viernes. 12.04.2024

Rigideces diabólicas: laborales y mentales

Resulta un tanto sorprendente que las exigencias, formuladas como sugerencias para nuestro país, ignoren que a nivel europeo, hay otros países en los que las cosas son bien diferentes...

El concepto rigidez, en el entorno laboral, es diabólico. Casi siempre encierra una trampa saducea que nunca acaba beneficiando al trabajador protagonista y, en cambio, siempre parece ser un lubricante para el empleador. Probablemente, es la forma en que los incapacitados, intelectual y tecnológicamente, para mejorar procesos y productos, ajustan sus dotes y optan por la práctica más fácil de materializar, consistente en pagar menos por el mismo trabajo y dedicación, o incluso por un horario más amplio y un esfuerzo mayor, como recomendaba el hoy encarcelado expresidente de la CEOE, Díaz Ferrán.

Se acaba de sumar, una vez más, al delirio de las Instituciones financieras una Institución como el BCE, abogando por la eliminación de rigideces del mercado laboral. Propone el contrato único, como fórmula infalible. Pronostican una disminución del crecimiento y de la creación de empleo, de seguir por donde vamos. Empeoran la cifra de contracción de la economía europea a un 0.6% en lo que queda de año, lo que supone dos décimas menos que lo anteriormente pronosticado. Pero es que el empleo tampoco sale bien parado al incrementar el paro en otras dos décimas y situarlo al 12.4% a finales de 2014. Se lamenta el patrón del BCE, Mario Draghi, que países como Italia y España no se aprovechen de los bajos tipos de interés que fija su Institución. Aprecia una menor tensión en los mercados financieros que la sufrida en tiempos pasados, inmediatos, pero una demanda demasiado débil e incertidumbre, lo que hace que las perspectivas de la economía, globalmente, solo permitan visualizar un crecimiento, si se da, muy moderado y débil. Eso sí, rechaza bajadas de salarios, como receta, dada la capacidad de derrumbe de la economía, previsible en tal caso.

Pero la Institución BCE vuelve a la carga con las reformas estructurales y la aconsejable eliminación de rigideces del mercado laboral, reducción de la carga administrativa y el reforzamiento de la competencia, como forma de responder positivamente a la reducción del nivel de desempleo actual. No está claro, nada claro, a qué se refiere Draghi al hablar de reducir las rigideces. El mercado laboral es flexible como para aceptar, propiciar y consentir que un titulado, ingeniero, incluido, acceda a un salario de 800 euros ejerciendo de teleoperador, o un arquitecto técnico trabaje de dependiente en una tienda de ropa. La flexibilidad en un mercado laboral como el español, se compadece mal con más de un 26% de paro medio, que en algunas CCA A llega a casi el 29%. Hoy hay becas no remuneradas y muchos titulados cifran sus expectativas en participar en programas de concursos de las televisiones como salida de emergencia. La conclusión puede ser que la herramienta más valiosa para los universitarios es saber vender y venderse, como elemento competitivo. Lo mejor, en todo caso, son los idiomas, que permiten  flexiblemente, abandonar el país y encaminar los pasos  hacia otro, en el que poder iniciar la vida profesional, con cierta perspectiva.

Dado que si se interpreta la flexibilidad como permeabilidad del empleo, no podemos quejarnos, los empleos de baja cualificación ya son accesibles a los titulados, incluso. Por otro lado es de suponer que los salarios serán acordes a los puestos de trabajo, por lo que las personas cualificadas ya han rebajado su nivel salarial varios escalones por debajo de lo convencionalmente aceptado. Si la flexibilidad a la que se refiere Draghi es la libre circulación de las personas, no cabe duda de que están saliendo para otros países centenares de nuestros titulados, contribuyendo  a a dispersión y homogeneización del mercado laboral europeo, es de suponer.

En todo caso, resulta un tanto sorprendente que las exigencias, formuladas como sugerencias para nuestro país, ignoren que a nivel europeo, hay otros países en los que las cosas son bien diferentes. Porque cómo interpretar en términos de flexibilidad que 800 euros de salario sea calificado como una cantidad ofensiva en el país de referencia de la UE. Curioso resulta a todas luces que en Alemania, no habiendo Salario mínimo aprobado, como referencia, sean tan flexibles como para interpretar que no es aceptable un salario que se sitúa por debajo de los dos tercios del salario medio del sector.  Así lo establece la Federación Alemana de Sindicatos y no se tramitan ofertas fuera de esta condición y cuando no llegan al nivel de 850 euros mensuales, entran en el programa de ayudas sociales y cuando son los famosos minijobs, se trata de trabajos a tiempo parcial de un máximo de 4 horas diarias y 400 euros mensuales de salario, de los que hay unos ocho millones de empleos, por cierto.

Seguramente, pues, una parte de las flexibilidades que reclaman las Instituciones europeas, son auténticas restricciones mentales. En el lenguaje coloquial tiene otra denominación más contundente, que no es necesario explicitar. Lo cierto y verdad es que la flexibilidad acumulada a lo largo de estos últimos tiempos es ya insoportable. El nivel de desempleo es suficiente como para no hacer recomendable un nivel de restricciones mayor que el actualmente en vigor. Las propias Instituciones BCE y FMI ya se han manifestado en contra de un nivel  de exigencia mayor, cuya repercusión sobre la demanda interna hará todavía más severa la contracción. Si no olvidamos que la relación entre empleo y salarios en Europa es lineal y directa, no inversa. Si tenemos en cuenta que se ha dotado al sistema financiero de un nivel de recursos suficientes para impulsar a la economía y que el único sentido de lo ya recorrido es, precisamente, el impulsar el crecimiento, solamente queda que los otros actores, que no los ciudadanos, sean los que ahora tomen el relevo. Solamente hay una alternativa para el crecimiento económico y es CRECER. Para ello, solamente hay que tomar las medidas encaminadas en esa dirección. Por ello, todo lo que no vaya en esa dirección, irá en beneficio de otros, pero no del interés general, por muy institución europea que sea la que dirige Draghi. En todo caso, a estas alturas del drama, solamente nos valen los que predican avalados por éxitos previos de lo que predican. En esto Draghi, no acumula muchos méritos que digamos. Tampoco el FMI, que tiene asalariados, al margen de la flexibilidad, a asesores que se equivocan multiplicando con una hoja de cálculo: ¡ imaginen si, además, hay que dividir !!!

Rigideces diabólicas: laborales y mentales