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jueves. 18.08.2022

Sabor a hiel

No sé si cuándo nacemos ya estamos más preparados para las victorias, o es con el paso del tiempo, cuándo el ser humano va acomodando su comportamiento, aficiones e intereses dirigiéndolos casi exclusivamente a ganar. Culturalmente en nuestros primeros años de vida siempre optamos por el ganador, por el éxito e intentamos emularlos en el ámbito que sea.

No sé si cuándo nacemos ya estamos más preparados para las victorias, o es con el paso del tiempo, cuándo el ser humano va acomodando su comportamiento, aficiones e intereses dirigiéndolos casi exclusivamente a ganar.

Culturalmente en nuestros primeros años de vida siempre optamos por el ganador, por el éxito e intentamos emularlos en el ámbito que sea.

De adultos, nuestra actitud a veces se limita a poder intentar poseer un coche como el del triunfador, a vestir y peinarse como él, y otras, para mí, leves o graves patologías, que considero innecesario explicar. La sociedad actual ha ampliado y enriquecido en cantidad, el abanico de ejemplos a seguir, todos por supuesto ganadores –aunque la mayoría sólo lo sean de dinero-, cada uno con su propio estilo, tienen su público y un importante número de admiradores.

Tristemente no suelen ser los más seguidos e imitados, hoy día, grandes escritores, científicos, personajes relevantes en su afán. Sino más bien futbolistas, ‘belenes esteban’, y similares personajes.

Con lo anterior no pretendo otra cosa que poner de manifiesto, la falta de adecuación del ser humano, hoy día, para la derrota, y para la vejez, también por ejemplo. Cuando está visto, que sólo se puede ser joven y triunfador en nuestra sociedad actual.

No pretendo, tampoco por otra parte, que el fracaso deba ser el objetivo de nadie, pero sí considero, que deberíamos estar más preparados para el mismo, pues es hermano gemelo del éxito.

Una sociedad sólo y exclusivamente educada, preparada y dirigida a conseguir el éxito, en todas las facetas de éste, mucho me temo que no es una sociedad sana, situaciones como las que vivimos actualmente son la prueba irrefutable de lo que sostengo.

Aceptando la derrota y el posible fracaso, como parte esencial de nuestras vidas, es evidente que la misma pueda ser susceptible de graduar. En el mundo del deporte se utiliza con frecuencia las conocidas como derrotas dulces, aludiendo a aquellas, que el derrotado no es arrasado por el contrario, y cuando el adversario consigue la victoria, pero no sin antes haber realizado un titánico esfuerzo.

También en contraposición a la anterior, se da la derrota amarga, la desabrida, esa que deja un sabor a hiel, como solían definir la aspereza, la amargura, nuestros mayores.

Quizá sea la peor de todas las derrotas, con diferencia, la que más duele, la que deja un regusto amargo, y una aspereza, difícil de digerir.

Normalmente, este tipo de derrotas, suele darse en circunstancias especiales, muy concretas, y con determinadas características. Pero por mucho que éstas se den, la misma no podría alcanzar nunca la categoría de derrota dulce, como decía.

Y en ello estamos ante las, cada vez más cercanas, elecciones generales, y con todas las posibilidades que puedan darse, en relación con el resultado final, intactas. La derrota en cualquiera de sus grados, parece ser el resultado a obtener por el actual partido en el gobierno, de la que únicamente se libraría curiosamente el capitán del equipo, pues, por seguir utilizando terminología deportiva, ha decidido colgar las botas.

También, y, como consecuencia de la presumible derrota del PSOE, se puede dar la gran victoria, el éxito, al que al principio aludía, del partido conservador. Parece que incluso algunos sectores sitúan la misma en lo que podíamos definir: de goleada. No niego que pueda ser así, y la goleada sea de escándalo, pero tampoco podrán negarme, que si finalmente se produjera en esos términos, sería la victoria por goleada conseguida con menos esfuerzos por parte del equipo ganador que recordarse pueda.

Como detalle, el capitán del equipo ni siquiera ha entrenado, y cuando lo ha hecho; su desgana ha sido manifiesta. ¿Desconocemos si utiliza la pierna derecha, ambas piernas, o va mejor de cabeza? ¿Si aguanta todo el partido o sólo medio tiempo? Y, para la mayoría, ¿ni siquiera sabemos de qué puesto juega? Y lo peor, tiene fama de no correr mucho en el campo, vamos, de no sudar la camiseta.

Con estas premisas, habrá que definir la presumible gran victoria, como si de un titular de un diario deportivo se tratara, se me ocurre el siguiente: “Victoria por goleada del equipo conservador, a causa de los continuos y constantes errores del equipo socialista, que, aunque trabajo al final del partido, no consiguió evitarla”.

Sabor a hiel
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