconomía es el olvido injustificable de Kalecki, contemporáneo de Keynes, que escribe en su Teoría de la Dinámica Económica y en otros libros y artículos la mejor versión de la revolución keynesiana simultáneamente con el inglés y por cuenta propia. Además, con la ventaja de que hace explícitas las ecuaciones. Aún más, en su libro hace explícita una teoría de los ciclos. Sin entrar en más detalles porque no es necesario para el interés de este artículo, creo que a Keynes y a Kalecki debieran estudiarse simultáneamente, en pie de igualdad, como autores coincidentes en algunas partes de su teoría y como complementarios en otras, con las aportaciones posteriores que llenen de realismo -y no sólo de refinamientos conceptuales o formales innecesarios- sus teorías, porque si se falla en lo fundamental de nada sirve lo accesorio, si el pastel sabe mal de nada sirve una fresca, sabrosa y actualizada guinda. Un uso refinado de los formalismos -matemáticas- cuando se yerra en los esencial -el equilibrio general competitivo, por ejemplo- lleva al descrédito de las matemáticas. Y eso nos repugna a los que amamos tan refinado y esencial instrumento para combatir las creencias, en general, y las neoliberales del sólo mercado, con más razón.

Creo que debiera tomar carta de naturaleza en los estudios de graduado los ciclos y las crisis, quizá junto con las teorías del crecimiento, que no han dejado de estudiarse. Pero no sólo en los capítulos de la historia de la economía o del pensamiento económico, sino como parte analítica de los fundamentos de la economía. Y ello no es nada heterodoxo, porque tenemos el acelerador de Samuelson, la teoría de los ciclos del mencionado Kalecki, a Schumpeter, a Kondratieff, etc. Si no es así, entre que se estudia el equilibrio general y no las crisis y los ciclos en los fundamentos, la impresión del graduado o licenciado es que la crisis no pueden ya darse porque son cosas del pasado o, lo que es peor, que los economistas no han sido capaces de desarrollar una teoría (explicación) de estos fenómenos. Es verdad que, como dice Galbraith , aún se discute las causas de la crisis del 29, pero para ello han de estudiarse, para que los profesionales de la economía estén preparados para analizar sus prolegómenos y no tener que limitarse a predecir el pasado. Ciclos y crisis en los fundamentos y no sólo en la Historia.

En cuanto al papel del sistema financiero y de la empresas del crédito -que tan fundamental papel han jugado en esta crisis- también debieran estudiarse, no como algo aparte de la economía real, sino como algo intrínseco a la economía. Es verdad que han nacido o potenciado en los últimos veinte años nuevas instituciones y nuevos instrumentos del crédito que no son bancos, como los cdo, los cds, los derivados, los swaps, los mercados de futuros, a plazo, de opciones, los fondos especulativos (hedge funds), fondos de cobertura, sociedades vehiculares, etc., que parecen moscas cojoneras para el estudio de la economía real. Sin embargo creo que debiera abandonarse esa distinción entre economía real y financiera, porque ambas son reales y, a veces, una de ellas nocivas para los intereses generales. Vemos ahora cómo los bancos, independientemente de su responsabilidad en las causas de la crisis, sí lo están siendo en sus efectos por su actuación es precrisis y procíclica. Un caso más de la falsedad del paradigma smithiano: los bancos -y en España las Cajas y en general la entidades crediticias-, persiguiendo la mejora de sus cuentas de resultados, están restringiendo el crédito, añadiendo con ello combustible al incendio de la situación.

He dejado para lo último a Marx y Sraffa. Parecen dos casos perdidos para el estudio de los fundamentos del análisis económico. El primero se estudia en la historia del pensamiento, pero nada más, como se estudia a los fisiócratas o se habla de Malthus o Stuart Mill. Se puede salir de la universidad sin saber prácticamente nada de la aportación de Marx al análisis económico, aún cuando se pueda -faltaría más- discrepar de él. Es verdad que su teoría del valor-trabajo -distinta de la de Ricardo- es discutible, pero son muchas sus aportaciones al análisis, especialmente su teorías de la sobreproducción y subconsumo, su teoría de las crisis, de la circulación de mercancías y capitales, de la acumulación del capital e, incluso, su teoría de la plusvalía, a pesar de su teoría contable y sui-géneris del valor-trabajo. Pero Marx debe reintegrase en los fundamentos del análisis en pie de igualdad con Keynes, Ricardo o Walras, porque Marx también tiene una teoría del equilibrio (pero como caso especial). El caso de Sraffa es distinto, por desgracia. Se puede acabar los estudios de grado o de licenciatura sin necesitar a Sraffa en los fundamentos. Algo se estudia, es verdad, pero como una anécdota. Aquí quizá no pueda ser objetivo porque para mí Sraffa es el verdadero creador de la economía como ciencia si es que este calificativo lo merece la ciencia fúnebre. Ricardo es a Galileo lo que Keynes es a Marshall y lo que Einstein es a la física de Newton -salvando las distancias de genialidad-; por su saldo, Sraffa debería representar en la economía lo que la mecánica cuántica a la física hasta Plank. El libro del italiano Producción de mercancías por medio de mercancías representa los fundamentos de una nueva teoría económica y una alternativa a parte de la micro y de la macro. En todo caso es la conexión entre ambas, porque el italiano no estudia los mercados (micro) o las macromagnitudes y sus relaciones (macro), sino las relaciones intersectoriales y establece una nueva teoría embrionaria de los fundamentos del análisis económico. Lo que si está claro es que es además una alternativa a la teoría del equilibrio general de Walras, Debreu, Arrow y Hahn, etc. Podríamos definir la economía de Sraffa como la del estudio del excedente y de sus límites. Ahí no hay productividades marginales, el capital es trabajo fechado, el reparto entre salarios y ganancias son fruto de los conflictos o de la correlación de fuerzas, pero dentro de unos límites marcado por el excedente. Tiene aportaciones analíticas y conceptuales fundamentales para el desarrollo posterior como la mercancía-patrón, la razón-patrón, el capital como trabajo fechado, la diferenciación entre productos básicos y no básicos, la producción simple y conjunta, el mecanismo de elección de técnicas, etc. Como alternativa parece más difícil insertarlo en lo estudios de grado o licenciatura, pero no puede ignorarse por más tiempo ni estudiarse como un caso especial, raro, distinto y desechable. Sraffa es el futuro de los fundamentos del análisis, aunque de él sólo tenemos su semilla. Semilla que ya ha fructificado en gran medida mediante los estudios de Schefold, Pasinetti, Garegnani, Kurtz, Roncaglia, Steedman, Marchionatti, en España, Ahijado, etc.

Para acabar, creo que no deben perdurar en las cátedras quienes defienden el despido libre y la privatización. Son libres de hacerlo, pero no con el puesto asegurado con dinero público. Han de ser consecuentes por su bien y para ganar credibilidad delante de sus alumnos. Deben irse al sector privado que tanto defienden. También debieran abandonar las cátedras los neoliberales que defienden fundamentalistamente cuanto menos Estado mejor, cuanto menos educación y sanidad pública, mejor, y que las pensiones y sus cotizaciones sean privadas o no sean. Esto afecta a la ética, pero esta debe formar parte de los fundamentos de la economía normativa, empezando por sus intérpretes, los profesores, y estos deben dar ejemplo o al menos invitarles a que lo den, pero en la enseñanza privada.



Antonio Mora | Economista

Sobre la reforma de los estudios de Economía (II)
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